miércoles 27 mayo 2026
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El nombre de Miguel Ángel Soto se hace eterno dando nombre a la Escuela de Balonmano de Antequera

La Escuela de Balonmano de Antequera pasa a llamarse Miguel Ángel Soto, recordada figura del Balonmano que nos dejó demasiado pronto. Este miércoles 27 de mayo por la tarde en el Colegio Infante don Fernando, el club Dólmenes Antequera así lo ha compartido en un acto emotivo con su familia, amigos y apasionados del Balonmano.

Emoción en el interior del centro del que fue profesor y director, lugar donde por la tardes emprendió la escuela de balonmano, ocho mese después de su adiós, su club, sus compañeros y su familia volvieron a reunirse en su memoria. Semanas después, se sigue lamentando su pérdida, semanas después, se respira el cariño que se le tiene y la pasión que dejó marcada en su colegio, en la ciudad y en su familia.

Así, abrió el acto el presidente del club, Daniel Podadera, quien expuso que no había mejor manera que cerrar la temporada que recordando a la figura de Miguel Ángel Soto. Luego, tres se sus amigos (José Luis Espejo, Manuel Machuca y Juan Miguel Sánchez) emocionaron a los presentes al compartir cómo era Miguel Ángel en su vida, desee niño a mayor, al conocer y casarse con su mujer Carmen María, al tener a su hijo «Migui» y al darlo todo pro la Enseñanza y el Balonmano.

Siguió el director del centro, Juan Jesús Peñafiel, quien no pudo contenerse y se emocionó al creer que aún vendrá a clase. Terminó el alcalde Manuel Barón quien destacó la buena persona que es Miguel Ángel y el deseo de la ciudad de reconocer así a un hijo ilustre. El acto terminó al descubrir una placa y el gran recuerdo que da nombre a la escuela.

La gente buena no se entierra, se siembra
Miguel Ángel tenía un gran corazón como demostraron en sus discursos sus amigos. Primero empezó el presidente del Club los Dólmenes, Dani Podadera, quien exclamó: «Desde ahí arriba estoy seguro que está cuidándonos para que el balonmano en nuestra ciudad siga creciendo y sobre todo desde su escuela». Hoy «es un día importante para el Balonmano en Antequera y qué mejor colofón para esta gran temporada de balonmano en nuestra ciudad que este acto en homenaje a Miguel Ángel».

Por parte del club «queremos poner en valor todo lo que él ha significado para el Balonmano en Antequera y sobre todo para su escuela. No solo recordamos a Miguel Ángel Soto, sino que ponemos en valor todo lo que fue y todo lo que hizo por este deporte y por este ciudad. Su dedicación, su esfuerzo y su pasión ayudaron a construir lo que hoy somos. Miguel Ángel es y será siempre una parte esencial de la historia del balonmano en Antequera».

También «queremos reconocer a toda la familia Soto, a sus hermanos, a su hijo, a sus sobrinos, porque el legado de Miguel Ángel no solo vive en el Balonmano, sino también en una familia que ha estado profundamente ligada a este deporte y a nuestro club».
Representa «mucho más que una sola imagen. Representa la unión del Balonmano en Antequera, de sus raíces y desde los más pequeños, desde este lugar donde nace la pasión por este deporte que tanto compartimos».

Empezó José Luis Espejo quien compartió: «Sus amigos no solo vamos a hablar en nuestro nombre y en el de nuestra familia, sino también en el de su esposa Carmen y su hijo Miguel. De hecho, Carmen fue nuestra amiga antes que pareja y posteriormente mujer de Miguel Ángel, y a su hijo le hemos visto crecer como a uno más de nuestros hijos».

Cuando pasó lo que pasó, «algunas personas en mi entorno laboral me preguntaban quién era Miguel Ángel y mi problema era explicar lo que había significado en mi vida y la de mi familia. Cómo se le llama a alguien a quien conoces desde los tres años y con el que has compartido durante medio siglo, tantas y tantas cosas». Amigo se queda corto. «La única palabra que se venía a la cabeza era hermano, con el permiso de los suyos. Por supuesto, siempre me he sentido un Soto más».

Para terminar dejó a todos con el corazón en el puño con una frase sacada en una canción de Pedro Capó «que precisamente conocí poco después de la marcha de Miguel Ángel, dice: la gente buena no se entierra, se siembra. Un abrazo muy fuerte allá donde estés, amigo mío. De seguro que más cerca de lo que ninguno de nosotros podemos imaginar».

Tras una fuerte ovación, siguió Manuel Machuca quien dijo de él: «Qué gran legado ha dejado su deporte tan querido! Yo tuve la suerte de conocerlo en el instituto, y de ahí en adelante siempre juntos: Universidad, la boda, con su querida Carmela, el bautizo de su Migui, el niño de sus ojos, comuniones, viajes, en fin, una vida juntos».

