lunes 13 julio 2026
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Antequera recuerda y mantiene vivo el «espíritu de Miguel Ángel Blanco» con un acto en los jardines que llevan su nombre

Antequera desarrolló un acto de homenaje a las víctimas del terrorismo, coincidiendo con el vigésimo noveno aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco por ETA, para lo que se colocaron flores sobre el monolito que lleva su nombre en sus jardines en la ciudad, procediéndose a la lectura de un manifiesto en el que intervinieron el alcalde Manuel Barón y la concejal más joven, Marta González.

A las 20,30 horas comenzó el acto en los jardines entre la avenida de Blas Infante y la calle Juan de Mora, al que acudieron representantes de los tres partidos políticos: PP, PSOE e IU, el secretario primero de la mesa del Parlamento Andaluz José Ramón Carmona, entre otras autoridades y ciudadanos.

El Alcalde agradeció la presencia un año más donde «se hace en memoria de todas las víctimas del terrorismo y en la memoria de Miguel Ángel Blanco, fundamentalmente porque hoy, precisamente hoy, hace 29 años, aniversario desgraciado, aniversario de su asesinato y muerte».

Se empezó leyendo el manifiesto de la Fundación Miguel Ángel Blanco, que lo leyó la concejal más joven del consistorio, Marta González y el Alcalde también quiso expresar su sentir. «Con tan sólo 29 años, fue secuestrado por la banda terrorista ETA cuando se dirigía a su trabajo.
Sin saberlo, abandonaba por última vez su hogar. Esa misma tarde, la organización ETA hace público un ultimátum de 48 horas en el que chantajea al Gobierno de España y a toda la sociedad española».

Fueron días donde en 1997 «España contiene la respiración.
Millones de personas salen a las calles bajo un único grito: ¡Miguel Ángel, Libertad! En cada plaza, en cada ayuntamiento y en cada rincón del país se reza, se llora. Toda España es un clamor». Manos blancas, basta ya… así nació el Espíritu de Ermua».

Agotado el ultimátum, «los terroristas trasladan a Miguel Ángel Blanco hasta un paraje apartado. Allí termina la cuenta atrás. Instantes después obligan a arrodillarse.
Dos disparos a quemarropa en la cabeza intentan apagar para siempre una vida inocente. Después lo abandonan, gravemente herido, solo entre la tierra y el silencio, como si incluso su agonía formara parte del castigo».

Pocos minutos después, «dos vecinos lo encuentran aún con vida. 
A pesar de la brutalidad de las heridas, Miguel Ángel sigue aferrado a la existencia. España entera vuelve a albergar una mínima esperanza. Los médicos luchan con todos los medios a su alcance para salvarlo», pero no se pudo.

El dolor se convierte en un inmenso silencio colectivo. «España entera llora. Cientos de miles de ciudadanos acompañan su despedida. Las calles se llenan de lágrimas de flores de manos blancas y de una determinación inquebrantable de no ceder jamás ante terror».

29 años después

Hoy, «han pasado 29 años desde el asesinato de Miguel Ángel. Casi tres décadas después, EH Bildu, heredero del espacio político etarra, sigue sin condenar de forma expresa e inequívoca aquel crimen ni aquellos 853 asesinatos cometidos. La memoria de las víctimas exige verdad, dignidad, justicia y una condena sin matices del terrorismo».

Las víctimas del terrorismo «no pedimos venganza. Pedimos que se diga la verdad, que se haga justicia, que se respete la memoria de quienes lo perdieron todo. El legado de Miguel Ángel Blanco nos compromete a no apartarle la mirada de lo que está ocurriendo ahora mismo.
Porque esa verdad que tanto nos costó defender, sigue siendo atacada hoy de otra forma y con otros instrumentos».

A lo largo de este año, «los presos de ETA han alcanzado su mayor nivel de beneficios penitenciarios, sin arrepentimiento, sin colaboración con la justicia, sin un solo gesto hacia las víctimas y más de 300 asesinatos siguen sin resolverse».

Solo en verano de 2025 «se celebraron 135 homenajes a presos de ETA. Y esto no es libertad de expresión, es humillación a las víctimas del terrorismo. Homenaje a los asesinos, impunidad para sus crímenes, silencio ante las víctimas. Ésa es la realidad que vivimos 29 años después. 
Su legado nos compromete a exigir justicia. Los asesinos deben cumplir sus condenas sin atajo y sin alegalidades».

Y aquí queremos hablar directamente a los jóvenes, «a quienes no vivieron aquellos días de julio de 1997. Que los jóvenes sepan que Miguel Ángel Blanco no es solo un símbolo, era una persona, un hombre joven, bueno y valiente. que se sentía orgulloso de ser vasco y español sin complejo. 
Y por eso ETA lo eligió. Porque no tenía miedo, porque su sola existencia desmentía el relato de los fanáticos».

Que sepan que en julio de 1997, «otros jóvenes como ellos salieron a la calle sin que nadie los convocara, que llenaron plazas de Hermo en Bilbao, en Madrid, en toda España, que escribieron su nombre en carteles, que lloraron por alguien a quien no conocían que esa respuesta espontánea, masiva y sin miedo fue el momento más importante de la historia reciente de nuestra democracia».

Y que esa historia es también la suya. «Tiene que saber que no se puede reescribir la verdadera historia, que no se pueden blanquear a los asesinos y convertir a los verdugos en víctimas. Que frente a ese relato falso, el mejor instrumento es conocer la verdad». 
Hoy, como cada año, «miles de ciudadanos y decenas de municipios de toda España le recuerdan. El nombre de Miguel Ángel Blanco vuelve a sonar en las plazas y ayuntamientos de toda España. Y este acto no recuerda que son una sociedad que no olvida, que no se rinde, que sabe que la libertad tiene un precio que otros pagaron».

Su legado no es una página del pasado, en la página que cada generación tiene la obligación de leer, entender y defender. Y por ello, «su legado nos compromete un año más».

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