El nuevo obispo de Málaga, José Antonio Satué, celebró su primera celebración religiosa en Antequera, en la iglesia de San Pedro, con motivo de las Confirmaciones de las parroquias de San Pedro y Santiago, en el día de la Beata Madre Carmen, este jueves 8 de mayo.
Así, en la misa de viernes de la parroquia, se unieron las comunidades de Santiago y San Pedro para culminar la formación de adultos de ambas realidades. Recibieron el sacramento de la Confirmación de manos del propio obispo de la diócesis, que contó con la ayuda del párroco Francisco de Paula Aurioles y de Daniel Gutiérrez.
Fue una ceremonia íntima, en silencio, donde cada participante vivió y sintió la llamada del Espíritu Santo. En el altar mayor, la Virgen del Consuelo con motivo del 325 aniversario de los orígenes de su cofradía.
Tras un saludo inicial por parte del párroco y palabras de agradecimiento por parte el obispo, monseñor Satué reflexionó sobre las lecturas y el sacramento a impartir donde «cada uno tiene un propósito, cuando uno es consciente de que tiene una visión de que Dios espera algo, la vida se llena de colores, la vida tiene más alegría, también más problemas, es verdad, pero sobre todo más sentido, más esperanza, más gozo, de ese gozo que nadie nos puede quitar».
Así, cuando el Resucitado se acerca a sus discípulos, «le regala el don de la paz. Paz a vosotros. Continuamente Jesús Resucitado se acerca así a sus discípulos. Fijaos que podría haberse acercado de otras maneras. Habría podido presentarse ante aquellos discípulos diciendo: ‘Chicos, ¿dónde estabais que me dejasteis solo? ¿Qué me dejasteis? ¿Qué me abandonasteis? Pero no, lo primero que dice el Resucitado a aquellos discípulos es paz a vosotros».
Y es lo mismo que el Espíritu suscita en nuestro corazón. «El regalo de la paz, paz con nosotros mismos que a veces tenemos nuestras batallas internas, paz con Dios y paz en este mundo nuestro tan atormentado de guerras. En definitiva el Espíritu nos ayuda a ser como Jesús», enfatizó sobre el don que iba a desarrollar con la imposición de sus manos y el santo crisma.
Cada uno de nosotros «si estamos aquí es porque un día nos enamoramos de Jesús. De su forma de rezar, de su forma de situarse, de su forma de tratar a la gente sencilla, de su forma de mirar, de su valentía, de su entrega, de su coherencia. Pues bien, el Espíritu nos ayuda a crecer para ser como Jesús, para ser otros Cristos, para ser cristianos según el corazón de Dios».
Pidió a cada uno de los presentes ser conscientes «un poco más de que el regalo que vais a recibir es muy importante. Solo quiero decir una cosa muy pequeña, y es que este regalo hay que acogerlo, y hay que cultivarlo. Acoger y cultivarlo. Por eso cuando ahora empecemos los ritos propios del sacramento de la Confirmación, pedidle al Señor que os dé un corazón bien hablado».
Porque «lo importante es tener el corazón abierto para recibir este regalo que puede cambiar radicalmente vuestra vida, como la ha cambiado la cantidad de personas a lo largo de la historia».
Seguidamente se precedió al sacramento en sí, primero con la imposición de las manos, para seguir con el momento de los óleos ante los padrinos, bendiciéndoles con su nombre y finalizar con la Eucaristía.
Antes de terminar, el obispo rezó la oración de gloria por el aniversario de la Virgen del Consuelo que se está celebrando en estos meses, presidiendo la imagen mariana el altar mayor del templo de planta catedralicia. Fue la primera ceremonia que celebra el nuevo obispo, tras varias visitas a nuestra ciudad. Y una llamada de adultos que con toda sencillez, se presentaban para recibir este sacramento. Por cierto, solemne acompañamiento musical de las hermanas Martínez con el violonchelo y el piano.



















