martes 21 julio 2026
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El oficio de saber elegir

A estas alturas de la vida y con los tiempos que corren, uno ya empieza a tener claro que el éxito y el fracaso se nos presentan como dos escenarios totalmente opuestos, cuando en realidad son las dos orillas del mismo río: el de la experiencia. Nos pasamos la existencia huyendo de la posibilidad de meter la pata en un proyecto, en un examen o en una inversión, sin darnos cuenta de que el verdadero crecimiento no reside en la ausencia de errores, sino en el cambio de perspectiva sobre ellos. Escoger, ésa es la clave, pero desde la certeza de que el fracaso es simplemente la oportunidad de comenzar de nuevo de forma más inteligente.

Vivir es elegir y elegir es descartar; tener claras las prioridades en un mundo que siempre nos hace víctimas de una insalvable prisa crónica. Cuando nos justificamos ante otros diciendo que no tenemos tiempo para lo importante, a menudo solo estamos confesándoles que no nos importan lo suficiente. Y es que, al fin y al cabo, el peor momento para pensar lo que uno va a decir es el mismo instante en que lo está diciendo; un gatillazo verbal que siempre duele más si la otra persona habita en nuestra red de afectos.

La lucidez exige pausa, perspectiva y una profunda humildad. Qué bello término este último. Humildad proviene del latín humilitas, que a su vez deriva de humus, que significa tierra o suelo. Etimológicamente, estar pegado a la tierra significa ser consciente de los propios límites y vivir con los pies bien puestos en el suelo, porque solo desde ahí, bien apoyados en nuestra propia realidad, es como aprendemos a subir y a recorrer el camino de la vida.

Lamentablemente, con muy poca de esa tierra en los zapatos vemos desenvolverse, a través de los medios, la vida y la obra de mucha clase dirigente en este país, desde los gobernantes más cercanos hasta los de las esferas más altas del panorama nacional. No parece quedar una sola parcela de poder donde los ciudadanos de a pie percibamos lucidez, rigor en la gestión o una voluntad real de encuentro encaminada a mejorar el futuro común, y no solo el de sus fieles y afines. Mal porvenir nos espera si no aprenden pronto a conjugar la humildad, deslindándola de una vez por todas de la arrogancia y de la efímera foto para las redes. A pesar de todo, siempre nos quedarán las elecciones; aunque, al paso que vamos, cualquiera diría que más de uno ha empezado ya a guardar conejos en su chistera.

Cada vez está más claro que vivir es elegir y para ello hay que descartar. Por eso, en este complejo arte de tomar decisiones, me quedo con una frase del doctor Borja Bandera que corre como la pólvora por internet y que encierra una verdad monumental. En esto de elegir, yo no tengo dudas: elegiré siempre morir joven, pero lo más tarde posible.

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