Mi conocimiento de Venezuela y de mis “amigos” venezolanos se remonta a muchos años. Al principio, había algunos españoles –sin la emigración ordenada– que iban a Venezuela a trabajar ya hacer algún dinero de bolsillo; creo que los primeros grandes coches (“haigas”) vinieron de ese dinero de los trabajadores españoles: solían ir allí a trabajar mucho y volver a España con algún dinero. Así salieron algunos trabajadores de nuestra Andalucía, y de esta forma contemplaba yo absorto aquellos “haigas”… oyendo por primera vez que con el petróleo venezolano se podría inundar el mundo. Otros salieron de nuestro país exilados; conocí a algunos que sólo eran francmasones… También fueron a Venezuela. De esta forma conocí a parte de la familia Cortés, de Almería. Mi amigo Antonio, a quien tanto yo admiraba por su inteligencia y bondad vivía, estudiaba y se vestía, con el dinero que enviaba su padre desde Venezuela.
Tenía yo ganas de conocer a un masón de verdad y tuve la oportunidad de hacerlo, ayudando a mi amigo Antonio a que descansaran las cenizas de su padre en nuestro país: el padre de Antonio quería morir en España, y le ayudamos a hacerlo, demostrando que había sido exilado de Almería sólo por ser Francmasón… Caprichos del representante franquista en aquella parte de España.
Ya instalados en nuestra Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada proseguimos mi admirado Antonio y yo nuestros estudios superiores con el fin de obtener nuestros grados de Doctor, él en Quimica-Física, y yo en Bioquímica. Así lo hicimos, no sin oír algún comentario algo quejumbroso de algún profesor: se nos van a Madrid los dos premios extraordinarios de nuestra Licenciatura…
Me introduje en mis estudios universitarios y seguí cerca de Venezuela –ahora con más conocimiento– y a mis amigos venezolanos. Pasaron más años y entré en contacto con la escritora y traductora francés-español-inglés Carol PRUNHUBER. A ella –elegida como traductora por el profesor ADAMS, inglés de la Universidad de Nottingham–. Con Carol aprendí mucho sobre el ibuprofeno, y sobre el KURDISTAN. Un día descubrí a Carol, invitada en la ONU para hablar del movimiento KURDO. No se equivocó la ONU: nadie como ella que había dedicado un tiempo importante de su vida a conocer a fondo este movimiento…
Luego conocí a David A. MALAVÉ, y a su mujer Artemis, y volví a encontrarme con Carol, en Madrid y en Antequera. David exhibió sus propiedades intelectuales en aquella reunión improvisada en el Convento de Clausura de Santa Eufemia. La “sorpresa” había sido bien preparada por nuestro director Antonio J. Guerrero y por nuestro profesor de siempre Juan BENITEZ y sus invitados. El improvisado encuentro sirvió para dar alas a nuestra David A. MALAVÉ quien nos deleitó, una vez más.
Mis encuentros con nuevos venezolanos, todos amantes de la libertad, continuó. Estos encuentros, todos iniciados por David, Artemis y Carol, me llevaron a conocer a muchos de ellos en Antequera y en Madrid. No puedo olvidar los contactos que tuve en ambos sitios con el doctor CÁRDENAS, su mujer, Rosario ANZOLA, escritora, y otros representantes del mundo intelectual venezolano en el exilio. También mantuve otros contactos con venezolanos que trataban de rehacer su vida en Madrid: Jesús, nuestro jardinero en Becerril, sierra de Madrid, su mujer y amigos pueden ser un ejemplo de estos últimos.
En resumen, mantuve relaciones con muchos venezolanos desde niño;primero,”a distancia”, ya que mis conocimientos sobre Venezuela no daban para más. Después llegaron el padre de mi admirado Antonio, Carol y el ibuprofeno. Y ya, en estos momentos, a través de David, Cárdenas y Rosario, se van incorporando a mi vida nuevos intelectuales venezolanos. Mis contactos personales con Jesús en la Sierra de Madrid me esta abriendo a conocer nuevos venezolanos, todos en busca de la libertad perdida en Venezuela, que tratan de rehacer sus vidas en nuestro país.




