Intenso fin de semana flamenco en Santa María. El viernes, el III Festival de Guitarra Paco de Antequera y el sábado, Noche Flamenca de Santa María. Destacaron los toques flamencos y la veteranía de María José Carrasco y Pedro El Granaíno.
Lo que se vivió ante la imponente fachada de Santa María fue una demostración de cómo está el flamenco hoy: la laguna abierta entre la técnica y el duende flamenco. Hoy se aprende en escuelas y en actos, pero se tiene que ahondar en el quejío, en las raíces, en la esencia del flamenco.
Una noche donde las guitarras de Rubén Lara y Antonio Patrocinio fueron de lo mejor y donde el final de María José Carrasco y el colofón de Pedro El Granaío fue lo que más hizo delirar al público. Tocar el corazón en la clave de la vida y del flamenco.
Paco Remache presentó ambas veladas. Dos días con mucho calor, público en las sillas de la plaza y en los escalones de la Plaza de los Escribanos. Dos espectáculos más ágiles que años anteriores y con mayor silencio durante los espectáculos. Entre el público, la teniente de alcalde Elena Melero y la concejal, María Sierras.
La noche flamenca comenzó con el baile de Lucía Benavides, a quien acompañaron Curro Vargas al toque, Juanelo al cante y a la percusión Fali el Eléctrico. Lucía empezó con alegrías y alegrías de Cádiz con bata y mantón, y un taranto. Lucía derrochó horas de ensayo, movimientos perfectos, casi atléticos, muestras de querer llegar lejos. Muchas ganas y movimientos con los brazos, que irán mejorando conforme conecte con la guitarra. Hay muchas ganas en la joven.
Siguió Reyes Carrasco con Rubén Lara al toque; a los coros y a las palmas su madre María José Carrasco, Richard Gutiérrez y Alberto Parraguilla. Arrancó con alegrías, seguidas por malagueñas y abandonados, una bulería dedicada a Pastora Pavón, la Niña de los Peines. Y terminó por bulerías y unos fandangos de pie, bailando y compartiendo escenario con su madre.
Reyes, pese a su juventud, se dispuso más veterana, con mucho esfuerzo y una mezcla estilística que con aires de Lorca buscó conectar con el público. Consiguió arrancar el «pellizco flamenco» cuando dejó la silla y se puso de pie, sin micrófono y cantando y conectando con su madre, que mostró de dónde le vienen los genes. Es el duende flamenco.
Y cerró Pedro El Granaíno, acompañado a la guitarra por Patrocinio hijo; al compás Luis Dorado y Esparraguilla. Se esperaba su cante y ofreció una selección de palos con granaínas, media granaína, una soleá en la que se gustó. Por tangos y con una vidalita cerró la noche que regresaba tras su debut en Antequera en 2018.
Sin alardes, Pedro supo conectar con su porte sereno con una entrega emocional visceral, dando rienda al corazón que define al arte flamenco. Este contraste es lo que hoy vive el flamenco: por muy bien que se cante y se sepa, hay que transmitir y en eso el Granaíno tiene de sobra.
Antes, el viernes 7 de agosto a partir de las 22,30 horas, el III Festival de Guitarra Paco de Antequera contó con Diego del Morao con Fernando de la Morena, como segunda guitarra; Maloco, al cante, y Ané Carrasco, a la percusión.
Terminaba un fin de semana intenso donde entre el público, escuchamos que les hubiera gustado disfrutar del poderío de las voces de Chamizo y Perdiguero o el baile de Pastrana o la Rubia de Antequera. Quizá sería buena iniciativa contar con uno de ellos rotando cada año.





















