El corazón de la Antequera más reciente guarda una frase que ahora cobra más sentido que nunca: “Que seamos felices haciendo felices a los demás”. La dijo, la compartió, la recordó, la sintió, nos la hizo presente en cada despedida, aquel joven sacerdote, José Amalio González Ruiz, ‘Pepe Amalio’, que vino en 2004 a las parroquias de Santiago y San Pedro de Antequera, donde fue elegido arcipreste. Se fue físicamente en 2014, pero siempre que pudo, vino a su segunda casa donde nunca se fue…
Un accidente de tráfico terminó con su vida terrenal el jueves 26 de febrero, según comunicaba Diócesis. En esa misma mañana había hablado con él, el periodista Antonio Moreno, quien tuvo que escribir una de las noticias más complicadas que una persona pueda hacer: compartir la defunción de un amigo y de un referente.
Con 54 años su trágico final por la A-7053, a la altura de Mijas, fue una herida profunda en todas las parroquias, poblaciones, comunidades, amigos que supo granjearse por su forma de ser, de entender la vida, de acercarse a todos como él sabía. Su sonrisa, su jovialidad, su proximidad, su sencillez… ¡Quién no recuerda sus homilías de Primera Comunión cuando preguntaba cómo nos sentiríamos si nos quedásemos con la fe del traje de niños! O sus ‘caídas’ en las bodas cuando señalaba al novio que la puerta de la iglesia estaba abierta de par en par para salir corriendo antes de que fuera tarde.
Era… Pepe Amalio, quien tras llamarnos la atención con sus formas, luego sabía completarlas con su mensaje profundo de amor en Dios y para Dios. Tras ese sacerdote jovial, estaba su interior que nos compartía en su día a día. Verle rezar, mirar al cáliz en la consagración, emocionarse al hablar de Jesús… sacaba su otro yo, el de su vocación. Él quedó “cautivo” de Jesús y con Él buscó enseñarlo en los colegios, las parroquias, las cofradías, las personas mayores, con el grupo Shalahim o como el cura cetrero que recorrió mundo representando a España.
Pepe Amalio, como todos le conocíamos, era como el evangelista Juan, con su águila que representa la divinidad. Cristo le ha vuelto a llamar para una nueva misión, teniendo que retomar un nuevo vuelo, pero transformándose en ese águila que surca desde ahora el cielo que une la otra vida con su Málaga y cómo no, con su Antequera. Esa tierra cuyo alcalde decretó día de luto este viernes 27 de febrero.
Esa ciudad que se eclipsó a mediodía tras conocer la trágica noticia. Esas parroquias que acuden en masa para despedirle en Coín. Antequera, esa ciudad donde se le ofrecerá un funeral por parte de las parroquias de Santiago y San Pedro Apóstol, uniéndose todo el Arciprestazgo de Antequera, el próximo jueves 5 de marzo a las ocho de la tarde en el templo donde quizá más misas haya celebrado: San Pedro.
Terminamos con parte de su despedida cuando nos dijo: “Que seamos felices haciendo felices a los demás. Desde el Evangelio, es la constante que debíamos tener. Busca ser feliz, pero no individualmente, sino con los demás”. Hoy, tras su repentino adiós, nos deja ese mensaje del amor, de vivir feliz, dejando a un lado lo que nos separa, la crítica, el egoísmo… porque cuando menos te lo esperes, llegará tu día y puede que sea tarde. ¡Te buscaremos en todo águila que otee! Gracias…





