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ADIPA llega a la recta final de su 50 aniversario presentando su libro de «una ilusión compartida»

El Salón de Actos del nuevo edificio a inaugurar de la Residencia de Adultos de ADIPA (Asociación en pro de las Personas con Discapacidad Intelectual o del Desarrollo de Antequera y Comarca), acogió este martes 3 de noviembre la presentación del libro «ADIPA: 50 años de una ilusión compartida», que su actual presidente Mariano Mir Muñoz desveló, primero a los medios de comunicación y luego a una representación de la sociedad comarcal.

Un libro que reconoce a colaboradores y autores, repasando su evolución histórica desde 1976 y su resiliencia tras el incendio de 2002, describiendo el crecimiento operativo y las alianzas público-privadas, trazando las prioridades futuras en autonomía personal, inclusión y defensa de derechos, con una reflexión crítica sobre la terminología y la universalidad del apoyo, destacó Mir Muñoz.

Un libro de 170 páginas que se ofrece por el donativo mínimo de 10 euros. Ha contado como editor a Jesús Romero, la fotografía de Alfredo Sotelo y textos de Jorge Cortés, Silvia Gil, Diego González, Mariano Mir, Daniel Olmedo, Jesús Romero y Miguel Ángel Ruiz Calderón. Entre los asistentes, el alcalde Manuel Barón, representantes de concejales del PP, PSOE, IU; así como el antiguo presidente Alfonso Cabello o el anterior gerente Diego González.

La entidad inició su andadura el 5 de noviembre de 1976 y cumple medio siglo este jueves. Subraya que ADIPA «no se dedica habitualmente a publicar libros y que el proceso editorial fue complejo, por lo que agradece el liderazgo de Jesús Romero como editor, quien ha acompañado a ADIPA desde antes de su etapa como alcalde de Antequera y también ha redactado partes del libro».

Reconoce el trabajo artístico del fotógrafo Alfredo Sotelo, destacando que «cada imagen transmite un mensaje», y el diseño de maquetación de Pablo Mañas, orientado a la comodidad de lectura. Agradece a José Antonio Sánchez Cózar por hacer posible la impresión, remarcando su implicación con la discapacidad intelectual.

El libro es coral: contribuyeron Jorge Cortés (trabajador social), Silvia Gil (responsable de calidad), Daniel Olmedo (director del Centro de Día Ocupacional), Miguel Ángel Ruiz Calderón (gerente actual), Jesús Romero, Diego González (gerente durante más de 40 años) y el propio ponente. Extiende el agradecimiento a personas, instituciones públicas y privadas, y entidades financieras que han arropado a ADIPA durante cinco décadas, posibilitando su continuidad.

El ponente pide disculpas por omisiones inevitables de nombres y situaciones: se optó por un volumen de fácil lectura en vez de varios tomos que pretendieran abarcar exhaustivamente 50 años. Formula otra disculpa por la terminología: recuerda que en 1976 eran socialmente aceptados términos hoy ofensivos (“mongólicos”, “anormales”, “subnormales”) y señala que, aunque hoy emplean términos legales vigentes (como “residencia de gravemente afectados”), es posible que dentro de 50 años se consideren desafortunados. A nivel personal, se inclina por “diferentes capacidades” frente a “diversidad funcional” (por ser demasiado amplia) cuando se refiere a asociaciones como ADIPA, reconociendo la necesidad de concretar el campo de acción.

La portada, titulada “50 años de una ilusión compartida”, muestra a Manu Palma y Marisa García (usuarios del centro de día de ADIPA), con una imagen que simboliza el ejercicio de la autonomía y el ser dueños de sus decisiones, en contraste con el pasado en que personas con discapacidad intelectual solían permanecer recluidas en sus hogares sin interacción social. La contraportada presenta a Diego García, usuario de la residencia de gravemente afectados (RGA), recordando que la obra refleja, incluso antes de abrirla, la diversidad de capacidades y realidades que ADIPA acompaña. La entidad reafirma su compromiso de prestar apoyos y acompañar proyectos vitales a quienes lo deseen y a sus familias.

Trayectoria histórica, crecimiento operativo y superación de hitos críticos
ADIPA nació el 5 de noviembre de 1976, impulsada por el coraje de siete familias aglutinadas por don Manuel Ginés en la parroquia de San Miguel de Antequera, en un contexto nacional con autonomías inexistentes, trámites centralizados en ministerios en Madrid, ausencia de autovías y comunicaciones telefónicas interprovinciales costosas. Pese a ello, y con todo por hacer, la entidad inició su marcha.

Hoy, ADIPA atiende al año a más de 500 personas con discapacidad intelectual (diferentes capacidades), emplea a más de 210 trabajadores y maneja un presupuesto anual de funcionamiento que supera los 9 millones de euros. Subraya que los fundadores difícilmente habrían imaginado esta dimensión 50 años después.

Un hito crítico fue el incendio de junio de 2002 en la sede de la carretera de Córdoba, originado por un siniestro en el establecimiento vecino (Repuestos La Paz), con combustión de caucho y humo negro intenso como recoge una portada de El Sol de Antequera. No hubo desgracias personales, pero las instalaciones quedaron arrasadas, conservándose únicamente la fachada. «La reconstrucción fue posible por la solidaridad social: donativos ciudadanos, apoyo de entidades financieras y públicas, y cesión temporal de espacios escolares para continuar talleres tras la pérdida súbita de la sede. El incendio visibilizó la necesidad de un parque de bomberos propio en Antequera, que se materializó años después», sigue Mir Muñoz.

Como líneas de futuro, el presidente de ADIPA identifica dos pilares: integración laboral y asistencia a domicilio, coherentes con prestar el servicio en el entorno social de la persona en vez de en centros asistenciales, junto a la defensa constante de derechos. A través de anécdotas, ilustra el consenso social en torno a ADIPA —“como la selección española”, apoyada por personas de todas las sensibilidades— y la importancia de visibilizar que cualquiera puede necesitar sus apoyos ante cambios vitales abruptos.

Terminó deseando que este 50 aniversario encarrile su apertura con el concierto de plazas de ambos centros, en un edificio que lleva 5 años construyéndose y tres esperando su puesta en funcionamiento. Desea que pueda venir lo antes posible por el bien de las personas que esperan su oportunidad de poder vivir en una casa digna.

Más información edición digital www.elsoldeantequera.com y de papel el sábado.
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