Antequera vive un fin de semana intenso que inició Marco Frisina con el increíble concierto en Santa María y cierra el también sacerdote, Francisco de Paula Aurioles, que hizo una exaltación a la Historia de Antequera, mostrada como «ciudad de Dios» en la que Santa Eufemia es cuna de lo que la Iglesia ha dado a la ciudad en el corazón de Andalucía.
Así se vivió el sábado por la noche en el templo patronal con motivo de la Presentación del Cartel, obra del artista cordobés José María Ariza Castillo, quien plasma en una obra la fuerza de la santa patrona con dos leones feroces que testimonian la voluntad de la santa de Calcedonia que entregó su vida por amor a Dios.
El acto contó con la presidencia del alcalde Manuel Barón, la teniente de alcalde de Tradiciones, Elena Melero, así como los hermanos mayores del Señor de la Salud y de las Aguas, la Virgen de la Salud y de la Virgen de los Dolores, además de representantes de la Pollinica, Estudiantes, Rescate, Socorro, María Auxiliadora y Rocío.
La secretaria de la Hermandad de Santa Eufemia, María José Ruiz, condujo el acto y presentó al sacerdote, exponiendo su formación cristiana y académica, siendo el nuevo párroco y consiliario de la cofradía patronal.
El sacerdote tomó la palabra y fusionó en una lección magistral sus conocimientos históricos con sus convicciones religiosas y sus valores personales. Una presentación que presentó un cartel, exponiendo la importancia de Eufemia en la cristiandad y en Antequera.
Así, empezó: «El primer rasgo a definir en Eufemia es el de la santidad, la cual brota de una única fuente: Jesucristo. La santidad no es un mito ni una quimera, ni algo exótico reservado a un grupo de privilegiados; es la llamada, el camino a seguir desde la recepción del Bautismo, y en el caso de Eufemia, se puede decir que en cierto sentido resulta más asequible, pues fue como la mayoría de los bautizados, una fiel laica en medio de las realidades temporales de esta vida».
De este modo recordó lo que suponía ser cristiano en la época de persecuciones en la que Eufemia no dudó en dar su testimonio y aceptar el martirio. Una muerte que fue fundamental para la Iglesia. «Se celebró el año 451 un Concilio de vital importancia, al sancionar y ratificar la plena y total divinidad de Jesucristo, por lo que vemos cómo el martirio, esto es, ser testigo, significa hacer apostolado».
Lo remarcó, pidiendo que no nos quedemos sólo en el 16 de Septiembre de 1410, sino que sepamos en lo que ella fue en vida y tras su muerte en el desarrollo de la Iglesia que hoy tenemos. Centrándose en Antequera, unió a Eufemia la figura del «Infante don Fernando al que hay que hacer referencia de una tradición de santidad que Eufemia engarza con Fernando III de Castilla, el santo y su primo Luis IX de Francia, también en la gloria de los altares».
Fue cuando hizo un recorrido por batallas, hechos y acontecimientos como el de «aquel día de la Virgen, Nuestra Señora del Carmen, el 16 de julio de 1212 en las Navas de Tolosa junto al batallador arzobispo de Toledo, don Rodrigo Ximénez de Rada», lamentando que si Inglaterra o Francia hubieran tenido un suceso parecido, sería tenido en cuenta y no como en España, donde a veces olvidamos nuestros acontecimientos históricos y heroicos.
Y en su oratoria, que fue un pasaje entre el arte de hablar, la lección académica y el mensaje cristiano, subrayó que «decir Eufemia, es decir Antequera, ya que esta joven de escasamente hace que el brote se injerte en el tronco. Decir Eufemia es decir Castilla, decir Eufemia es decir la Cristiandad, es volver a las fuentes y a la matriz de la España cristiana, desde los primeros testimonios de la predicación apostólica, así como de la fecunda santidad de la Iglesia Visigótica con los santos como el presbítero cordobés Eulogio o arzobispos de Sevilla Leandro e Isidoro y el arzobispo primado de Toledo Ildefonso».
