Pues sí, hace 75 años Antequera contaba con más días de Feria que hoy en el año 2026. Es cierto, que era otra forma distinta de vivir la Real Feria de Agosto, pero seguían con el mismo entusiasmo que años antes y manteniendo fijo en el calendario los días de celebración que siempre se atenían al 20, 21 y 22; en este caso en 1951 la Feria se vivió del domingo 19 al viernes 24 de agosto.
Y es normal que con tanta fiesta, algún suceso podía ocurrir, y aquel año no fue uno, sino dos, en el circo y en la Plaza de Toros. Precisamente aquí, se vivió un día histórico, la tarde en la que Antonio Ordóñez cortó la segunda pata que se concedía en nuestro coso taurino.
Un pasacalles con la Banda Municipal de Música fue la víspera de Feria con la que se proclamaba la apertura de las fiestas en la noche del domingo 19 de agosto.
A partir de ese momento la Feria trascurrió con sus habituales dianas, conciertos, paseos de caballistas, atracciones mecánicas, circos, así como el mercado de ganado con grandes transacciones de las especies “caballar y mular”.
En cuanto a las actuaciones, como el año anterior en 1950, se contó con la Orquesta Sinfónica de Málaga dirigida por el maestro Gutiérrez de la Puente. Interpretaron “La octava sinfonía en si menor” de Shubert, “Farandola” de la suite “La Arlesiana” de Bizet; “Exaltación” de Turina; “Danza del fuego” de “El amor brujo” de Falla, el preludio de “La Verbena de la Paloma” de Bretón y “El intermedio” de El Caserío” de Guridi.

La pata para Antonio Ordoñez ante su padre
Uno de los puntos fuertes vividos en dicha feria de hace 75 años fue la corrida de toros celebrada el 21 de agosto de dicho año con presencia de Antonio Velázquez, Manolo González y Antonio Ordoñez; sin duda un gran cartel que atrajo a muchos visitantes. “Nuestras calles se vieron invadidas de multitud de automóviles y se colmaron todos los establecimientos de comer y beber, y hasta los hospedajes se acabaron. Un contingente de extranjeros vio también la colonia veraniega de Málaga, de donde acudieron asimismo varias autoridades y personalidades. En fin, que nuestra calle de Estepa estaba más animada y hermosa que nunca”.
Y la tarde no pudo ser más brillante. Por un lado, lleno absoluto y por otro, ese éxito logrado por Ordoñez, ante la mirada antenta de Cayetano Ordóñez “Niño de la Palma”. Decepcionó en su primer toro y entre los tendidos se reprochó este hecho. Ángel Guerrero en su libro sobre la historia de la Plaza de Toros de Antequera así lo recoge: “Entre los tendidos, surgió una voz estridente que le recriminó: “¡Antonio! ¿No te da vergüenza? ¡Que te está viendo tu padre!”. ¡Bendita la hora en que lo dijo!, porque al coloso de Ronda se le removería el alma, cuando vio, en los tendidos, a su progenitor, y realizó, posiblemente, la mejor faena que hayan presenciado los viejos muros de la Plaza de Toros de Antequera. Con el capote, clavó los pies en el suelo y armó el taco; con la muleta, empezó a deslumbrar con aquellos pases templados, majestuosos, para seguir luego con sus famosos pases de pecho, de los de verdad, y rubricar con estocada a ley. Dos orejas, rabo, pata y un clamor enfervorecido de una plaza que se le rindió, mientras entre padre e hijo se cruzaban una mirada de ésas que quieren decirse tantas cosas…”.
Una faena que quedó inmortalizada con Ordóñez saliendo a hombros por la Puerta Grande con pata en mano. Pero previamente hubo un grave suceso con un toro que salió del chiquero y se metió por el lado derecho del callejón, al parecer el toro embistió la puerta “haciendo saltar la armella donde entra el cerrojo, arrancando el yeso que la sujetaba, según pudo comprobarse después”. En su camino por el callejón hasta salir por la Puerta de Sol tuvo varios heridos que fueron atendidos en la “enfermería de la Plaza por el doctor Giménez Reyna, auxiliado también por los doctores Montoro y Artacho y practicantes señores Marín y Castillo, se procedió a su reconocimiento y curación de primera intención. José Torres Barroso sufría conmoción cerebral y torácica, y el señor Peregrina, una gran herida contusa en la cara posterior del muslo derecho en su tercio inferior, con desgarramiento de la piel, tejido celular subcutáneo y aponeurosis, y fractura de la pierna izquierda”. Además, también tuvieron que recibir asistencia, Miguel Ruano Utrera y Modesto Céspedes, por contusiones y erosiones.

Pero las incidencias no quedaron ahí, el Circo Maravillas también tuvo lo suyo en la noche del miércoles de feria. “Parece que al rozar los cables del alumbrado eléctrico con los de afianzamiento de los trapecios se originó un cortocircuito, saliendo chispas y llamaradas, que alarmaron al público que llenaba el local”. Se cortó la corriente, pero se escuchó la palabra ¡fuego¡ y la gente se precipitó “hacia la única puerta, que era la de entrada, pues no dio tiempo de abrir las de salida”. Hubo atropellos, contusionados por caídas y golpes “en la Casa de Socorro sólo fue asistida una señorita que presentaba herida contusa en el párpado superior derecho y contusiones en el tórax; una mujer llamada Socorro Rodríguez Gutiérrez, de 50 años, con domicilio en calle San Miguel, que tenía contusiones en los muslos, y su hijita Remedios Cañizares, de 4 años, que sufrió compresión de tórax; la niña Dolores Aguilera Pallarés, de 8 años, con domicilio en calle Tintes, que tenía una contusión en la pierna y brazo izquierdos; José María Bajo León, de 5 años, con hematoma en el dedo índice derecho, y su prima Mari Sol Gómez Bajo, que sufre una herida contusa en la región frontal izquierda, con gran hematoma”.
Aparatosa feria, pero fruto sin duda de la gran presencia de gente con la que se contó desde el primer día hasta el último.






