lunes 27 abril 2026
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De mis recuerdos de Madrid

Dios me libre de ser presuntuoso, pero hay una realidad latente que no puedo olvidar tan real como la vida misma. Hoy traigo a colación el nombre de un poeta destacado, perteneciente a la Generación del 36, como es Luis Rosales. Entre viejos legajos que dormitan en los estantes de mi biblioteca, me he tropezado con un grato recuerdo, aquel libreto, homenaje al escritor, poeta y ensayista. Fue con motivo del homenaje, al que tan amablemente fui invitado por el excelenstísimo señor Secretario de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica, Luis Yañes Barnuevo, invitación como digo, en homenaje que el Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI) le ofreció al poeta Luis Rosales, el 26 de febrero de 1991, a las 19 horas, en el Salón de Actos del ICI en
Avenida Reyes Católicos, 4, en Madrid.

Autores destacados en la Generación del 36, que compartió como en la poesía Miguel Hernández, Leopoldo Panero, Dionisio Ridruejo, o Gabriel Celaya, y destacados en prosa y ensayo, como Camilo José Cela, María Zambrano, José Luis Aranguren, o Julián Marías, entre otros, e incluso José Antonio Muñoz Rojas, cuyas características es la rehumanización del arte. Arte cercano a los conflictos sociales, vuelta al realismo, existencialismo, regeneracionismo.

Granadino de nacimiento. Libreros, una calle tan pequeña que iba a dar clase por la noche; la cerraba a la izquierda una pared arzobispal, una pared muy digna y casi sin ventanas, generalmente la cubría una pieza de cielo desconchado. Con cinco años, lo llevaron al Colegio Calderón, que estaba al final de la calle Puentezuelas, y desde aquí comienza su vivir, mas allá del colegio solo estaba el campo.

Cuánta alegría para mí, el saber que tanto Luis como yo, hemos pisado las mismas tierras. Hoy vuelvo a releer de nuevo aquel poema (de un rostro en cada ola) titulado “Nadie sabe hasta donde puede llevarle la obediencia” escrito en Cercedilla (Madrid), en agosto de 1980, o de aquel otro (De diario de una resurrección), escrito el 30 de marzo de 1977, tiempo donde diez años después, los escritores españoles me concenden el primer premio ”Otoño de poesía” en el 1987.

Hemos pateado juntos, cada uno por su lado las tierras de Cercedilla, tú con tus escritos y yo como una cabra hispánica, saltando de piedra en piedra por siete picos, la Peñota, y corriendo de los toros, por la rivera, y los molinos, cuando mis padres nos llevaban a pasar las vacaciones a la residencia del Banco de España, situada justo en la encrucijada de estos pueblos madrileños. Visitábamos la Granja, Segovia, el Valle de los Caídos, la bola del mundo de RTVE, en incluso el Alto de los leones.

Un gran honor para mí saber que he cohesionado con la Generación del 36 y me siento orgulloso, de haber conocido y departido tertulias con algún que otro personaje como Camilo José Cela, María Zambrano, Muñoz Rojas, Luis Entralgo e incluso con Luis María Anson, y cómo no recordar a dos grandes directores de la Real Academia Española, a los que me une una entrañable amistad, como Fernando Lázaro Carreter, Manuel Alvar, Lain Entralgo, entre otros. Hoy la Real Academia está regida por Santiago Muñoz Machado, el cual según los nuevos estatutos de 1993 accedió a los dos periodos de cuatro años disponibles, los cuales finalizarán en este 2026, ya que su comienzo fue el 10 de enero de 2019.

Hasta aquí unas breves reseñas de mis andanzas por ese Madrid, el cual tengo tantos y gratos amigos, y como no con todo respeto, aquel homenaje a Luis Rosales, al cual asistí con todo honor.

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