lunes 6 julio 2026
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La apuesta que nunca se gana

Hay adicciones que se reconocen enseguida y otras que pasan desapercibidas durante años. La ludopatía pertenece a este segundo grupo. No deja señales físicas evidentes, pero destruye lentamente la estabilidad emocional, las relaciones y la economía de una persona. Además, es un problema mucho más frecuente de lo que solemos admitir.

Cada vez comienza antes: muchos adolescentes normalizan las apuestas deportivas o el juego online como una forma más de ocio. Crecen rodeados de mensajes que asocian apostar con emoción, habilidad o éxito, sin ser conscientes de los mecanismos psicológicos que hay detrás.

Uno de ellos es el refuerzo intermitente, uno de los sistemas de aprendizaje más potentes que conocemos. El jugador no gana siempre; de hecho, pierde la mayoría de las veces, pero esas ganancias ocasionales mantienen viva la esperanza. Es el mismo principio que explica por qué cuesta tanto abandonar ciertas conductas: nunca se sabe cuándo llegará el próximo premio.

Con el tiempo, el objetivo deja de ser ganar dinero. Muchas personas juegan para recuperar lo perdido, aliviar la ansiedad, escapar de los problemas o sentir una descarga de emoción. El juego deja de ser una elección y se convierte en una necesidad. Y cuanto más se pierde, más intensa es la urgencia de seguir apostando. A todo ello se suma un factor preocupante: hoy basta un teléfono móvil para acceder al juego a cualquier hora. Nunca había sido tan fácil apostar y tan difícil desconectar.

La ludopatía no es una falta de voluntad; es un trastorno psicológico que altera el control de los impulsos y convive con ansiedad, depresión y aislamiento. Por eso, el reproche rara vez ayuda; la comprensión y el tratamiento, sí.

Quizá la mejor prevención sea dejar de pensar que “eso solo les pasa a otros”, o que “todo el mundo lo hace”. Detrás de muchas apuestas no hay avaricia, sino sufrimiento. Y ese sufrimiento nunca se resuelve con un premio, sino con ayuda profesional y el apoyo del entorno.

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