Esta semana ha habido en Antequera una quedada de jóvenes para farmear aura. Imagino que esto que digo no suene para nada a los más mayores, como no me sonó a mi cuando lo escuché las primeras veces. Cuesta hacerse con el nuevo vocabulario por el que nuestros jóvenes transitan y se comunican y cuesta aún más retenerlo porque estamos acostumbrados a llamar las cosas de otras formas. Pero creo que si no nos ponemos las pilas los adultos y nos hacemos con ese léxico nos quedamos atrás y no nos enteramos de nada. Sobre todo no nos enteramos de sus intereses, preocupaciones y formas de relacionarse. Poder acceder al mundo juvenil pasa no solo por hablar su mismo idioma, claro está, sino sobre todo por comprender el sentido que tienen las nuevas formas de expresión.
Las batallas de farmeo de aura son una manera diferente de divertirse, aunque cueste entenderlo. Hay opiniones de todos los colores y muchas de ellas en contra, pero creo sinceramente que es más fruto del desconocimiento y de la mirada del adulto que se olvida que una vez fue joven también y se divertía con chorradas que tampoco entendían sus mayores. Es una cita abierta a todo el que quiera acudir para reírse y desinhibirse haciendo gestos y bailes graciosos, sin drogas, sin ridiculizar o agredir a nadie. El aura la consigue el contrincante más gracioso, que lo haga con más buen rollo y confianza en sí mismo, sin miedo al ridículo.
Sabemos que las formas de diversión han cambiado peligrosamente en los últimos años y por eso precisamente escribo sobre el farmeo, porque en esta ocasión es algo que los chicos y las chicas hacen en vivo, no a través de una pantalla. Es algo que hacen muchos de ellos aunque no se conozcan, propiciando la inclusión y la pertenencia a grupo. Algo que les ayuda a divertirse y reírse de ellos mismos y de los demás de forma sana, añadiendo confianza en sí mismos. Que transmite mensajes como que ser guay no consiste en ir con una bolsa de bebida hacia el botellón siendo menor de edad sino todo lo contrario. Transmite que la buena vibración y energía de alguien está en él o en ella, en su simpatía y liberación ante los demás que animan y acompañan al valiente que se atreve a exponerse. Simplemente es un espacio de reunión y expresión sin drogas y sin otras conductas de riesgo que habría que fomentar y valorar en positivo. Y aunque se llamen batallas la violencia no tiene cabida en ellas. Los mayores deberíamos aprender de ellos.




