Que Trump espíe a través de Rusia los emails de Clinton, me parece novelesco, que los titulares de la prensa de estos días sea el Yak- 42 me parece trágico. Vamos al preámbulo, o al prólogo de esta tragedia, tal vez así lleguemos a esa mal construida verdad sobre los hechos. Sabemos por experiencia, que los humanos somos capaces de soportar adversidades e injusticias, pero cuando nos olemos mentiras, cinismo o desfachatez, entonces es posible que estallemos. Es que si no ¿en qué nos convertiríamos?
Yo creo que la política de un tiempo a esta parte deja mucho que desear. Pero sigamos con las heridas profundas ocasionadas por ese transporte aéreo que tenía que trasladar a nuestros militares destinados en Afganistán. Sucesión de subcontratas a cual más cutre y ya sabemos que las subcontratas se crean: a) para ahorrar dinero, b) para que alguien se lleve la pasta.
Un protagonista, Federico Trillo, ministro de defensa, otro El Gobierno de Rajoy. El avión no cumplía las condiciones mínimas de seguridad y lo sabían todos. Había informes como para empapelar tres ministerios. Tras el accidente el Gobierno unió todos sus esfuerzos por tapar el asunto. Era una mancha negra. Se esforzaron en exculparse, era una desgracia que había que hacerla desaparecer para su propio provecho político.
¿Y qué fue de las víctimas, las identificadas y cuyos restos se mezclaron? ¿Lo recuerdan? Yo sí, pues pregúnteles a los familiares a los que encima se les acusó de querer indemnizaciones. A estas alturas ya puedo hablar de valores humanos. Resumo este aciago hecho. Primero se comente errores crasos, después se estrella el avión, rápidamente se minimiza el hecho y como todos los tapujos no surten efecto, se criminaliza a los que los propagan y a los muertos. Pero no contentos con esto, se premia a los malos con embajadas ¡Vergonzante!