martes 20 febrero 2024
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Stranger Things 4

Llega el verano y a una amplía mayoría les asalta los recuerdos de infancia. Mañanas desayunando frente al televisor ante un maravilloso mollete con un Nesquik cargadito (batido, no agitado), paseos en bici cerca de los dólmenes, lecturas desenfadadas a la hora de la siesta, tarde de piscina, películas bajo el manto de estrellas… No todo el mundo ha tenido la misma infancia, pero mi generación ha podido gozar de placeres muy parecidos. Y uno de esos placeres es haber disfrutado de un cine evasivo único, que hizo historia en la cinematografía y una larga escuela. 

A pesar de la amplia oferta de ocio audiovisual, pocos productos satisfacen nuestra alma ochentera. Se erige ante nuestras entusiasmadas pupilas la última temporada de la obra de los hermanos Duffer, “Stranger Things 4”. Desde su primera temporada hasta esta última, han sabido darnos un entusiasmado homenaje a una generación que creíamos no poder vivir más las emociones de antaño, a pesar de decenas de “remakes”. Ellos han sabido insuflar el espíritu necesario a una serie que vive de referencias y guiños cinematográficos a nuestra generación, uno tras otro, con estilo y saber hacer, explotándote la cabeza mientras se te dibuja una sonrisa, como la que se dibujaba cuando conseguías que tus padres te dejasen comer un helado después de almorzar en una tarde de verano. La cuarta temporada ha subido el listón de una forma bárbara, ya no solo en producción, sino en el desarrollo de guión. 

No han caído en el sempiterno pecado argumental de mantener a intérpretes que van creciendo, en las mismas circunstancias que el comienzo. Si “Stranger Things” comenzaba presentándonos a un grupo de chicos con un guiño enorme a los “Goonies” o a “Una pandilla alucinante”, ahora tanto el tono y la atmósfera de la cuarta temporada nos transporta a una especie de homenaje a “Pesadilla en ElmStret”, con la visita en el set de grabación del mismísimo Robert Englund (intérprete del icónico Freddy Krueger), advirtiéndonos de la oscuridad de la temática de la cuarta temporada. 

Un malo de pesadilla, un poder desatado al estilo Skywalker, el fin del mundo en manos de un grupo de chicos y chicas, bosques y lagos misteriosos, agentes secretos, monstruos a la altura de “Alien”, los rusos de por medio, … y Winona Ryder. Una maravilla de entretenimiento que haces que termines cantando: ”Leche, cacao, avellanas y azúcaaar…”.

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