martes 27 febrero 2024
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Todos tenemos que apretarnos el cinturón

El presidente Zapatero, sin quererlo, aunque haya tenido el grado de culpa de no haber elegido quien pudiera prevenir o paliar la que nos está cayendo, dicen algunos expertos que «anda dando palos de ciego» en busca de la solución a los crisis: por un lado frena la subida de las pensiones, por otro quiere ampliar la edad de jubilación…

Esos expertos, verían bien el «congelar» las pensiones, si lo hacen los cargos públicos, infinitamente más en España que en Europa, así como a una revisión de lo que cobran ministros, ex ministros, consejeros (los catalanes se llevan la palma, y si no que le pregunten al ínclito aragonés, travestido en catalán Carod), directores, presidentes o consejeros de bancos, a cuyas nóminas había que poner freno, vía impuestos, por ejemplo, si es que no rebajan ellos la indecentes cantidades que perciben. Por otro lado, en aumentar la edad de jubilación, establecen dos diferencias: catedráticos, maestros, médicos y similares, tienen a los 65 años una experiencia que es una barbaridad prescindir de ella; ellos mismos lo han dicho y han pedido que les dejen enseñar o curar, hasta los 70 años… Lógico pues. No es lo mismo en caso de trabajadores «manuales», albañiles, mineros y mecánicos, que han derrochado fuerzas y van careciendo de ellas por ley física.

Pero no nos quedemos ahí, porque hay otro aspecto que el presidente del Gobierno no roza siquiera –a lo mejor por temor a encontrarse con los sindicatos– y es el de la respuesta de todos los trabajadores en general. Por ejemplo: hemos señalado alguna vez el precio de muchas cosas de algunos de esos «supermercados» que proliferan sin parar en la ciudad, llegados desde miles de kilómetros. Los bajos precios, que hacen feroz competencia a los nuestros, son producto de cómo trabajan por allí, rindiendo mucho más que los trabajadores de aquí, fabricando más, muchos más, productos al día, lo que permite abaratar costes y, consecuentemente, vender mucho más barato. Y si entre ellos hay quien se ahorra impuestos y cosas así, no digamos… El caso es que nadie cae en pedir a los trabajadores que rindamos más, mucho más. O en que las empresas, obtengan del gobierno esas ayudas y bonificaciones que, por ejemplo el gobierno francés –que no es el único– ofrece a los lecheros y otros productores para que exporten sus fabricados y producciones, –que les pregunten a gallegos y asturianos– con lo que priman no el «paro», sino el «trabajo», punto clave para que se trabaje más, para que haya menos paro, para que las empresas aminoren la crisis, para que se vendan más productos españoles y más barato, lo que invitaría a las empresas –que, naturalmente, buscan ganar más dinero– a aumentar sus plantillas, acogiéndose a las ayudas que el gobierno ofrece para ello. Convengamos en ello: hasta que ese básico sector no participe, no empezaremos a salir a flote como todos queremos, pero sin aportar nuestra parte…

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