Hijo de Francisco de Paula Díaz Martínez y Rosario Argüelles Muñoz, Francisco de Paula Díaz Argüelles nació en la casa familiar de la Alameda esquina con Avenida de la Legión. Es el segundo de siete hermanos. Estudió en el Colegio de Nuestra Señora del Carmen, los “Carmelitas”, el Instituto Pedro Espinosa y la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Málaga.
Se casó con Matilde Vicente Ruiz Muñoz. Tienen tres hijos: Francisco de Paula, Mati y Paloma. Disfrutan de sus dos nietos: Francisco de Paula y Mateo. Participa activamente en la vida cultural y de integración, llegando a ser presidente de CASIAC y ahora es socio además, de la Fundación Cristina Marina.
La historia del Ayuntamiento de Antequera cierra un capítulo tras la jubilación de Francisco de Paula Díaz Argüelles, interventor del Consistorio desde 1985, 41 años al frente de las cuentas municipales. Su último Pleno fue el viernes 24 de julio cuando el alcalde Manuel Barón le adelantó que será nombrado Hijo Predilecto de la Ciudad.
Economista y funcionario habilitado estatal, repasa su trayectoria desde su vocación por el servicio público y su toma de posesión en 1985 hasta los grandes hitos económicos, tecnológicos y urbanos vividos bajo sucesivos alcaldes en Antequera. Destaca decisiones clave como la transferencia del Hospital de San Juan de Dios a la Junta de Andalucía, el Plan de Pago a Proveedores, o proyectos estratégicos como la implantación de Mercadona, el desarrollo del Puerto Seco o la denominación de Patrimonio Mundial. Así como la modernización informática y su visión ética de la función interventora.
Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, su vocación se consolidó de forma casi fortuita: “mientras tomaba una cerveza con unos amigos, vi un anuncio de una academia de preparación de oposiciones y decidí emprender el camino para ser interventor”. Tras comentarlo con su padre, orientó su carrera hacia la habilitación estatal, con el objetivo firme “de ejercer específicamente en el Ayuntamiento de Antequera”. Subraya que nunca contempló trabajar en otra ciudad: “mi arraigo y deseo de contribuir a nuestra comunidad fueron determinantes”. Pudo trasladarse a la Diputación Provincial, pero “rechacé ese cambio para preservar mi vida en Antequera: caminar 15 minutos al trabajo, seguir colaborando con CASIAC y mantener mis vínculos sociales y familiares”. La decisión, dice, le “mereció la pena” por equilibrio personal y compromiso local.

Su llegada al Ayuntamiento en 1985
Recuerda su “toma de posesión y primeros años en el Ayuntamiento cuando mi nombramiento como interventor se publicó el 31 de julio de 1985, con un mes para incorporarse; pero por ganas y acuerdo con la nueva secretaria, María Rosa Morales, ambos nos incorporamos el 12 de agosto de 1985”. Fue recibido por el entonces alcalde, el doctor Pedro Rojas “en un ambiente respetuoso y humano”. Los primeros años del interventor “estuvieron marcados por una gran carga de trabajo”. Recuerda su primer informe de reparo que lo abordó con preocupación, “pero la respuesta del alcalde fue tranquilizadora: ‘Tú no te preocupes, Paco, tú tienes que hacerlo’, fue lo que marcó un patrón de respeto institucional que se mantuvo con todos los alcaldes posteriores”.
Su trabajo codo a codo con los alcaldes
El doctor Pedro de Rojas fue el último alcalde sin dedicación exclusiva. “Él tenía una presencia limitada por su labor médica, pero siempre estaba allí con su apoyo humano y respeto al rol interventor, especialmente con los informes de reparo que me daba ánimos”.
Con Paulino Plata, comparte que fue el “más político en sentido positivo” en una época donde lo económico-financiero y expansión empresarial aprovechó la inauguración de la A-92 para posicionar a Antequera como “centro de Andalucía”, elaboró y difundió un manual de inversión. “Fue clave como parlamentario en la transferencia del Hospital de San Juan de Dios a la Consejería de Salud, aliviando una enorme carga presupuestaria municipal”.
Jesús Romero “asumió la alcaldía tras el nombramiento de Paulino como consejero y su primera actuación coincidió con la firma de un préstamo en Sevilla (Banco de Crédito Local)”. Lo distingue “por su apuesta por el patrimonio: rehabilitación integral de la Plaza de Toros mediante numerosas fases del PER y posterior contratación para los graderíos, con proyecto de Sebastián del Pino. Su trabajo sentó bases del turismo patrimonial actual”.
Ricardo Millán entró en el Ayuntamiento “como asesor de Cultura” hasta que llegó a la Alcaldía. “Gobernó tiempos complicados por la burbuja inmobiliaria y la gestión del Plan E, con una avalancha de obras a corto plazo, enfrentando dificultades propias del ciclo económico”.
