miércoles 10 junio 2026
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Cien años después, conocemos quién lanzó el cohete de 1926 que terminó con la caída del Angelote

Hay historias que necesitan tiempo para conocerse. Quizá por saber quiénes son, no se tienen que compartir, pero con el paso del tiempo, se olvidan. En nuestras páginas de 1926 se vislumbra que fue un monaguillo el que a las 18,30 horas del 10 de junio, dentro de la Octava del Corpus, lanzaría un cohete cuando el cortejo pasaba por la entonces denominada “Obispo Muñoz Herrera” (hoy Tintes), que fue a parar a los pies del Angelote, provocando el fuego sobre unos jaramagos que había.

Pues hoy, cien años después, conocemos quién fue el que lanzó el cohete. No era monaguillo, era el hijo de un empresario que dirigía una funeraria y distribuía fuegos artificiales. Nos lo compartió su nieto, Julio Maqueda de Protección Civil y nos puso en contacto con su tía, hija del protagonista de esta historia, Elena Macías Orozco.

Quedamos con ella y nos comparte los datos para terminar la crónica del suceso.
Julio Macías Matas (1908-1976) tenía 18 años. Más tarde se casó con Enriqueta Orozco Aragón con quien tuvo siete hijos: Juan, Mamen, Julio, Rafael, Enrique, José Luis y Elena. Su padre, Juan Macías Sánchez, había creado la Funeraria “La Permanente” que se encontraba en calle Encarnación frente a la hoy sede de la Real Academia. Tenía un almacén en la Cuesta de Archidona donde guardaba los coches de caballos fúnebres y fuegos artificiales. Vivían en la calle Tintes esquina con Barrero, justo donde pasó la Octava y se produjo el incendio.

Las cosas del destino, tantos años conociendo a Elena de la Renault y resulta que es hija del joven que lanzó el cohete del Angelote. Tras enseñarnos varias fotos y nombres de sus padres y tíos (Juan fue el de la Imprenta Macías). Comenzamos preguntándole por la relación de su familia con el lanzamiento de fuegos artificiales. “Mi abuelo era muy emprendedor, Juan Macías Sánchez y, aunque tenía una funeraria en calle Encarnación, además se dedicaba a los fuegos artificiales, que guardaba con los coches de caballos para la funeraria, en la Cuesta de Archidona”.

Año 1926. Su padre tenía… “18 años”. ¿Qué sabe de la historia de la Octava? “Mi madre nos contaba que en esa época, lanzaba cohetes mi abuelo y mi padre y tuvo la mala sombra que uno fue a parar al Angelote, que estaba lleno de jaramagos, que tenía la cubierta de madera, prendiendo fuego”.

Sería la historia de los momentos familiares. “Así es, nosotros y mis primos, tenemos muchos detalles que nos contaban nuestros padres”. Además de su sobrino Julio, nos han escrito otros dándonos detalles que no era monaguillo y que se lanzaron desde la azotea de los Bouderé, donde se preparaban unas plataformas de lanzamiento paras estas fiestas. “Mi padre ayudaba a mi abuelo a la funeraria y a la venta de pirotecnia.

Cuando llegaba la Semana Santa, me acuerdo que íbamos con las bengalas”. Qué maravilla, su familia era la que abastecía las bengalas al Mayor Dolor, Dolores o Socorro en esa época. “Mi padre era mucho del Socorro y además en el mes de mayo, el mes del Señor, íbamos a San Juan para tirar los cohetes y luego nos invitaba a churros”.

Así fue hasta los años 60, cuando Julio Macías Matas veía cómo sus hijos crecían e iban estableciendo su futuro. Quedaba la anécdota de 1926. Y hoy, dos de sus descendientes, dos nietos, se dedican a apagar fuegos. “Así es, Julio Maqueda y Enrique, el mayor de mi hermano, que es bombero”. Julio es el responsable de Protección Civil.

Cuando han visto la conferencia y el reportaje previo a este centenario, ¿qué han dicho?
“Pues que mi padre no era monaguillo. Yo sí me acuerdo de un monaguillo que había de San Miguel, que iba siempre con mi padre”. Quizá la relación o la manera de dejarlo en el anonimato hasta los cien años del suceso.

Fue un accidente con la mala sombra que cayera en la parte con malas hierbas bajo El Angelote. Elena saca el lado bueno del suceso: “¡Mira qué bonito está gracias a lo que pasó!”, nos comparte. ¿Qué le gustaría decir a la hija de este emprendedor, de este empresario de Antequera, que se dedicó a lanzar cohetes en nuestras fiestas y tuvo la mala fortuna que uno originara el incendio del Angelote? “Que era un antequerano emprendedor, donde nosotros sus hijos veíamos normal su día a día, muchas veces en el Cementerio, donde nos gustaba ir. Me acuerdo cuando mi padre pintaba los faroles en mi casa”, suspira Elena con los recuerdos de su infancia.

Hasta aquí la historia que completa la crónica de hace cien años. Una familia dedicada a cuidar de nuestros difuntos y a celebrar las fiestas como eran Semana Santa, el Señor, las ferias, el Corpus y la Octava… Empezó el abuelo, la continuó el hijo con el fallo del día a día, que uno cohete, que se lanzaría desde la azotea de los Bouderé cuando el cortejo pasaba por su casa en calle de Los Tintes, fue a parar a lo más alto de la torre de San Sebastián, como todos sabemos.

Elena y su familia mantienen esta anécdota del día a día de su casa, de sus hogares, mantenida y avivada por cada uno de ellos. Elena y su familia mantienen esta anécdota del día a día de su casa, de sus hogares, mantenida y avivada por cada uno de ellos. Entre ellos, Juan que fue profesor de La Salle, Mamen que se casó con Miguel Maqueda, Julio que se fue a Alicante, Rafael que vive en Madrid, Enrique que era muy querido, José Luis vive en Marbella y Elena que es la que queda en Antequera. Además de otros parientes como Julio Maqueda o Ángel Calle.

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