lunes 3 agosto 2026
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San Pedro inicia la celebración del octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís

La Parroquia de San Pedro celebra del 2 de agosto al 4 de octubre el VIII Centenario de la muerte de San Francisco de Asís (1182-1226), por lo que se tendrá especial intención en las misas de 12 en el templo de planta catedralicia de Antequera.

Para ello se ha montado un altar con la imagen del santo, procedente del templo de San Francisco, una imagen del siglo XVII, que acompaña a la Virgen del Consuelo en la presidencia del Altar Mayor y al Cristo de las Penas.

Así, este domingo 2 de agosto, festividad de Nuestra Señora de los Ángeles y día en el que se celebra el Perdón de Asís o fiesta de la Porciúncula, se abrió el período jubilar en San Pedro.

En nuestra ciudad hay varios templos con el sello franciscano: Capuchinos, San Francisco, Belén y La Victoria. Tras este arranque, desde el 6 de septiembre y hasta el 4 de octubre, las cofradías franciscanas de los Estudiantes y de los Dolores participarán activamente en las celebraciones dominicales en San Pedro en la misa de 12.

Francisco de Asís fundó la Orden Franciscana, siendo una de las grandes figuras de la espiritualidad en la historia de la cristiandad. Su nombre y legado está muy presente en la ciudad. Hace 100 años, los diferentes templos franciscanos celebraron con solemnidad el séptimo centenario de su muerte.

La celebración de la Porciúncula

El párroco Francisco de Paula Aurioles expuso en la homilía que la fe no es una entidad estática, sino un organismo vivo que se manifiesta y enriquece a través de la historia, los símbolos y la comunidad. Así, arrancó desde la festividad de la Porciúncula como un eje para conectar múltiples conceptos teológicos: el tiempo como gracia, la interconexión de las celebraciones litúrgicas, la riqueza de la diversidad dentro de la Iglesia y el perdón como un don central.

Comparó como si fueran muñecas rusas, donde la fiesta del día se enmarca en el domingo, que a su vez está dentro en un tiempo jubilar parroquial. Este marco demuestra que cada elemento de la fe —desde una advocación mariana hasta una orden religiosa— no es un fragmento aislado, sino parte de una narrativa de salvación unificada y coherente cuyo centro es siempre Jesucristo. La lógica subyacente es que comprender estas conexiones profundas revela la belleza y el consuelo del catolicismo, combatiendo la frialdad y el pesimismo del mundo.

Así, el litúrgico no es un mero cronómetro, sino una dimensión de la Gracia de Dios. El verano, culturalmente visto como tiempo de «vacaciones» (descanso), es reinterpretado a través de su raíz monástica (vacare Deo: vaciarse para Dios). Este concepto de descanso integral (físico, mental, espiritual) es el verdadero propósito del tiempo, un regalo para la renovación.

Sobre el santo franciscano, expuso que las órdenes religiosas y las cofradías aportan una cualidad y una historia específicas que, lejos de restar, suman al conjunto. Por ejemplo, se destaca la ironía de una hermandad de raíces militares que encuentra su hogar en una casa franciscana, demostrando la interconexión.

En ellas, la figura de María, a través de sus diversas advocaciones, funciona como el hilo conductor que unifica la narrativa. Cada título mariano está «preñado de sentido teológico» y apunta directamente a Cristo.

Volviendo a San Francisco, destacó que el santo que allí preside el altar viste el hábito azul. El cambio del hábito marrón al azul por parte de la rama observante franciscana se explica como un símbolo teológico: la salvación (paz y bien) vino a través de María, la «llena de gracia».

La festividad de la Porciúncula sirve por tanto como puerta de entrada para explorar la espiritualidad de San Francisco de Asís, centrada en el perdón y una perspectiva radicalmente positiva. El testimonio de San Francisco destaca por su capacidad para ver lo positivo incluso en la muerte (llamándola «hermana») se presenta como una lección contra el pesimismo. Su vida y movimiento (franciscanos, capuchinos…) demuestran que la unidad en la fe no requiere uniformidad.

Así que la celebración actual de María (2 de agosto) cederá el testigo a la celebración de San Francisco (4 de octubre), creando una continuidad en el camino espiritual de la parroquia durante su tiempo jubilar. Anima a los devotos, fieles y miembros de las cofradías de los Estudiantes y Dolores que participen de las misas hasta el 4 de octubre por su relación franciscana.

Más información edición digital www.elsoldeantequera.com y de papel el sábado.
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