Desde meses atrás se sabía, fuese o no a ciencia cierta , que la llegada de Trump a la Casa Blanca iba a provocar todo un revuelo con un efecto dominó de resultados inimaginables. Donald Trump, esencia viva de la megalomanía, ha rehabilitado a Putin, criminal de guerra y con ese gesto pone sobre la mesa una Europa debilitada que no tiene mucho margen de maniobra.
EE UU y Rusia nos revelan a cada minuto que pasa que el nuevo orden mundial se está gestando; ya no hay marcha atrás. En ese contexto, como suele ocurrir cuando las aguas superficiales aparecen con virulencia, no dejan de surgir preguntas e interrogantes que giran principalmente en torno a las posiciones que adopta el viejo continente.
Muchas son las voces que ya se preguntan si Europa seguía en un profundo sueño desde el fin de la II Guerra Mundial, otros muchos creen que el viejo continente había prolongado una situación de siesta de la que únicamente parecía querer dejar atrás con la irrupción de algún movimiento de izquierda. Sea como fuere, la realidad está siendo palpable: la Europa ausente no está siendo atacada, sino que todos los europeos estamos siendo atacados porque se quiere acabar con las viejas democracias europeas y estos gestos sacan a la luz la inanición de los dirigentes europeos que se han quedado continuamente en los discursos pero no avanzaron hacia los hechos.
Así pues, sin querer ser catastrofista, hay que resaltar que EE UU trabaja duro y lo hace sin compasión alguna. Quiere a Ucrania alejada de Europa y sin posibilidad de entrar en la OTAN; quiere Ucrania porque es el país de los recursos raros y caros y, sobre todo, quiere liderar el nuevo orden mundial desde un punto de vista político. Así, solo así, creerán ellos que podrán superar al gigante asiático, China, que –como dije en otro momento– sin cohetes en el espacio pero con el trabajo diario (martillo pilón) llevan desde 2010 arrojando mejores datos en la actividad industrial.
Nada es para siempre, ni tan siquiera “la falsa” paz que parece nos envolvía a Europa y que en los últimos años venía siento testigo de la surgencia de movimientos ultranacionalistas. No toca pues hablar de EE UU, sino que es Estados Unidos la que está diciendo como quiere que suenen los instrumentos en Europa y quienes son los que deben tocar primero. Las cumbres informales del francés Macron y el querer ser de algunos como nuestro presidente Sánchez anunciando a bombo y platillo su apoyo a Ucrania con la visita pasado mañana a Kiev desnudan de nuevo la prontitud de las decisiones europeas por no querer quedarse fuera de juego. Una Europa más fuerte y con mayor inversión y gasto en defensa es la única solución posible; veremos a ver que maniobras realizan sus integrantes.