Fermín y Coqui, María Victoria y Vicente, dos matrimonios que encuentran en la música una terapia de amor con sus hijos. Ellos con capacidades diversas que le hacen sentir la vida de distinta; aunque en definitiva igual a la de cualquier persona. Por ello, iniciativas como el ‘Festival Indiant’ muestran lo fácil que es sentirse incluidos, estando presentes para disfrutar de la música como cualquier persona o familia.
Juan Fermín Molina y Coqui Rodríguez son padres de Lidia, una joven con parálisis cerebral, y María Victoria Ruiz y Vicente de la Aceña del Pino, padres de un hijo con autismo. De ellos surgió y se difundió la iniciativa pionera, contando con el respaldo del Ayuntamiento, del Lebis y de los colectivos: ONCE, EDAU, Neurotea, Singilia Barba, ADIPA y CASIAC.
La música independiente consiguió convertir al “Indiant” en ejemplo a seguir con las propuestas culturales inclusivas en Antequera. ¿Se imaginan que los artistas de esta feria tuvieran una sesión privada sin instrumentos ni luces estridentes con tantas personas que aman la música, pero sin tanto tronío?
Tras apreciar los rostros de los chavales, de los padres, incluso de los abuelos, sentimos la necesidad de poder quedar con ellos para que nos compartan lo vivido. Así quedamos en nuestra Redacción, para hablar ya de una iniciativa pionera surgida de una familia para crear un ambiente musical accesible para personas con diversas capacidades. Nos comparten los desafíos de accesibilidad sensorial (el sonido y las luces les afectan por el cambio brusco que perciben), por lo que tienen que sortear para poder ir con ellos a un concierto.
Ante ello, proponen soluciones concretas para hacer más inclusivos las iniciativas públicas como la feria, abogando por una mayor empatía y colaboración comunitaria para normalizar la diversidad funcional en la sociedad.

Un festival que lleva a la calle lo que viven en casa
El Festival de Música Inclusiva “Indiant” nació de la visión de unos padres (Fermín y Coqui) que, motivados por la pasión musical de su hija Lidia, decidieron promover un acto donde otras familias con niños de capacidades diversas pudieran compartir la experiencia de la música en vivo. Lo que comenzó como una intención personal se profesionalizó gracias al apoyo del Ayuntamiento de Antequera y la labor de Agustín González del Lebis. Hace cuatro años en el festival “Nosinmúsica” en Cádiz; allí, una conversación con Noni Meyers, cantante de Lori Meyers, sobre las dificultades de acceso de su hija con parálisis cerebral, puso de manifiesto la necesidad de crear espacios accesibles, como rampas y estructuras adaptadas.
Así, el objetivo principal de este festival “busca eliminar barreras sensoriales, como el volumen elevado y las luces intermitentes, que a menudo provocan crisis o impiden disfrutar a personas con diversas patologías o características, transformando un espacio público en un entorno acogedor y terapéutico”.
El formato central del festival “fue un innovador con un preconcierto acústico, inspirado en los conciertos unplugged. Durante esta sesión, los artistas bajaron del escenario, utilizando únicamente una guitarra y eliminando la parafernalia habitual para interactuar de forma directa y cercana con el público”. Cada grupo interpretó dos canciones, “creando un clima íntimo y mágico que fomentó una profunda conexión emocional entre los músicos y los asistentes”.
Este diseño fue concebido específicamente para atender las necesidades de personas con diversas funcionalidades, “como aquellas con autismo e hiperacusia, para quienes la sobreestimulación de los macroconciertos es a menudo insoportable”. Subrayan el poder de la música en directo como una forma de terapia “capaz de calmar, alegrar y romper barreras”.
Para las familias, la música representa además un soporte emocional vital y una fuente de fortaleza para afrontar los desafíos diarios, convirtiendo la experiencia en mucho más que un simple acto cultural.
Así, a las barreras de accesibilidad, es necesario derribar y conseguir la empatía social de todos, para quienes precisan de unas medidas simples, pero amplias, como sus hijos. “Aspectos sensoriales como el sonido y las luces son obstáculos significativos para muchas personas. Los cambios repentinos de luces y los volúmenes altos pueden provocar crisis o resultar insoportables para personas con ciertas patologías, impidiéndoles el acceso a eventos masivos como los festivales”.
Se destacó que la reducción del ruido, como en las “horas sin ruido” de la feria, es una medida que beneficia a toda la comunidad, creando un ambiente más tranquilo y comunicativo para todos.
Se argumentó que el desconocimiento sobre la diversidad funcional a menudo genera miedo y rechazo, lo que conduce al distanciamiento social. Por ello, “es fundamental fomentar la empatía para que la sociedad comprenda y normalice comportamientos que pueden parecer extraños o diferentes. El objetivo final es alcanzar una inclusión real, donde todos puedan disfrutar juntos y al mismo nivel, en lugar de una incrustación forzada”.
Éste es el marco necesario para apreciar la diversidad y utilizar la música y otras artes como vehículos para la conexión humana. Para ello le preguntamos por propuestas simples y concretas para poder contribuir a su finalidad. “Para mejorar la inclusión en Antequera, planteamos varias propuestas prácticas y específicas dirigidas a eventos y espacios públicos”. Entre ellas: bajar el volumen general en actos como conciertos y procesiones. Además, sugieren extender las franjas horarias con reducción de ruido en la feria a todos los días, en lugar de limitarlo a una única jornada, para ofrecer más oportunidades de asistencia.
Adaptar “al menos un vagón del tren turístico de la ciudad para permitir el acceso a personas en silla de ruedas e incrementar el número de taxis adaptados, ya que actualmente solo hay uno disponible”.
Instalar rampas de acceso en templos y edificios históricos para eliminar barreras arquitectónicas que limitan la movilidad. Algo que se avanza, pero que debería ser algo intrínseco a todo edificio. Sustituir los fuegos artificiales tradicionales por espectáculos de drones para eliminar el impacto acústico negativo, una medida que ya se ha probado con éxito.
Insisten en “fomentar el voluntariado para que más personas puedan ayudar y acompañar a las familias con hijos de capacidades diversas durante la feria y otros eventos”.
Aunque ya existen iniciativas positivas como las horas sin ruido en cabalgatas y centros comerciales, “estas propuestas buscan consolidar a Antequera como una ciudad verdaderamente accesible”.
La entrevista concluyó con una llamada a la acción. Se destaca la potencia del tejido asociativo de Antequera, caracterizado por su capacidad de colaboración y su trabajo unificado hacia objetivos comunes. Se hace una invitación abierta a la ciudadanía para que “se involucre como voluntaria o contribuya en las asociaciones, que necesitan tantos recursos como manos para llevar a cabo sus proyectos”.
Como visión de futuro se centran en “conocer para incluir, promoviendo una sociedad que valore la diversidad y normalice las diferentes formas de ser y sentir”. El deseo es que la empatía se convierta en el motor para que todos los ciudadanos puedan disfrutar plenamente de la vida y los eventos de la ciudad.
Esperan que el modelo de inclusión del Festival Indiant sea extendido en otros ámbitos, logrando que la alegría y el sentimiento de pertenencia sean una realidad para todos. Y como nos resume Coqui, madre de Lidia: “Por una sociedad que normalice la diversidad y acepte que la discapacidad y la diferentes sensibilidades, tienen mucho que aportar”. De todos depende. Seguiremos de cerca esta realidad que necesita de toda la sociedad para vivir en la calle, lo que sienten en casa.