Porque «decir Santa Eufemia es hablar de Antequera, hija de la Iglesia: Una, Santa, Católica y Apostólica como certifican parroquias cargadas de la solera de los siglos, las de los amigos íntimos del Hijo de la Virgen Madre; los discípulos San Pedro, Santiago y San Juan, el modelo de mártir de la Iglesia Romana San Sebastián, el Arcángel Defensor San Miguel y el icono más nítido del Dios Cristiano, la Santísima Trinidad».
Un recorrido uniendo los rincones más bellos de Antequera con los de España
Y entre el canto a la Iglesia, a la Historia y a Antequera, el candidato a pregonero de lo que Antequera le encomiende, que lo hará, entrelaza esta sutil comparativa que fue un canto a la ciudad que hoy le acoge: «Decir Eufemia es sinónimo de la ruta jacobea que para desembocar en Compostela, conlleva pisar las comarcas de los viejos reinos castellano y asturleonés contemplando el románico de Zamora o el gótico germánico de Astorga».
Por medio del testimonio, «es decir, del martirio y el consiguiente apostolado de Santa Eufemia, Antequera con su genuina alma andaluza y siendo el corazón de esta tierra que ha visto pasar ante ella tantas razas y culturas, mantiene el sabor de quien la devolvió a su ser original, pues en ella se percibe a la noble Burgos ante la fachada de San Pedro, a la docta Salamanca frente a la antigua colegiata de San Sebastián, a la mística Ávila de los Caballeros en el claustro del antiguo convento franciscano de San Zolio y la sin par portada de su iglesia, que lleva ceñida desde siglos por el cordón del hábito de la Seráfica Orden».
Rincones únicos como «el imponente Carmen de la Antigua Observancia, la fachada del viejo Convento de frailes Mínimos de la Victoria, la monjil plaza de las Carmelitas Descalzas hijas de la santa Madre Teresa de Jesús, y así tantos que podríamos denominar Santos Lugares antequeranos, nos hablan del purísimo espíritu andaluz, castellano y por tanto español, que debemos, tanto aquellos que han nacido en esta nobilísima ciudad de Antequera, concebida al estilo de Ciudad de Dios agustiniana, así como los que nos sentimos adoptados, a Santa Eufemia, que siendo la hija predilecta de Calcedonia y la ilustre adoptiva de Antequera, con su testimonio martirial es el más nítido exponente de la mujer fuerte, la fiel amiga del Amigo Fiel, del Maestro, del Amador, del único Señor, Juez y Salvador, Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre».
Terminó recordando lo vivido en el concierto de Marco Frisina quien destacó la religiosidad y espiritualidad que Antequera ofrece, como muy bien describió el alcalde Manuel Barón: «Antequera, la ciudad de Dios». Terminó, fue muy aplaudido y compartió datos biográficos del autor del cartel, invitando a la albacea Carolina Rico y al propia artista a que descubrieran el cartel.
Se trata de un cartel realizado en técnica mixta con bolígrafo y pastel, donde «no se trata de un cartel convencional de una Hermandad de Gloria, sino de una obra con matices tenebristas y oscuros. Para ello me he basado en el martirio de Santa Eufemia, representando la escena con la crudeza que le es propia, aunque desde una visión idealizada. Al mismo tiempo, he buscado resaltar el lado más humano y triunfante de la Santa, elevando su figura como símbolo de amor a Dios y fortaleza».
Los leones son una pieza clave en la obra, «ya que representan alegóricamente a la humanidad y la realidad en la que vivimos. Son los instrumentos del martirio, cuya agresividad simboliza la crudeza del enfrentamiento y la cual arrebató la vida de la Santa.
En contraste, Santa Eufemia aparece como figura apaciguadora y portadora de templanza, interviniendo en medio de la violencia».
Fueron muy aplaudidos y el acto terminó con la entrega de una medalla y un cuadro a los dos protagonistas. Terminaba un acto que fue un canto a las raíces de Antequera, de las que en el siglo XV brotó lo que hoy somos, relacionándolas con la Historia de España y de la Iglesia. Una fusión plasmadas por dos personajes, uno nacido en Málaga y otro en Córdoba, que se unieron para compartir lo que la ciudad está por vivir como cada año en llegando septiembre con sus Fiestas Patronales, la de la Patrona Ganadora.