El traslado del Capitán Moreno produce diversidad de opiniones. Desde la antequerana que dice: «¡a mí me va a dar algo!», al que se escandaliza del gasto, o el malpensado que ve una ocurrencia del Sr. Alcalde para pasar a la pequeña historia. Pero el que ha oído a éste emplear la palabra «prestancia», puede saber por dónde van los tiros. Prestancia –dice la RAE– significa «excelencia o calidad superior entre los de su clase»; y también: «aspecto de distinción». Las dos cosas se consiguen con el traslado: el marco va a quedar más ennoblecido, y el héroe más honrado.
Pero como en tiempos de vacas flacas no se da puntada sin hilo, la prestancia a la que se refiere el Sr. Alcalde, más allá de lo puramente estético (esa Alameda con aire tan distinguido), tendrá presente todo el potencial al que pudiera sacársele partido. Y en ese atractivo por explotar es en el que se piensa cuando se oyen quejas de que los cruceristas desembarcan en Málaga y se van a Ronda. No debemos competir con el halo romántico de ésta, sino buscar sinergias entre El Torcal y El Tajo. Ambas cosas están tan sobradas de «excelencia o calidad superior entre los de su clase» como pudiera estarlo (y a medio camino) el Desfiladero de Los Gaitanes. ¿Qué hace ahí, abandonado, ese chollo turístico excepcional? La gente de hoy no conoce nada más parecido al Caminito del Rey que las imágenes que llegan por internet de no sé qué acantilado chino. ¡Por cuatrocientos mil euros (¿cuántas veces adjudicados?) ya habríamos tenido el nuestro funcionando!
Si Antequera tiene algo realmente excepcional entre los de su clase, es el túmulo de Menga. Y ya que se conocen cada una de sus piedras ¿para cuando una réplica a tamaño real del dolmen como tal, sin su envoltura de tierra? Bajo techado, al pie del Marimacho o en el Palacio de Congresos, ¿no sería tan realmente espectacular como Stonehenge? Si Altamira, «la capilla sixtina del arte paleolítico» tuvo su réplica en una falsa cueva ¿por qué no hacer lo propio con la catedral megalítica de Menga?
¿No quiere el turismo de masas emociones fuertes y fotos para la pantalla de su ordenador? pues dadle el desfiladero y el dolmen. Si Antequera pusiera en valor todos sus encantos, nada raro es que fuera, desde el punto de vista turístico, «un pelotazo».




