martes 26 mayo 2026
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Montero y las elecciones andaluzas

Con prácticamente todo perdido, cogió el petate y bajo a Andalucía. Se presentó como la salvadora de la tierra del blanco y verde, hizo acto de aparición sin ser capaz en Madrid de denunciar la corrupción de su partido, el abuso de las mujeres por parte de compañeros suyos de viaje y, lo que es peor, sin cuestionar a su presidente, el peor presidente de la Historia de España. Nos referimos a María Jesús Montero, una presa más del todo poderoso Sánchez al que nadie tose y con el que haces y deshaces lo que él dicta. Así bajó a tierras andaluzas y lo hizo con el propósito de recuperar no las tierras de Al-Andalus, sino –así lo pensaría ella– de quitar del medio a esa derecha y extrema derecha que aún –como ignorantes– identifican con la Andalucía del cortijo, el señor y el señorito.

María Jesús Montero irrumpió con insultos, amenazó con la privatización de toda la sanidad e hizo de la Sanidad Pública su eslogan que colocó en los sobres que luego depositaron en los buzones. Es más, hasta la página web llevaba el dominio de defiende lo público con el eslogan en la apertura de la misma de una carrera de servicio público dedicada a Andalucía. Pues con todo ello se engañó, pero no iba a engañar a todos los que depositamos el voto en la jornada del 17M. El PSOE de González, de Guerra y de Chaves, por citar los más conocidos, era el partido sistémico de los andaluces, el partido que creó, crió y engordó a una Andalucía que se presentaba moderna frente –para ellos– a la Andalucía rancia de la extrema derecha. Desarrollaron un tiempo de enchufismos, clientelismos y favores sin límites. Ellos lo saben; un enorme porcentaje encontró trabajo sin cualificación alguna. Abusos que creían duraba toda la vida. ¡Nada es para siempre! Los resultados de María Jesús Montero han puesto sobre la mesa que el PSOE toca fondo en Andalucía y ya no le queda más que bajar a los infiernos. Sí, a los infiernos.

El electorado andaluz del siglo XXI, el que se levanta y trabaja a diario con una enorme presión de impuestos no se iba a dejar engañar por esa mujer llamada María Jesús Montero que no representa al PSOE ni a las mujeres. Ni de España ni de Andalucía. Si se vistiera por los pies hubiera cogido la bandera de ambos territorios y hubiera ido de Norte a Sur de España defendiendo el honor de las mujeres para así acallar y denunciar el reparto que de las mismas se han hecho algunos de sus compañeros de partido en lugares de alterne y hoteles de lujo.

Pero ya, por todos es sabido. Cuando alguien de centro o de derechas habla de las mujeres de forma soslayada, inmediatamente salen cuchillos largos para cortar cabezas con afirmaciones de machistas y personas enfermizas. Cuando son los del PSOE los que se reparten a las mujeres con dinero público, que aportamos todos, nadie de la derecha sale a denunciar nada. Al contrario. Ellos presumen de sus presas. Es duro cuanto digo, pero así es. ¿Alguien lo está dudando? Ésa es la diferencia.

Las elecciones andaluzas dejan un resultado inaudito para los socialistas que creyeron que toda la vida sería vivir de los demás por las prebendas a los sindicalistas y la globalización del funcionariado. Pero también dejan un sabor, en cierta medida amargo, para los populares. Los 53 diputados de Juanma Moreno, a solo dos de la mayoría absoluta, son una cruel derrota que, pese a quien le pese, debe explicarse por el triple ariete lanzado por el PSOE contra el PP: 1. La propaganda de la privatización de la Sanidad. 2. Las manifestaciones de las afectadas por el cribado del cáncer en Andalucía. 3. La complejidad de aquel que siendo de derechas y estando amamantado por la derecha o bien vota a la izquierda o bien, para castigar al PP, vota al partido de Abascal. De lo contrario nada es entendible. Mordiendo la mano, sin escrúpulos, del que le da de comer.

Lo público, lo público y lo público, –hasta diez veces– aparecía en la carta que todos recibimos firmada por Montero con una sonrisa más falsa que el beso de Judas Tadeo. Ahora con el descalabro de su candidatura, de su partido y con cuatro años por delante hará lo mismo que aquel Pablo Iglesias que nos remitió una carta en la que se dirigía a la abuela prometiéndole luchar por la gente de su barrio en el que él iba a seguir viviendo. Toda una farsa; pronto tuvo un chalet de lujo y guardias y escoltas de seguridad.
Ahora es el turno y el momento de María Jesús Montero, folclórica donde las haya y sin nivel de educación y saber estar. Ella ha prometido luchar por lo público, pero pronto, muy pronto, las puertas giratorias la colocarán como hicieron con Beatriz Corredor; en una empresa privada para seguir cobrando para ella a costa de los demás. ¡Ojo! Todo en defensa de lo público.

Con todo ello, el arco parlamentario andaluz arrancará de forma plural. Los populares tendrán que echar mano de VOX. Difícil será gobernar en minoría. Las izquierdas del PSOE y de Maíllo poco tendrán que decir y habrá que escuchar a los de Adelante Andalucía, los que parecen haber cogido los votos de los desencantados con la izquierda y la derecha. Sea como fuere, lo que se hace necesario es escuchar de una puñetera vez un discurso que obligue al sector público a darlo todo en favor de todos. Pero tenemos que contar con el sector privado y los empresarios. Son estos últimos los que crean puestos de trabajo y generan riqueza. Suena poco populista pero cuanto más funcionariado, más impuestos para pagar a las administraciones y actividades duplicadas.

¡Que la legislatura pueda arrancar en favor de todos los andaluces y andaluzas! ¡Que los escudos y políticas sociales sigan siendo claves en cualquier política, pero que se venda la necesidad de doblar la cintura y aportar a las arcas del país! Las pagas, las ayudas, los derechos sociales y un suma y sigue deben ser la respuesta a una previa obligación de todos y todas por trabajar y aportar al erario público. Pero, ¡no todo puede ser público! Así se presentó María Jesús por el bien de los andaluces, ya sabemos su resultado. ¡Hasta pronto!

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