Miguel Ángel Jaime Bracho es sinónimo de atletismo. O al revés. Empezó a los 3 años en la pista de hierba del campo de fútbol de su ciudad y como miles de niños que empiezan cada año la ilusión formaba parte de él. Aprendió casi a correr antes que a andar, así lo relata. Sus entrenadores han marcado el camino que ha seguido y a pesar de una lesión que le impidió entrenar durante dos años, el joven antequerano nunca ha dejado de soñas con llegar a lo más alto en esta disciplina.
La constancia y la dedicación son los mantras que Miguel Ángel Jaime Bracho lleva por bandera desde que empezó su andadura en el atletismo. Es estudiante de primero de Bachillerato en el Instituto Pedro Espinosa de Antequera, su lugar de residencia y aunque le gustaría ser fisioterapeuta de profesión, no duda en admitir que su sueño cumplido sería vivir del atletismo. “Sé que es complicado vivir de este deporte y además no depende solo de uno mismo, sino también de conseguir que una marca sea tu patrocinador y ser embajador de ella”.
Destaca en las modalidades de 60 valla, longitud, triple y este año ha decidido adentrarse en pista descubierta en las modalidades de 400 valla y 110 valla. Con ello, sus actividad competitiva ha sido numerosa y es que a la corta edad de 16 años ha participado en el Campeonato Andaluz de Vallas sub 20 quedando en sexta posición este último año y en ediciones anteriores décimo y séptimo en el Andaluz sub18.
Fruto de su última competición recuerda un momento muy especial: “En la final del campeonato andaluz cuando me puse los tacos me entraron los nervios y me invadió una sensación muy extraña por lo que decidí dejar la mente en blanco y correr sin más, ese momento lo tengo grabado a fuego en mi mente”.
«Manolo mi niño tiene que estar aquí»
Rosa María, madre de Miguel Ángel, tenía una cosa clara desde que nació su hijo: “Empecé en el atletismo porque mi madre dice que de pequeño lo hacía todo corriendo entonces fue a Manolo y le dijo “Manolo mi niño tiene que estar aquí”. Con apenas 3 años y medio Miguel empezó a correr el polideportivo de su ciudad con un entrenador al que le tiene gran aprecio, Manolo Espárraga. “Empecé en la escuela de atletismo de antequera con Manolo y hasta hace 5 años estuve lesionado de la rodilla y me recuperé me enteré que se había creado un Club de atletismo en Antequera de la mano de Lysbanys Pérez, un reconocido saltador, probé con él y hasta hoy”.
A pesar de no tener precedentes en su familia de dedicación a esta disciplina, Miguel, se autodenomina exigente y amante del deporte, no obstante, para él el atletismo es mucho más que un simple deporte: “Este deporte me aporta mucho en mi vida, me evado del día a día, me siento libre, no pienso en nada, solo dejo la mente en blanco y me concentro en conseguir mi mejor marca, cuando corro me centro y me tomo enserio lo que hago”.