Las religiosas Carmelitas Calzadas celebran la festividad de la Virgen del Carmen con una novena del 7 al 15 de julio, víspera y función el jueves 16, contando con la predicación del carmelita Antonio Jiménez. Para la ocasión, la imagen mariana de Diego Márquez se traslada desde su altar al centro del templo donde recibió veneración.
Las novenas comenzaron a las 17,30 horas con el rezo del Rosario para a las 19,30 horas, ejercicio de la novena y misa, a las 20 horas. El sábado 11, la novena y misa fueron a las 8 de la mañana. El miércoles 15 de julio, Salve a la Virgen a las 23 horas.
El carmelita, Hijo Adoptivo de Antequera, estructuró la novena con un tema cada día. Así, empezó con la devoción a la Virgen, para seguir con María, signo de reconciliación; la escucha de la Palabra, bendita por la fe, en el hogar de Nazaret, compromiso cristiano, signo del triunfo, compañera en la cruz y 750 aniversario del escapulario.
Así, compartió que “el Escapulario del Carmen no es un amuleto mágico ni un pasaporte automático al cielo; es la manifestación visible de un pacto de fidelidad entre la Virgen María y la humanidad, un hábito en miniatura que nos compromete a una vida de oración, interioridad y pureza”.
Se está conmemorando el 775 aniversario de su entrega a San Simón Stock, como un recordatorio de su función: un signo de consagración a María y un compromiso para imitar sus virtudes. En un mundo saturado de ruido y distracciones, “el acto de portar el Escapulario nos llama a emular el silencio, la obediencia y la oración de la Virgen, buscando la gracia a través de los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía”.
Compartió que «la verdadera devoción no reside en la tela, sino en la transformación interior que esta representa». Así aludió a la promesa del Carmelo con los 775 Años del Santo Escapulario. En el año 1251, la Orden de los Carmelitas, habiendo huido de Tierra Santa a Europa, enfrentaba una crisis existencial. Eran incomprendidos, rechazados y se encontraban en peligro de extinción.
Su prior general, San Simón Stock, no recurrió a influencias políticas, sino a la oración de rodillas. Suplicó a la Virgen María con la oración Flor Carmeli pidiendo una señal de protección para su orden. La Virgen María se apareció a San Simón Stock el 16 de julio de 1251. Le entregó el Santo Escapulario como un privilegio y un signo de protección para todos los carmelitas y devotos que lo portaran con fe.
Representa una consagración de la vida a la Virgen María. Un Compromiso de imitación: Es una llamada a vestir las virtudes de María: su pureza, su silencio, su oración y su obediencia a la voluntad de Dios. También aludió a ser una catequesis visual: al igual que los retablos de las iglesias, el Escapulario sirve como una enseñanza visible y constante de la protección maternal de María y del llamado a una vida de interioridad.
La celebración de este aniversario es una invitación a renovar el compromiso que el Escapulario simboliza. En una sociedad de distracciones constantes, el Escapulario llama a una vida de interioridad y oración, a buscar a Dios en el «susurro suave», como el profeta Elías.
Se extiende una doble invitación a los fieles: para quienes ya lo portan, renovar su compromiso de vivir una vida santa; para quienes no, recibirlo con fe como un refugio bajo el manto de María.













