domingo 26 julio 2026
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Santiago festeja el patrón de España como identidad intrínsecamente ligada a la herencia cristiana

La Parroquia de Santiago de Antequera celebró este sábado 25 de julio la festividad de su patrón y el de España, siendo destacado en la homilía de la misa como «una identidad intrínsecamente ligada a la herencia cristiana», según destacó el párroco Francisco de Paula Aurioles.

Así, a las 20 horas, se celebró la festividad del patrón de España con una misa que fusiona las dos realidades parroquiales de Santiago y San Pedro. En ella se contó con el acompañamiento musical de José Antonio Morales al piano, precisamente ante el gran cuadro de Santiago en la Batalla de Clavijo, uno de los momentos más célebres e importantes de la Reconquista. En unos tiempos donde nos centramos más en su figura como apóstol y peregrino, no hay que olvidar su presencia espiritual tras Covadonga y las Navas de Tolosa, con la afrenta en Clavijo. Pero eso es otra historia.

Vayamos a la celebración de este año. En día de precepto, se celebró la festividad del patrón del popular barroco barrio donde participaron diferentes miembros de la comunidad y en la homilía, el párroco Francisco Aurioles profundizó en la fe cristiana que se fundamenta en la Encarnación: un Dios que se hace hombre, siente y ama, un concepto que la diferencia radicalmente de otras religiones monoteístas.

La homilía presentó este misterio no como una verdad teológica abstracta, sino como una realidad vivida a través de la figura del Apóstol Santiago. Santiago, junto a Pedro y Juan, no fue solo un discípulo, sino un amigo íntimo de Cristo, testigo privilegiado de su gloria (Tabor) y su angustia (Getsemaní). Esta intimidad es el modelo para el creyente: «nosotros estamos llamados a ser no solo seguidores, sino amigos de Cristo, llevando el tesoro de la fe en vasijas de barro».

La celebración del Patrono de España es, por tanto, un recordatorio de que la identidad española está intrínsecamente ligada a esta herencia cristiana, un llamado a mantenernos fieles a través de los tiempos, proponiendo a Cristo en la vida pública sin imponerlo. Para ello la fe es el eje de nuestra vida con la fortaleza de la intimidad, nuestra identidad y la misión.

El cristianismo, frente al judaísmo y el islam, tiene en la Encarnación a un Dios que no es solo misericordioso y clemente, sino que es amor (Deus Caritas Est). Este amor se manifiesta en un corazón de carne, el de Jesús. Esto implica que las emociones humanas —alegría, sufrimiento, esperanza— no le son ajenas a Dios.

Cristo, como hombre perfecto, tuvo una vida pública, con discípulos, y un círculo íntimo de tres amigos del alma: Pedro, Santiago y Juan. Esta estructura de intimidad creciente demuestra que Dios no ama de forma genérica, sino personal y con afectos. La Encarnación es, por tanto, la raíz de una fe relacional, no solo doctrinal.

La figura del Apóstol Santiago sirve como el arquetipo del creyente llamado a la amistad con Cristo. Santiago, junto a Pedro y Juan, presenciaron los momentos cumbre de la divinidad de Jesús (la Transfiguración en el Tabor) y su vulnerabilidad más profunda (la agonía en Getsemaní, donde sudó sangre).

Así, la verdadera grandeza no es el poder, sino el servicio y el sacrificio («beber el cáliz»), un camino que el mismo Cristo transitó al «dar su vida en rescate por muchos». Citando la Epístola, el sermón subraya la fragilidad humana («vasijas de barro», «barro de botijo») que porta el tesoro de la fe. No se espera la perfección de una «porcelana», sino la funcionalidad de un recipiente que, aunque quebrado y remendado («con lañas»), cumple su propósito.

Esto nos autoriza a «comenzar y recomenzar» en la vida espiritual. La solemnidad de Santiago, Patrono de España, se presenta como una interpelación a la identidad nacional. El párroco expuso que la Historia de España («esta piel de toro») es incomprensible sin el Evangelio, desde los primeros mártires (Ciriaco y Paula) y los grandes obispos visigodos (Isidoro, Leandro) hasta los santos del Siglo de Oro (Teresa, Juan de la Cruz) y figuras contemporáneas y próximas como Santa Eufemia, Madre Carmen, Enrique Vidaurreta o Manuel González.

Hoy pide proponer y no imponer en un contexto de «tiempos convulsos» donde «la mentira se ha canonizado», la misión del cristiano no es la imposición, sino la proposición de Cristo. Se invoca a Juan Pablo II para subrayar que quien propone lo hace desde el convencimiento y la naturalidad, a diferencia de quien impone por falta de seguridad.

Una homilía donde incluso mencionó al escritor y filósofo Miguel de Unamuno para afirmar que el ser español encuentra su plenitud y dignidad en la vivencia cristiana, ya que Jesucristo «nunca viene a restar, siempre viene a enriquecer». Y como oración final pide que España, por el patrocinio de Santiago, se mantenga fiel al hijo de la Virgen «hasta el final de los tiempos».

Más información edición digital www.elsoldeantequera.com y de papel el sábado.
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