sábado 14 marzo 2026
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Reflexión domingo 15 marzo 2026. Cuarto de Cuaresma ciclo A

Queridos hermanos: En este cuarto domingo Cuaresma encontramos la segunda catequesis bautismal de este año, pues el evangelio que se proclama corresponde al relato de la curación del ciego de nacimiento. Poco a poco vamos completando el camino cuaresmal, refrescando los aspectos principales de nuestro bautismo. El agua de la vida de la mano de samaritana la pasada semana, la vida que nos trae Jesucristo en la resurrección de Lázaro. Y hoy mostrarnos al Señor como luz del mundo.

Este domingo, hacemos un pequeño alto en la seriedad cuaresmal para celebrar el domingo de la alegría, el domingo “Laetare”. Seguimos preparándonos con seriedad. Pero la salvación que el Señor nos quiere regalar cada vez está mas cerca. Y eso debe llenar de gozo nuestra vida y nuestro espíritu. Ojalá esa alegría nos impulse a abrazarnos con más fuerza a la cruz de Cristo, a vivir en plenitud este tiempo litúrgico.

Personalmente, el texto de la curación de este ciego de nacimiento siempre me ha llamado la atención, pues es el Señor quien toma la iniciativa, cuando le da la vista a los ojos de aquel hombre. Y le regala la fe a su corazón.

Con su saliva y un poco de tierra hace el barro con el que unge los ojos de aquel hombre para abrírselos a la luz. Señor, supongo que no era un gesto sin importancia, sino que querías demostrar que túeras nuestra verdadera luz. La gracia de tu palabra de vida se unía a la oscuridad de nuestra miseria. Y esa sencilla mezcla produciría en nosotros, como en aquel hombre, el poder descubrirte como Señor de la luz.

Pero tu gesto no iba a ser comprendido por los que se creían en posesión de la verdad, por los hombres religiosos de aquel tiempo. Algo, que según vemos en los evangelios, te pasaba con frecuencia Tendremos que aprender que nunca será fácil descubrir la luz y pasarla a los demás, pues hay que aceptar el peligro que supone ser reflejo de tu luz, brillar en medio del mundo.

Tú no has querido afirmar que el ciego hubiera pecado, pero los fariseos no tenían reparo en considerar que su vida estaba llena de pecado y que por eso se encontraba así. En el fondo es una actitud muy humana: es mucho más fácil condenar, echar en cara que ponerse a trabajar para que aflore la verdad, tratar de salvar al hermano.

Quien se limita a echar en cara el pecado de los demás, quien solo se centra en condenar, no suele hacer nada por rescatar a los hermanos del pecado y ofrecerles el camino que los lleve de vuelta a la luz, a la vida plena.

Así pues, los que deseamos ser de verdad tus discípulos siempre tendremos que darte gracias. En primer lugar, porque nuestra ceguera ha sido y será siempre una ocasión para que tú te reveles como la Luz del mundo, aunque sea poco a poco, progresivamente, como ocurre en este relato del evangelio.

Ello nos llevará a hacer como el joven que había sido ciego, yo también puedo confesar con humildad y confianza: “Creo, Señor” cuando descubro tu presencia viva y eficaz en mi vida.

Por eso, Señor Jesús, cuando sintamos que caminamos en la oscuridad sólo tú puedes abrir nuestros ojos a tu luz. Ayúdanos a aceptarte como nuestro Señor y Salvador, a superar el miedo que padecemos y a profesar ante los hermanos nuestra fe con valentía. Que tengáis un feliz y bendecido fin de semana cuaresmal.

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