El 325 aniversario de la Cofradía del Consuelo de Antequera finalizó este viernes 4 de septiembre coincidiendo con la festividad de la Virgen, con una solemne Eucaristía en la iglesia de planta catedralicia de San Pedro que sirvió además como despedida del hermano mayor Juan Jesús González Hidalgo, que concluye su mandato.
Así, la Virgen del Consuelo se presentaba sobre su peana de plata a pies del Altar Mayor, presidido por el Cristo de la Misericordia, formando una imagen perfecta y singular ante el baldaquino de la histórica Colegiata de Santa María. La Eucaristía fue presidida por Fray Joaquín Pacheco Galán, guardián del Convento de San Francisco de Estepa; así como concelebrada por el párroco Francisco de Paula Aurioles y el carmelita antequerano José Manuel Granados Rivera. Como curiosidad, un 4 de septiembre con unas altísimas temperaturas más propias de julio. 38 grados de día que se notó en el interior del templo.
Entre los presentes acompañando al hermano mayor Juan Jesús González, el alcalde Manuel Barón, la teniente de alcalde Elena Melero, los concejales José Luis Ruiz y Francisco Calderón, el presidente de la Agrupación de Cofradías Juan Manuel Vegas, así como una leve representación de cofradías de Gloria y Pasión. Directivos, devotos y antiguos cofrades de la popular cofradía de San Pedro.
Musicalmente, acompañaron la Coral María Inmaculada, dirigida por Ángel García Acedo, y el organista José Antonio Morales. Dieron vida espiritual como debió ser siglos atrás al templo parroquial, interpretando la misa de Ángelis en canto gregoriano, con partituras entre los siglos XV y XVI, con el acompañamiento polifónico de Morales. Impresionante el ahondar en las raíces de estas celebraciones de siglos atrás, con motetes de Francisco Guerrero, el Ave Verum de Mozart o el Gloria.
Así, tras una procesión claustral por la nave de la Epístola y la central, comenzó la misa en la que participaron cofrades de la hermandad del Jueves Santo. Un grupo de acólitos de monaguillo complementaron la solemnidad de la celebración religiosa. Tras el Evangelio proclamado por el Párroco, la homilía la impartió el guardián del Convento de San Francisco de Estepa que con su presencia, se recupera también la edad de oro de las pláticas que daban esplendor a las celebraciones religiosas de siglos atrás.
Así, comenzó con un saludo a los presentes, exponiendo que se celebraba la clausura del 325 aniversario de la hermandad lo que «es un momento para transicionar de la celebración extraordinaria a la santidad de la vida cotidiana». Aunque expuso que no tenía que ser un final, sino como un punto de inflexión. Se basó en la metáfora del «correr de las acequias» del Salmo 45 para ilustrar el abundante flujo de gracia divina, canalizado a través de la Virgen María, que ha marcado este tiempo jubilar.
Aunque los actos extraordinarios como la procesión concluyen, la misión continúa. «Nosotros, como comunidad, hemos sido no solo receptores de Consuelo, sino también instrumentos activos en su difusión, un rol que exige sacrificio, pero promete una gran recompensa. La verdadera prueba ahora es mantener el fervor y el propósito en la rutina diaria, imitando la vida oculta de Cristo: un largo período de trabajo humilde y anónimo que, aunque carente de aplauso, es en sí mismo un misterio salvífico».
El jubileo ha sido un «abundante venero de gracia», simbolizado por la frase del salmo: «El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios». Esta gracia que emana del costado de Cristo y es mediada por la Virgen María, ha sido una fuente de Consuelo y alegría para la comunidad. La celebración ha permitido a los fieles «sacar aguas con gozo de las fuentes de la salvación». El acto culminante no es un cierre, sino un momento de profunda acción de gracias por los frutos espirituales recibidos y derramados, reconociendo a la Virgen como el primer receptáculo de la gracia divina: «la primera morada del Altísimo».
El fin de las celebraciones extraordinarias del aniversario introduce el desafío de santificar la vida cotidiana. El fraile estableció un paralelismo con la vida de Cristo: 30 años de «vida oculta» en Nazaret frente a solo tres años de ministerio público. Este período oculto, caracterizado por el trabajo humilde, el anonimato y la falta de reconocimiento, no fue una simple espera, sino una parte integral del misterio de la salvación. Para la hermandad, esto significa que la misión no termina con la clausura del jubileo; ahora debe continuar en la rutina diaria, a menudo sin el brillo de los grandes acontecimientos y enfrentando la incomprensión o la ingratitud.
La misión de la Iglesia y de la hermandad se desarrolla en un contexto adverso, donde «el viento es contrario». Las ideologías modernas intentan relegar la fe a algo «caduco» o «mítico», desconectado de la realidad. Para finalizar, advirtió que contra la tendencia a reducir las devociones a meros elementos culturales o folclóricos, se reafirmó que la fe no celebra mitología, sino una «historia y realidad que sigue haciéndose presente» a través de Jesucristo. En esta «barca de la iglesia», la presencia maternal de María es lo que evita el naufragio y mantiene el rumbo hacia Dios, ayudando a los fieles a mantenerse firmes frente a las presiones externas.
Luego, al término de la Eucaristía, el hermano mayor de la cofradía de despidió al frente de la hermandad y el párroco Francisco de Paula Aurioles cerró la celebración, agradeciendo el esfuerzo de estos meses donde la Virgen del Consuelo, de manera extraordinaria, ha presidido el Altar Mayor, algo único y que los devotos y fieles que han celebrado las eucaristías parroquiales así lo han vivido intensamente. También aludió a los actos de este 325 aniversario, agradeció al fraile de Estepa su presencia y homilía y al hermano mayor Juan Jesús González, que cierra su mandato y deja las puertas abiertas para la próxima directiva.









































