La iglesia de San Francisco acogió el lunes 14 de septiembre la festividad del Cristo Verde, para lo que se montó un altar extraordinario con la imagen de Roque Balduque del siglo XVI ante el retablo mayor del templo franciscano.
Así, el patrón de los Estudiantes lució en nuevo dosel, con bambalina en terciopelo con canutillo de oro, a sus pies, 18 velones verdes y las sacras en plata de ley de la Parroquia de San Pedro. La imagen crística lució corona y clavos de azucenas realizados por el artista José Cantos.
José Antonio Morales acompañó musicalmente con el órgano desde el coro alto, iniciándose con solemnidad la misa con procesión claustral con el cuerpo de ácolitos de la cofradía, que portaban dalmáticas rojas. Se celebraba la Exaltación de la cruz. Entre los asistentes, el alcalde Manuel Barón, el presidente de la Agrupación Juan Manuel Vegas, entre otros representantes de hermandades de Gloria y Pasión que acompañaban a la cofradía presidida por David Artacho.
En la homilía, el sacerdote Francisco de Paula Aurioles, incidió en la celebración de la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz del 14 de septiembre que «no es una conmemoración de muerte o sufrimiento, sino la celebración de la victoria y la vida, representada por el Cristo Verde». Tiene su origen en la consagración de la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén en el año 335, alzándose como el eje central que da sentido a todas las celebraciones del mes.
Aludió a cómo los monasterios benedictinos de Cluny y de Silos en el corazón de Castilla, plasmaron esta fiesta hasta llegar a Antequera de la mano de los franciscanos. «Esta herencia histórica exige que, como católicos, adoptemos una postura de fe robusta y combativa —mística y guerrera como la Castilla que nos fundó— frente a una sociedad contemporánea «light» y de pensamiento débil». La presencia del Cristo Verde en el altar «no es un acto arbitrario, sino una catequesis litúrgica deliberada que afirma que la Cruz es el árbol de la vida, y su color verde simboliza la savia y la vida eterna que emanan de Él». Santa Elena encontró el «leño mayor» en la tradición que relata que su autenticidad se confirmó al sanar a una enferma.
A diferencia del Viernes Santo, centrado en el sacrificio, el 14 de septiembre celebra el triunfo y la exaltación de Cristo: «Cuando sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí». La Cruz es signo de victoria, no de fracaso. El párroco insistió, en sus habituales oratorias magistrales, en que la devoción se trasplanta desde Jerusalén al corazón de Europa a través de los monasterios benedictinos de estos «monjes negros» que establecieron la celebración en el núcleo donde nace España.
San Francisco de Asís, con su «sana y santa picardía» de hijo de comerciantes, desplazó a los benedictinos como principal apóstol de la Cruz. Al obtener la Porciúncula de los monjes, los franciscanos se convierten en los nuevos heraldos de la devoción, dando origen a la «Santa Vera Cruz».
De Castilla a Antequera
La devoción llega a Antequera, «otra Castilla», no de la mano de los monjes benedictinos, sino de los frailes franciscanos («el hábito pardo y el cordón»). Esto conecta directamente la tradición local con su raíz histórica y teológica y la llegada del Infante don Fernando en 1410 que sabía que venía a una tierra castellana.
Esta fe sólida se contrapone directamente hoy a la «sociedad woke», de «pensamiento débil y fluido» y una cultura «light» y «descafeinada». Se critica a los cristianos del siglo XXI cuya fe es superficial y no se corresponde con la firmeza de sus antepasados. Ante ello, el cristiano de hoy debe ser «místico y guerrero», «combativo para defender al único salvador». Esto no implica fanatismo, sino la certeza que se asienta en la fe para «batirse el cobre por él», tal como se promete en el bautismo.
Terminó reflexionando sobre el Cristo Verde que «no es una advocación arbitraria, sino un concepto teológico profundo: es el Cristo de la vida». El color verde representa la savia, la vida que persiste en la rama, simbolizando que la Cruz es un árbol de vida eterna: «Cruz árbol único en nobleza… dulces clavos donde la vida empieza».
Así, la presencia del Cristo Verde en el altar principal el 14 de septiembre es intencionada y correcta, pues es su día de exaltación. No tendría sentido en Adviento o en un miércoles cualquiera. Hoy está aquí «porque es el Señor», y la Virgen de la Vera Cruz está a su lado porque su identidad y misión dependen enteramente de Él. Sin Cristo, Ella no sería nada. La imagen mariana se trasladó para la ocasión a la Capilla del Cristo Verde.






