Esfuerzo y dedicación para conseguir las cosas. «Cómo lo peleaba Miguel todo hasta conseguirlo, para él nunca existía la palabra de rendición. Ayuda al compañero, en la vida como en el balonmano, jamás te dejabas solo, siempre lo tenías cuando lo necesitabas. Si algo se complicaba, como en el balonmano en momentos difíciles, decíamos balón a Miguel Ángel, que sacaba el kárate y siempre encontrada la solución».

Terminó Juan Miguel Sánchez quien destacó lo que par él fue su mujer Carmen, su hijo Miguel Ángel y su familia, los 2 pilares fundamentales de su vida. «Por eso entiendo que no hay mejor lugar para hacerle un homenaje que éste, su colegio y organizado por su club. Aquí, junto a las pistas donde él desarrolló y potenció su querida escuela de balonmano, tuvimos la suerte».

Compartió «una frase que nunca olvidaré, no interesa ganar en alevines, que los niños se lo creen y hay que trabajar mucho más y con muchísimos más triunfos celebrados siempre desde la forma que se merecía. Aún recuerdo un abrazo en Dalías, un pueblo de Almería que casi me cuesta una lesión cervical. Ese era Miguel Ángel, pasión, dedicación y esfuerzo en todo lo que hacía antes de finalizar».

Juan Jesús Peñafiel también quiso expresar lo que sentía: «Si estuviera nadie como él hubiera gestionado este colegio como lo hacía, pero no voy a hablar como director, sino como compañero y amigo. Llegué aquí en 2018 y él estaba en el equipo directivo. Después de conocernos y compartir nuestro día a día, los dos nos dimos cuenta que teníamos una buena sintonía».

Él tenía tanta ilusión de determinar o de llevar a cabo, «se vio truncado por la maldita enfermedad que le alejó al final de nosotros. Miguel nunca quiso desconectar del colegio. Desde su casa nos llamábamos, nos escribíamos y siempre le gustaba estar informado de todo lo que ocurría. Me decía que quería seguir desde allí haciendo cosas para el cole, aún estando de baja».

Aún estando aquí «todas sus cosas, sus carpetas, su bolígrafo, sus libros, su ordenador. Su material deportivo, su despacho y tantas cosas que nos podrían nombrar ahora. Quiero deciros que vamos a seguir trabajando lo más parecido posible a como Miguel lo hubiera hecho. A mí me queda poco para jubilarme, pero estoy seguro de que mis compañeros así lo harán. También tenemos aquí en el cole trabajando a su hijo Miguel Ángel. Y ya sabes que la ilusión más grande de tu padre era que siguieras sus pasos. Así que hay que darle duro a Miguel a las oposiciones y poner todo lo que esté de tu parte».

Cerró el alcalde Manuel Barón quien destacó que «ser maestro, como era Miguel Ángel, y tener pasión por el Deporte por el Balonmano. Eso es lo que han inculcado personas como Manolo Porras, que lo estoy viendo por ahí. El club balonmano, la enseñanza. En definitiva, los niños, la educación. La educación a través de los valores y el deporte. Que Miguel Ángel representaba como nadie, qué persona, era tan ilustre, haciendo lo que mejor sabía y lo que mejor quería».

Todo ellos «ayudando a valer sus propios valores hacia los demás. Y a lo que es más importante y lo que nos hace comprenderlo todo, a los niños. Para que vieran en él un maestro, un educador, un entrenador, en definitiva, un ejemplo. Y eso cuando veo a su hijo, Miguel Ángel, pues me emociono porque sabes llevar muy bien los pasos de tu papá, Miguel Ángel, que no tienes para menor duda. Y lo que te han transmitido tu madre, tus abuelos, tus tíos».

Tenemos que estar tristes, «sí porque la muerte es la pena de dejar de vivir esta vida. Una vida maravillosa que Dios le regaló a Miguel y después se la desposeyó. Pero no ha dejado regalos imponentes como la escuela, como su legado, como su trayectoria, como su ejemplo, como su saber estar. Uno de los antequeranos de verdad, de los que te gusta conocer, de los que te gusta tratar, de los que te gusta compartir momentos. Eso era Miguel Ángel Soto y eso lo sigue siendo porque pervive en el corazón de tantos antequeranos y tantos antequeranitos que lo recuerda con devoción».

Por último, su hijo y su mujer descubrieron la placa que queda en el patio del colegio bajo una gran pancarta con su efigie, siempre mirando a los suyos, a los chavales, a los jóvenes, a su equipo. Y como sombra de calurosa tarde, su hijo, con su misma camiseta, número y nombre. Carmen, su mujer, muy emocionada agradeció tanto cariño.

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