lunes 16 marzo 2026
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Ciclo Pascual

San Pablo, en su Primera Epístola a los Corintios, capítulo 15, versículo 14 (1 Corintios, 15:14), afirma que “Si Cristo no hubiese resucitado, vana sería nuestra fe”. Con esta frase nos da a entender la importancia de la Resurrección de Cristo, como fundamento de la fe católica, de la predicación y de la esperanza cristiana, ya que, sin esta creencia, nuestra fe no tendría sentido.

La Pascua es la fiesta más importante de los cristianos, aunque ya la practicaban los judíos mucho tiempo antes. Se denomina de Resurrección -porque en esta época se celebra la Resurrección de Cristo-, sobre todo en la actualidad; pero durante mucho tiempo se le denominó Pascua Florida -porque coincide con el esplendor de la primavera y la floración de los campos-. Como toda gran fiesta -ésta es la más grande de todas- lleva consigo un período de preparación, que, según el calendario litúrgico, se divide en tres fases: Una preparación remota, constituida por las semanas de Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima, otra de preparación próxima, constituida por el tiempo de Cuaresma, cargado de penitencia y de oración, y otra tercera, de preparación inmediata constituidas por las Semanas de Pasión y de Semana Santa. En estas, se nos recuerda la Pasión y Muerte de Jesús para que, así, resalte más el triunfo con su Resurrección. A todo este tiempo, se le denomina Ciclo Pascual.

Antes de desarrollar estas tres fases, me parece importante referirme a la importancia del agua para la Iglesia católica. Aparte de que es fundamental en el bautismo, a lo largo del año litúrgico la presencia del agua es muy importante. Cuando yo era pequeño y adolescente, creo recordar que todas las Misas empezaban por una antífona, me parece que eso ya ha desaparecido o yo, cuando asisto a alguna Misa de Funeral no lo he observado, porque igual en esas Misas no lo practican, se empezaban con un himno: la mayor parte del año, el himno o antífona se denominaba “Asperges me”, que todos los fieles, sin saber su significado, cantaban en latín, para suplicar la purificación con el hisopo y la misericordia , pidiendo ser lavados para quedar más blancos que la nieve:

“Rocíame, Señor con el hisopo y quedaré limpio. Lávame y seré más blanco que la nieve”.

Pero en esta época de preparación para la Resurrección de Cristo, el llamado Ciclo Pascual, la antífona o himno se cambiaba, y se cantabaotra titulada “Vidi aquam”, que es el rito de aspersión de agua bendita y que, de nuevo, celebra la salvación por el bautismo:

“Vi agua que salía del templo, desde el lado derecho, aleluya, y todos los que fueron alcanzados por esta agua, se salvaron, y dirán ¡Aleluya, aleluya!”

Esta antífona o himno, simboliza una visión del profeta Ezequiel por la que el agua regenera, fecundada por la sangre de Cristo y celebra la resurrección y la salvación.
Esta introducción nos ayudará a comprender el significado del agua que, junto con el fuego, son los elementos esenciales de la Pascua Florida o de Resurrección.

La fase de preparación remota comienza con el Domingo de Septuagésima, setenta días, y este domingo nos recuerda que la vida se nos ha concedido para merecer la eternidad, para la que hemos sido creados. Vida de lucha que tenemos que sostener contra el mundo y las malas pasiones.

Sigue con el Domingo de Sexagésima, sesenta días, y San Pablo recuerda en la Epístola que en esta vida hay que padecer trabajos y experimentar consuelos celestiales. Y el Evangelio recuerda la buena semilla sembrada por Dios, en nuestras almas, para huir de las vanidades del mundo.

Continúa con el Domingo de Quincuagésima, cincuenta días en el que, a través del Evangelio, se muestra lo ciega que está la humanidad que no quiere mirar hacia la vida eterna. Y Jesús ya habla de su Pasión y Muerte próximas, y San Pablo en la Epístola, de las excelencias de la caridad o gracia de Dios.

La fase de preparación próxima comienza con la Cuaresma, la Quadragésima, cuarenta día antes de la Resurrección de Cristo. Época en la que los cristianos deberían ejercitarse en obras de oración y penitencia. La Iglesia siempre ha pretendido santificar este tiempo cumpliendo con lo que se ha prescrito y con la abstinencia de juegos, diversiones que están en contradicción con la santidad de este tiempo. Antes, durante la cuaresma, se practicaban : la privatización y abstinencia de manjares, la penitencia pública que hacía los pecadores y la preparación inmediata para el bautismo. Para conseguir esto, la Iglesia no ponía flores, ni reliquias en los altares, no se usaban dalmáticas y tunicelas y se suspendían las solemnidades nupciales.

Todo esto comenzaba con el llamado Miércoles de Ceniza: Este día, el obispo, tras imponer la ceniza, expulsaba del templo a los pecadores públicos, que solían hacer penitencia en la entrada de las iglesias. Luego se iba imponiendo la ceniza a los sacerdotes y al público. Entonces se les recordaba aquello de que “Eres polvo y en polvo te convertirás.” Hoy, según he podido leer en el semanario El Sol de Antequera, el sacerdote impone la ceniza en la cabeza y le dice: “Conviértete y cree en el Evangelio“ Señal inequívoca de que las costumbres tradicionales de la Iglesia Católica, cambian, como ocurre con tantas y tantas tradiciones.

(Datos obtenidos del misal que usé de pequeño y joven y que, por carecer de las primeras hojas, no puedo citar ni autor, ni datos de su publicación).

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