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Los devotos del Rescate le brindan veneración en su festividad en La Trinidad de Antequera

La iglesia de La Trinidad de Antequera acogió este fin de semana la festividad del Señor del Rescate de la Cofradía del Martes Santo, según nos comunicaba la hermandad que preside Rogelio García Cisneros.

Los cultos comenzaron el viernes 23 de octubre, a las 21 horas, en la Parroquia con la Adoración al Santísimo. Plausible gesto al comenzar con el rezo ante el Santísimo, la base de la oración.

Ya el domingo 25, la familia trinitaria se unió para celebrar la Eucaristía con la imagen del Señor del Rescate trasladada desde su altar hasta el Altar Mayor. Su camarera Ana Lara lo visitó de Martes Santo, con su túnica procesional. El conjunto removía la devoción a una de las imágenes más arraigadas en la ciudad.

Entre los asistentes, el alcalde Manuel Barón, la teniente de alcalde Ana Cebrián, el presidente de la Agrupación de Cofradías Juan Manuel Sancho, fuerzas de seguridad y cofrades de Gloria y Pasión.

La homilía fue pronunciada por el vicario episcopal de interior el trinitario Antonio Jiménez, quien destacó que la auténtica fe cristiana «no se valida mediante una piedad pasiva ni abstracciones teológicas, sino a través del compromiso directo e ineludible con los sectores más vulnerables de la sociedad». A partir del mandato evangélico del amor a Dios y al prójimo, se desmonta la falsa dicotomía entre la espiritualidad teórica y la acción social: la salvación es comunitaria y exige una cercanía real con el inmigrante, las personas sin hogar y quienes carecen de dignidad material.

Como miembros de la Cofradía del Rescate y de la Iglesia, «asumimos la responsabilidad moral de no mirar hacia otro lado; nuestra identidad exige transformar la devoción al Cristo atado en un servicio activo por la justicia, la libertad y la dignidad humana», compartiendo sus raíces trinitarias y de compromiso con los más débiles.

Se basó en las lecturas del día donde Jesús prescinde de tratados teológicos complejos y sintetiza el mandamiento principal: amar a Dios plenamente y amar al prójimo como a uno mismo. Aunque el amor al prójimo corre el riesgo de quedarse en una piedad discursiva si no se aterriza en la realidad material del sufrimiento humano.

Así, la palabra profética define el amor al prójimo no como un sentimiento, sino como una serie de acciones concretas: acompañar al inmigrante, rechazar la usura sobre el desfavorecido y compartir bienes e historia. La condición de persona sin hogar trasciende a quien duerme en la vía pública; abarca a miles de ciudadanos atrapados en infraviviendas que carecen de condiciones mínimas de dignidad.

Llamó la atención de fijarse en el modelo del Cristo Maniatado: la imagen del Señor del Rescate, privado de su libertad física, pero manteniendo una mirada de misericordia incondicional. Constituye el marco de referencia ético para la comunidad de Antequera. Porque «la salvación no se alcanza individualmente mirando al cielo con devoción estéril, sino trabajando activamente en la construcción de una sociedad basada en la justicia, la paz y la restitución de oportunidades para los desprotegidos».

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