Celebramos hoy el domingo de la Palabra. El Papa Francisco al instituir esta celebración quiso ayudarnos a tomar conciencia de su valor para nuestra fe. La Palabra de hoy nos recuerda: “Al enterarse que habían arrestado a Juan, Jesús se retiró a Galilea”.
Estamos ante la primera retirada estratégica de Jesús. Varias veces, a lo largo de su vida, lo volverá a hacer. ¿La razón? Jesús no es un loco que le gusta precipitar los acontecimientos. “Y dejando Nazaret se estableció en Cafarnaúm”. El cambio es grande: Nazaret era un pueblo pequeño y Cafarnaúm una ciudad; en Nazaret era un vecino, en Cafarnaúm un desconocido; en Nazaret todos formaban un mismo pueblo, en Cafarnaúm confluían gentes de los puntos más remotos. (Todavía hoy puede verse una inscripción de Adriano que reza: “vía maris”, es decir, esta es una de las grandes rutas del mundo antiguo). Y allí comenzó Jesús a predicar diciendo: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos”.
Jesús, que había sufrido un cambio de lugar, inicia su misión pidiendo la conversión, pues sólo quien cambia y se convierte, descubre el valor del Reino de Dios. Y a continuación la Palabra habla de los primeros discípulos. Y cuenta: “paseando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos que estaban echando el copo, pues eran pescadores. Y les dijo: venid y seguidme y os haré pescadores de hombres”.
Ve a dos pescadores que estaban en sus faenas. Él, siempre ve primero. Toda invitación a la conversión, a cambiar y seguirle, va precedida de la mirada de Jesús, nos ha visto y por eso se acerca y nos llama: “Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres”.
Invitación que la Palabra de hoy dirige a cada uno de nosotros: Nos mira, dejémonos mirar por Jesús, quien nos dice: “seguidme”. Seguir a Jesús es ser cristiano. Seguirle, para descubrir quién es. Seguidme y lo sabréis, nos dice. Y nosotros, como los primeros discípulos, estamos en nuestras faenas, con nuestras redes, vidas y tareas, y nos llama a seguirle. Llama a todos. Su Palabra es para todos los que quieran escucharla. Y cuantos le obedecen -sabios o ignorantes- descubren lo que es vivir en su compañía, experimentar su presencia.
Seguidme si queréis experimentar quien soy yo, y ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Ellos se convirtieron ante su llamada. “Y recorría toda la Galilea enseñando el evangelio del reino y curando al pueblo de sus dolencias”.
Seguidme y aprenderéis de mis obras y palabras. Seguidme para anunciar el evangelio y hacer obras en favor del pueblo. Sigámosle con nuestras obras y palabras, porque a Jesús hay que seguirle con todo nuestro ser. Hermanos, preguntémonos esta semana: ¿En qué debo yo cambiar, para seguir mejor y más rápidamente a Jesús? Que su Palabra y su Espíritu nos ayuden.




