Escribimos hoy como padres y suponemos que muchos se sentirán identificados. Llegamos al último mes de curso con 40 grados a la hora de salir los colegios a mediodía. Y la pregunta es: ¿hay derecho y es humano ver a los niños cómo salen a esas horas? Si se suspenden clases por amenaza de lluvia, ¿no se debería de optar por lo mismo, pero por el calor? En los últimos días hemos presenciado desvanecimientos de niños, padres y abuelos a la hora de salida. ¿Es preciso?
Vamos por partes. En esos sanedrines de espera de padres y madres se cogen ideas. Hay quienes abogan por los turnos que había hace 40 años: clases por la mañana y por la tarde. Así, con estas horas de más, las clases podrían terminar antes. ¿Ven normal terminar un 24 de junio en Andalucía con un mes de mayo con temperaturas de agosto? Si ya tienen extraescolares, no sería un caos. No tendrían que ser todos los días y se podría buscar un horario flexible.
Ahí viene uno de los peros de esta medida: ¿cómo pueden adaptarse los padres que trabajan por la tardes o que ya se las ven y desean con estos horarios? Con todos los respetos, ayudas para conciliar: con reducción de horas sin disminución del sueldo o ayudas extra para los autónomos. Si se quiere, se puede.
Seguimos analizando. ¿Para siempre o los días de alto calor? Mientras que se ponen de acuerdo en un cambio total, que es complicado y costará tiempo, la actual reglamentación autonómica autoriza a los colegios a decidir suspender las clases o reducir el horario, si hay alerta naranja o roja por calor y lo notifican con tiempo. No las hubo el lunes y el martes, pero porque no lo indique AEMET no quiere decir que no hubiera esa asfixia. Quienes estuvieron a esa hora en las puertas de los colegios, pueden dar fe.
Hoy, aunque se prohíba, recomiende o no se aconseje, los hogares y los niños tienen acceso a Internet por televisión, ordenadores, tablets o móviles. Si hay que quedarse uno o varios días en casa por el calor, habrá que hacerlo y conectarse vía remota entre profesores y alumnos. La pandemia nos llevó a adaptarnos y los golpes de calor son así.
Ayudas de climatización. Se pusieron en marcha, se están aplicando, pero no llegan como se necesitaría. ¿Están los centros educativos preparados para afrontar el encendido de los aires acondicionados en todas las aulas y espacios comunes? ¿Qué cantidad de aparatos y qué capacidad deben de tener para abarcar los espacios necesarios? ¿Qué pasa con los espacios comunes, zonas de deporte o de recreo?
Para que fueran efectivas estas medidas, los colegios tendrían que estar construidos en edificios como un supermercado o un centro comercial. Son las únicas grandes plataformas que lo soportan. Quizá de cara al futuro, sería algo esencial: obligar a que tengan un circuito integral. Pero eso son utopías.
Así que a falta de veinte días, si volvemos a los 40, pedir a la Junta de Andalucía y a los colegios que estudien la posibilidad y necesidad de suspender clases los días que así lleguen tan altos los termómetros. Y a la nueva Junta de Andalucía, que promueva un cambio en el calendario escolar para toda la comunidad autónoma porque en esto sí estamos todos iguales: en el intenso calor.
Ojalá se busquen soluciones porque aquí: o se quedan en casa, o van a un Mercadona, o dan clases en la piscina o a ver cómo se soportan los días de intenso calor que nos quedan por vivir.




