martes 31 marzo 2026
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Cinco siglos después, la historia se repite: los Estudiantes hacen relucir los siglos de oro de las cofradías de Antequera

¿Y si lo vivido en este 2026 es lo que se sentía hace cinco siglos cuando las primitivas cofradías de los Estudiantes de hoy procesionaban hasta el Cerro de la Cruz de Antequera? Imaginemos que así lo sería. Nos explicamos. Decir Lunes Santo es decir antigüedad, orden, jóvenes, adultos y mayores. Nazareno de la Sangre reluciendo su patrimonio. Cristo Verde solemne y dando color a la bendita banda. Y la Madre, tras Ellos, sabiendo lo que está por venir, pero arropada por el pueblo.

El día comenzó con olor a los años 60, con los impulsivos jóvenes que fundaron una cofradía aún sin saber el tesoro que tenían. Es ver a los que en 1980 cambiaron por completo la reciente historia. Y lo más importante, ver a esos niños y jóvenes, hijos y nietos, sentir lo que significa un Lunes Santo en San Francisco. Todos ellos unidos por la misma devoción.

Tras la misa, el desfile de la Armadilla que sale puntual a las 17,30 horas desde Mesones. En el interior del templo, homenaje de los hermanacos y cofrades «sangrinos» a Juan Antonio Castilla Luque, hermano mayor de insignia que se sintió querido, recibiendo todo lo que él lleva más de 30 años mostrando desde el Nazareno. ¿Sabor a despedida?

A las 18,30 horas, oración por el párroco Francisco de Paula Aurioles y el hermano mayor, David Artacho, que da la orden de abrir las puertas. Y lo hacen, con el patio y plaza con el gentío habitual y el cortejo que sale ordenado. Por cierto, un cuerpo procesional de matrícula de honor: orden, respeto, silencio, oraciones y entrega por la cofradía. Los hay de todas las edades, desde los más jóvenes a hermanacos retirados o devotos anónimos. (Ya contaremos al final el número de penitentes con la Virgen de la Vera Cruz).

La Coral Ciudad de Antequera y la Banda de Música de la Vera Cruz de Almogía que acompañan en las primeras mecidas de los tres tronos. ¡Impresionante! ¡Lo que se pierden las televisiones nacionales y autonómicas! Salieron por orden. El sol que les recibe al pasar por el pórtico franciscano, donde residentes de San Juan de Dios contemplaban la bella salida. Y último arriba, ya en la plaza. Cada uno tuvo su emoción y dedicatoria sentida.

Primero, el Nazareno de la Sangre con Juan Antonio Castilla Luque al frente, el decano de los hermanos mayores de insignia de Pasión. Con más ganas que nunca, con un trono volcado con él porque es el que mejor lo conoce. Con su ritmo particular con las marchas de la Banda de Cornetas y Tambores de la ‘Vera Cruz’ de Almogía.

Seguía el Cristo Verde, capitaneados por José María Torres Zurita. ¡Qué solemnidad! ¡Qué riqueza! ¡Qué honor! El crucificado más antiguo que se procesiona en Málaga y uno con los que lleva más siglos en Andalucía. ¡Qué arriba dedicado a las personas mayores de San Juan de Dios! Le daba oración hecha música la Banda de Música ‘El Rocío’ de Málaga que sigue mejorando y subiendo el listón.

Y cerraba la Virgen de la Vera Cruz, con el también hermano mayor de la cofradía, David Artacho al frente. ¡Cómo va dando empaque el nuevo palio! Todos a una, dándolo todo, pese al peso, las marchas sentidas y los giros del recorrido. Les ayudaba en el peso la Banda de Música de la ‘Vera Cruz’ de Almogía.

Una procesión de barrio y con Duranes reinante

Tras la salida por la Plazuela de San Zoilo, subida por Acera Alta, Plaza de San Francisco, Calzada, Plaza de las Descalzas y subida por Encarnación hasta Plaza de San Sebastián donde el público se agolpa para ver la procesión.

Buena entrada por calle Infante don Fernando, pero desde San Agustín, no hace falta que indiquemos lo que se repite una y otra vez: sobran las calles anchas y céntricas. Tanto esfuerzo para no tener el respaldo ni de los balcones ni tribuna. Tanto esfuerzo que se perdieron los que no fueron a acompañarles en este tramo. ¡Lo que le vendría bajar por Comedias o Lucena!

Y llega el delirio, calle Duranes. ¡Cómo estaba la peatonal calle y el fondo, la plazoleta de Puri Campos! Increíble: de un tirón, más marchas, más mecidas, más compenetración… la calle de los Estudiantes y… ¡lo que se pierden el resto!

Y de nuevo en casa, encuentro en la plazuela y entrada al templo. Primero, la Virgen de la Vera Cruz, exultante, Reina, Madre, Ella, la Madre de los Estudiantes. Seguía el patrón estudiantil, el Cristo Verde. Y cerraba el Nazareno, el delirio de lo que una persona, Juan Antonio Castilla Luque pudo conseguir a la imagen que va bajo palio. Y una marcha, y otra, y ni la marcha real podía con el ímpetu de sus hermanacos y de los que se meten debajo al final de la procesión.

Fue como ¿una despedida? Las cofradías tienen mucho que aprender a ver lo que nos une y no lo que nos separa. Pero eso es otra historia. Volvemos al principio. Los Estudiantes aportan a la Semana Santa el orden, el sello estudiantil, ¡penitentes para los tres tronos!, compostura y buen hacer. Y para terminar, compartirles que volvió a pasar: ¡contamos 63 penitentes con la Virgen de la Vera Cruz! Pero esta vez la esperanza relucía más que las lágrimas. Y cuando estuvimos arriba, en el coro alto, nos encontramos con dos penitentes, una madre y una hija, de espaldas, admirando el esfuerzo de los Estudiantes de 2026. Pero eso ya lo contaremos el próximo año…

 

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