A las 18,30 horas del miércoles 10 de junio se cumplirán 100 años del incendio que destruyó el chapitel de la torre de San Sebastián, en el que se desplomó el Angelote sobre la azotea de los Bouderé. El motivo fue un cohete que cayó en la parte alta de la torre, ardiendo unos jaramagos que provocaron el pánico en la ciudad. No hubo que lamentar víctimas.
Se trataba de la Octava del Corpus (celebración desarrollada una semana después del Corpus Christi). Nuestras páginas titulaban: “Violento incendio en la torre de la Iglesia Mayor. Se destruye la techumbre y cae el Angelote sobre una azotea”. “Nadie daba crédito a la noticia en los primeros momentos de circular. ¡El Angelote, ardiendo!, decíase en una frase que resumía “el peligro en que se hallaba la famosa veleta”.
Se formó una “densa humareda blanca que envolvía el último cuerpo de campanas y a poco por las gateras de la cubierta y vanos salían violentas llamas rojas que se destacaban sobre el cielo azul”.
Tras la festividad del Corpus Christi (en la que precedían a la Custodia las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y de Santa Eufemia), salió el cortejo rodeando la manzana de San Sebastián. Cuando iba por la hoy calle de Los Tintes, “un pirotécnico disparaba unos cuantos cohetes, como tiene por costumbre, al paso de la Custodia por delante de su casa”.
Se vislumbra que “por la dirección del aire bien pudo un cohete llegar a estallar en la torre y prender fuego a varios jaramagos, que a su vez incendiarían la viejísima matraca que existía en el lado norte del último cuerpo del campanario”.
Al percatarse del fuego, se desmantela la procesión, trasladando el Santísimo a la iglesia de San Agustín y acudiendo al sagrario de San Sebastián para hacer lo mismo con el Santísimo de esta iglesia, que se trasladó al Convento de la Encarnación. Se temía que el fuego entrara en el templo colegial.
En los primeros momentos “fue ayudada a bajar por un guardia civil y un municipal, la campanera Rosario Sánchez García, que está impedida de una pierna, y la cual, con un nieto, eran las únicas personas que se hallaban en la torre”. Era una época donde la torre estaba habitada por la familia que tenía al reloj en hora y tocaba las campanas.
En las casas inmediatas, especialmente la de Bouderé, más amenazada por los maderos ardiendo que caían de la torre, se tomaron precauciones para evitar los daños que pudieran producirse, siendo cortada la corriente eléctrica. Desde todos los rincones de la ciudad, se observaba cómo ardía la torre y salían llamas y humo. Hasta las monjas de clausura se asomaron a las ventanas.



El estreno del camión
de incendios
Esta efemérides estrenó el camión del servicio contra incendios municipal con “el nuevo autobomba que en esta primera y extraordinaria ocasión ha demostrado su eficiencia y la necesidad que había de contar con ese artefacto para combatir los siniestros. Como es de suponer, hubo muchas dificultades al principio para, que diera resultado eficaz, pues su manga apenas podía enviar agua al tejado de la iglesia”.
Fue preciso “empalmarle una manga larga y aunque no estaba en muy buenas condiciones, pudo soportar la presión del agua, y ya con este empalme se consiguió llevar su extremo hasta el dicho cuerpo de campanas”. Precisamente, desde hace dos semanas “viene funcionando el vehículo adquirido por este Ayuntamiento”. Es “de la marca Dion-Bouton, tiene depósito con capacidad para 3.600 litros y dispone de bomba volumétrica para aspirar el agua automáticamente”. Su coste fue de 32.000 pesetas.
Tras las llamas, se esperaba la caída de la veleta. “Rebasando los cálculos, la barra que servía de esa veleta se apoyaba en madera, tardó más de una hora en producirse la caída. El momento fue de trágica impresión. Las llamas, que habían ido fundiendo la cubierta de plomo y cinc que tenía el tejado, había dejado únicamente el armazón de gruesas vigas, que ardían lamiendo el fuego la bola de cobre en que se sustentaba el Angelote”.
Al fin falló una de las vigas, y el armazón se inclinó hacia la plaza, “segundos después todo caía hacia la izquierda, lentamente, pues el cable del pararrayos le sujetaba, hasta que al fin se rompió, dando la vuelta de campana el Angelote, que chocó con un balconcillo y rebotó hacia la fachada de enfrente, dando de bruces sobre el pretil de la azotea de la casa de los señores Bouderé, donde quedó el muñeco, cayendo abajo, envuelta en terribles llamaradas, la armadura del tejado y bola de cobre, no sin antes causar la rotura de un balcón y un cierro de cristales de dicha casa”.
El Angelote fue arrastrado hasta el centro de la azotea, y abajo la humareda, densísima, duró bastante rato, pues las vigas caídas siguieron ardiendo. “Al desaparecer el peligro, la gente, que hasta entonces se había mantenido muy retirada del centro de la plaza y en la calle Infante, arrolló a los guardias que la contenían, para ver de cerca los efectos de la caída, siendo imposible a la fuerza pública despejar la plaza, hasta que empezóse a requerir el auxilio voluntario para formar cordón de cubos desde una taquilla al auto-bomba…”.
Los daños y suscripción popular para repararlo
Una vez desaparecido el peligro mayor, “por medio de las mangas que, como dijimos, llegaron hasta el primer cuerpo del campanario, consiguió elevar el agua unos metros por encima de la torre, o sea hasta más de cincuenta metros, y aunque era muy difícil arrojar agua sobre los restos del fuego, que se mantenía en el interior de la cornisa, al fin, ayudándose de cubos, consiguióse apagarlos ya entrada la noche”.
Tras el suceso, este periódico promueve una suscripción popular para el arreglo de los daños e insta a las autoridades a su desarrollo. “Es preciso que los antequeranos, que todos sienten igual cariño por sus cosas, acudan a remediar el daño para que nuestros descendientes no tengan que recriminarnos por el abandono de la torre mutilada”.
Quedaron “reducidos, por fortuna, a la destrucción de la cubierta de la torre y del Angelote. La campana que da las horas del reloj ha quedado cubierta de plomo, y la de los cuartos ha sufrido más los efectos del calor, quedando algo destemplada. La obra de fábrica ha resistido bien el fuego, según parece”. Seguiremos con más detalles en varios reportajes que iremos publicando en próximos números.