Y se va con Manuel Barón. “Su arraigo social, con una trayectoria como docente en Cartaojal y liderazgo cofrade explican su éxito”. Lo conoce desde la infancia y resalta su reconocimiento y querencia en la comunidad.
En estos años, ha afrontado desafíos económicos y proyectos estratégicos donde destaca
el Hospital Municipal de San Juan de Dios, que “consumía entre el 60 y el 75 por ciento del presupuesto, generando una presión asfixiante”. Hubo proveedores de productos básicos (algodón, alcohol, radiografías) que “amenazaban con cortar suministros si no se pagaba”, por lo que se priorizaban esas facturas con urgencia sanitaria. Por lo que esta transferencia supuso “una buena medida para sanear la hacienda local”.
La independencia de Villanueva de la Concepción respondió a una demanda histórica: “primero funcionó como entidad local menor bajo la gestión de Juan Manuel Silva, con presupuesto propio; tras múltiples reuniones, hubo consenso sobre límites municipales y un expediente tramitado en la Junta de Andalucía, culminó la segregación, mitigando una larga fuente de tensión cívica”.
La implantación de Mercadona en Antequera fue un hito de empleo y economía local. “El proceso incluyó reuniones en el Ayuntamiento con el propio Juan Roig, el alcalde, Rafael Gómez, los portavoces políticos, y con el secretario y conmigo trabajando borradores hasta cerrar el acuerdo de madrugada”. Recalca su impacto en el tejido laboral de numerosas familias.
También el proyecto del Puerto Seco, “inicialmente recibido con escepticismo en el Pleno, aunque se reafirmó con el tiempo su relevancia estratégica para la logística y el desarrollo económico”.
Sobre la declaración de Antequera como Patrimonio Mundial “fue el resultado de un expediente largo y coral, con aportaciones de múltiples personas y la implicación de la Junta; con Rosa Torres como consejera en etapas del proceso”.
El Ayuntamiento que
deja con su jubilación
En la etapa inicial del mandato de Manuel Barón, expone que empezó con un contexto nacional difícil, al que “el Ayuntamiento se acogió al Plan de Pago a Proveedores mediante un préstamo del Gobierno donde se liquidaron atrasos a proveedores, y posteriormente se amortizó y reconvirtió la deuda, normalizando la tesorería”.
Le preguntamos si alguna vez las arcas municipales no pudieron pagar nóminas a los trabajadores. “Aunque no se vivió impagos de nóminas, sí se enfrentó momentos complejos de pago a proveedores”, anteriormente agravados por la práctica de facturas en los cajones y demoras de hasta uno o dos años.
En estos años, Díaz Argüelles destaca la evolución tecnológica y transparencia en la gestión municipal. Recuerda los inicios analógicos —libros contables manuales, con buena caligrafía, calculadoras y riesgo de facturas extraviadas en áreas— con la modernización progresiva. “El primer ordenador municipal fue un M40 de Olivetti, caro para la época, seguido por impresoras y sistemas cada vez más integrados”.
En este tiempo de trabajo reconoce la labor de Agustín Puche Muñoz, “quien, sin ser informático, impulsó la implantación tecnológica”, y de José Antonio Díaz Orozco, “actual jefe del centro de procesamiento de datos, que consolidó la transformación”.
Actualmente, la plataforma FACE canaliza todas las facturas directamente a Intervención, mejorando control y agilidad frente a la situación de hace 20 años.
En materia de integridad, afirma que “el diseño legislativo dificulta la corrupción institucional. Cuando ocurre, suele ser fuera de cauces legales y no registrable contablemente”. Expone que los interventores “están obligados a comunicar a fiscalía cualquier indicio delictivo y disponen de canal directo”. En su trayectoria, no detectó delitos que requirieran esa comunicación, limitándose a emitir informes de reparo por infracciones administrativas.
Ante su jubilación y como resumen de su aportación a Intervención, ahora prevé dedicarse al senderismo, actividad deportiva en el pabellón municipal, y continuar el compromiso asociativo con CASIAC y la Fundación Cristina Marina. Planea viajar a Barcelona para compartir más tiempo con sus nietos. Al sucesor le recomienda “ser positivo y flexible, interpretar la normativa al servicio del interés general de Antequera y apoyarse en el buen equipo de Intervención”, que considera un activo esencial. Reafirma que el norte de todo empleado público debe “ser mejorar la vida de la ciudadanía y la calidad de los servicios”.
Emocionado por el abrumador respaldo tras el anuncio de su jubilación, se define como “un antequerano que ha hecho su vida en la ciudad y ha intentado siempre actuar lo mejor posible, reconociendo la posibilidad de errores humanos”.
Así han sido estos 41 años donde la función como interventor se ha plasmado en dos grandes ejes: control de la situación económico-financiera del Ayuntamiento y llevar la contabilidad, con asesoramiento económico a la corporación. No es común que alguien de la tierra llegue a este puesto, pero Francisco de Paula lo ha conseguido.





