domingo 3 mayo 2026
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Quinto Domingo de Pascua, ciclo A: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» 

El domingo pasado, Jesús se presentaba con los títulos de pastor y puerta. Hoy afirma: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Detengámonos en el primer título: “Yo soy el camino”. Título que está indicando que para ser de los suyos hay que seguir por su camino.

Seguir por su camino es saber que nuestra existencia es una vida de seguimiento, que caminamos en una dirección y hacia una meta que no hemos alcanzado. Fíjense: la palabra discípulo aparece en los evangelios unas 70 veces unida al verbo “seguir”, lo que está diciendo que el discípulo es el que sigue, el que marcha tras Jesucristo.

¿Y qué es lo característico de quien camina tras Jesús?  -Que es llamado por Él. Seguimos a Jesús porque él nos llamó. Ser su discípulo es responder a su llamada.

-Que su llamada exige un cambio de vida, exige quitar cuanto sea un obstáculo para estar con él. Ya que nuestra relación con Jesús no es solo pedagógica, Jesús no desea solo que aprendamos sus enseñanzas, sino que debemos adherirnos a Él. Jesús no dice: ‘sigue mis enseñanzas’, sino: ‘tú, sígueme’. Somos llamados a seguirle, Él es nuestro modelo.

-Y Jesús nos llama para que participemos en su ministerio. Los discípulos eran llamados para participar en su estilo de vida y proclamar el reino de Dios. Por ello: -El discípulo ha de vivir la generosidad de Jesús.

-Hasta el punto que ha de hacerse un servidor (en griego: diákono) ha de estar dispuesto a ocupar el último lugar, a fin de servir como el mismo Jesús sirvió: “El que quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.

-Más aún, el servidor está llamado a formar una comunidad. Es verdad que cada uno tiene que responder personalmente a la llamada de Jesús, pero responder a esa llamada exige que nos unamos al cuerpo de los creyentes, para que todos unidos testimoniemos la vida, muerte y resurrección del Señor.

La primera vez que entré en un museo descubrí a una persona sentada frente a un caballete intentando copiar una obra. Jamás había visto algo así. Recuerdo que sentí admiración hacia aquella persona que, impertérrita ante el paso de los visitantes, se esforzaba por copiar el modelo hasta en el más mínimo detalle.

Seguir a Jesús es saber que él es nuestro modelo: su vida, su palabra, su libertad, su amor, su alegría es el cuadro que hemos de imprimir en el lienzo de nuestra vida.

Por lo que, para mejor seguirle, preguntémonos: ¿lo que yo estoy haciendo, en este momento, cómo lo haría Jesús?

Y dejémonos llenar por Él. Solo así tendremos la vida de su Espíritu en nosotros. Solo así caminaremos por sus sendas, viviremos en su verdad y su vida nos llenará. Y entonces seremos su seguidores, a los que Él envía a anunciar su amor a todos.

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