El 16 de septiembre está cerca y con él la concesión de la Medalla de la Jarra de Azucenas, en su categoría de plata. En este año, uno de los comercios más veteranos de nuestra ciudad recibirá dicha galardón con motivo de su 120 aniversario.
Dos de los grandes artífices de que esto sea una realidad son José y Rafael De la Linde que han luchado durante muchos años para que el negocio llegue hasta nuestros días. Con ellos hablamos sobre este reconocimiento. “Nos ha dado mucha alegría y satisfacción. La noticia la recibimos de una llamada del alcalde Manolo Barón. Tenemos mucha alegría porque después de tantos años, recibir un premio de estos para nosotros es muy importante”, explican.
Este comercio tiene una larga tradición familiar: “En 1897 nace mi padre José De La Linde Gómez en la ferretería de sus padres en la calle Lucena. En 1936 se independiza de mis abuelos y se pasa a la calle Estepa, pero no puede abrir, porque hubo un bombardeo aéreo de la Guerra Civil”, explica José.
“En 1940 me incorporo a la edad de 12 años y en 1960 se suma mi hermano José con 14 años. Después ya más tarde entró mi hija Salomé, el yerno de mi hermano, Josema y mi sobrino José Jacinto, que son los que están ahora al frente del negocio. En 2005 la ferretería se traslada por la imposibilidad de aparcamiento y también por la expansión del negocio”, subraya Rafael.
Evolución y secreto del éxito comercial
120 años no se cumplen todos los días y para José el éxito solo tiene un camino que han cumplido y han sabido cumplir a rajatabla cada día: “Mucho trabajo y muchas horas de trabajo. En definitiva, ganas de trabajar”.
“Antes se trabajaba hasta los domingos y mucho más que ahora. Ahora todo es más mecanizado, estamos aquí en el polígono y contamos con mucha maquinaria, y por tanto, no es lo mismo que antes, cuando todo se hacía a mano”, concluye José. Una familia y comercio ejemplares en Antequera. ¡Enhorabuena!
Curiosidades
“Nuestro padre era muy amigo del recordado director de El Sol de Antequera, José Muñoz Burgos al que por la Guerra Civil le quemaron El Sol de Antequera en 1936. Decidió ayudarle incluso económicamente, ya que moralmente se hundió. La redacción de El Sol de Antequera se quedó muchos años en nuestra casa. La ferretería no pudo abrir porque cayó una bomba en la puerta, incluso hasta hace poco teníamos hasta una metralla”, concluye José.