Mientras leo “El círculo oscuro” de Douglas Preston y Lincoln Child, novela negra. Mientras sigo las peripecias del inspector Alosyus Pendergast por los pasillos de un crucero, por no hablar de los camarotes de altos vuelos, en donde se tejen historias interesantes y muy bien narradas, que te atrapan hasta viajar a las profundidades más tenebrosas de los espacios descritos con firme creatividad y amplia imaginación. Aquí, en tierra firme, cuando la noche empieza a caer y me da un espacio para estas paginas, oigo las sirenas de uno de los cruceros “aparcado” en el puerto de Málaga.
Estoy casi segura de que se trata de la fiesta de despedida en uno de estos mastodontes que levará anclas hacia otros destinos. Mi mente deja de seguir al detective y a su ayudante, y se detiene en una pregunta que parece invadir mi espacio ¿qué pasa en los cruceros ahora? ¿ha sido siempre así ? Por cierto las incidencias más notables en un crucero tienen que ver con el equipaje. La verdad es que nunca he estado en ninguno, no nos atrae para nada ese viaje, pero tengo amigos que han disfrutado de lo lindo. Físicamente, notamos cuando arriba un crucero al puerto, porque el centro de la ciudad se llena de gente a tropel, turistas que son bienvenidos, pero que lo invaden todo. Cuando terminen su periplo por estas rutas volverán al pueblo flotante.
Virus enloquecidos que se han embarcado de crucero. Cierto es que los virus están presentes en nuestra vida desde que nacemos, por ahí viviendo a sus anchas. La industria de los cruceros no se queja de caída de reservas, es más comentan que un virus en un barco de esas características está más controlado y aislado. No sé yo. El caso es que la industria sigue viento en popa. Las navieras amplían flotas y refuerzan medidas sanitarias, también hablan de la sostenibilidad del sector.
En fin, los cruceros son ciudades que se mecen, en los que estoy segura, siempre hay un rincón mágico por descubrir. ¡Buena travesía!




