martes 21 julio 2026
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10 años de Patrimonio Mundial

Tras escuchar el nombre de Antequera, en el ‘Istanbul Congress Center’ de la antigua capital del imperio romano de oriente, construida sobre la ancestral Bizancio, miré el reloj, los dígitos marcaban las 15:37 minutos de la tarde del 15 de julio de 2016, y el asentamiento humano más antiguo de las tierras de Antequera, hasta la fecha conocido, con sus impresionantes construcciones megalíticas acababa de ser reconocido como Patrimonio de la Humanidad por los siglos de los siglos.

Una carrera en busca de un sello especial, de algo que nos diera a conocer al resto del mundo, y que nos aportara protección, una carrera que había comenzado bastantes años antes, más de 30, sin saber que por el mero hecho de tener en nuestro territorio los más ciclópeos edificios prehistóricos, sería suficiente como para que nos pusieran en el mapa del patronazgo mundial entre los enclaves más sobresalientes de la historia conocida de nuestro planeta.

Cierto es que ya había visitado Menga, el por entonces director general de la UNESCO Amadou-Mahtar M’Bow, en 1986, donde quizá, y por sus recomendaciones explícitas, arrancaba esa carrera por conseguir el sello mundial, ahora que estamos por alcanzar otra estrella en el aspecto futbolístico. Tras muchos años de intentos infructuosos, de redacciones inconclusas y de disparos fuera de la diana, inclusive con lo que suponía haber dispuestos de hasta dos titulares al frente de la consejería de Cultura en el gobierno autonómico de la Junta de Andalucía, la que a su vez ostenta la titularidad y protección del yacimiento arqueológico desde 1986, y en su totalidad desde 2006, no fue hasta 2009 cuando se instó formalmente al inicio del expediente de candidatura.

Anteriormente decíamos que no bastaba con el enseñar que se poseía tal patrimonio prehistórico, de tal envergadura y de connotaciones tan únicas, había que declarar un VUE (Valor Universal Excepcional), para que el expediente contara con un requisito indispensable, un elemento diferenciado de lo que hasta la fecha ya formaba parte de la lista indicativa de UNESCO.

El organismo especializado de la ONU, no incluye ni destaca entre sus sitios elegidos a los que ya atesoren un VUE igual al que se pretende valorar nuevamente, es decir que por el simple hecho de ser o estar, no sería posible conseguir ser patrimonio mundial.
Tuvo que llegar Nuria Sanz, quien como representante y directora de UNESCO en México en 2010, precisamente en el 600 aniversario de la recristianización de la muy noble y leal ciudad de Antequera por el Infante Don Fernando, recondujera la idea del VUE y aconsejara basarlo en la especialísima orientación que poseían, tanto el dolmen de Menga como el tholos de el Romeral.

Ahí estaba, desde hacía un tiempo, el principal valedor del sitio, el hombre que luchó y orientó, válgase la expresión, a nuestro dólmenes para que terminase en éxito, ahora sí, el expediente de la candidatura.

Bartolomé Ruiz, quien desde 2004 intentaba aunar los vestigios de nuestros ancestros para que encajaran en la lista protegida de UNESCO, captó el matiz, se reorganizó el expediente y se dieron, nuevamente pero esta vez con un convencimiento de peso, al tener un VUE muy definido y diferenciado de lo que había, los pasos previos para que se tuviese en cuenta la excepcionalidad de nuestros monumentos.

Estaría incompleto, a todas luces, este modesto texto, que no pretende sino relatar lo que a un servidor le supuso conocer y estar en este proceso histórico para nuestra ciudad, si no se nombrase al que ya dispone de un mirador hacia el sitio, hacia el lugar que documentó y que señaló como único por la orientación de sus construcciones, Mikel Hoskin, el arqueoastrónomo británico que estudió la orientación de unos 3000 megalitos y que estableció que el 99,99 por ciento de ellos tenían una orientación celeste, es decir hacia la parte del horizonte por donde sale el sol en los solsticios y los equinoccios, y que solo, repito, solo Menga y Romeral, tenían una orientación terrestre hacia elementos del paisaje, Menga hacia la Peña del los Enamorados y Romeral hacia la Cueva del Toro del Torcal de Antequera.

Estos dos últimos elementos naturales de nuestro entorno, también formaron parte del total de la declaración y los cinco hitos, tres construidos por el hombre, Menga, Viera y Romeral, y los dos naturales, para conformar conjuntamente el bien mixto Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO de el Sitio de los Dólmenes de Antequera.

No estuvo exenta de avatares la toma de Antequera, allá por 1410, hasta 6 meses le llevó al Infante Don Fernando, el asedio a la medina Antakira. Más tiempo llevó culminar el expediente de la candidatura para declarar patrimonio mundial a nuestro dólmenes, y sin ningún género de dudas, estos dos episodios de nuestra historia reciente, son los que marcan definitivamente nuestro futuro.

Antequera ha experimentado un crecimiento muy importante desde aquel 15 de julio de 2016, como fue el que supuso aquel 16 de septiembre de 1410, tanto uno como otro, aunque las distancias en el tiempo y en el espacio puedan parecer enormes, marcaron un antes y un después en el devenir de proceso de ciudad, si bien es cierto que siempre se dice que los antequeranos somos muy nuestros, y que tenemos una forma de ser un tanto peculiar, debemos seguir abriéndonos al resto del mundo, pues ya conoce el mundo que Antequera tiene cosas únicas, universales y excepcionales como para merecer una pausada visita, colaboremos, preocupémonos, conozcamos, defendamos y enseñemos nuestro patrimonio monumental e histórico, para que esa actitud forme la mejor carta de presentación del patrimonio humano que atesora nuestra ciudad. ¡Gracias siempre!

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