La Fundación Prolibertas surgió hace 25 años en Antequera y hoy cobra fuerza en gran parte de las ciudades donde los trinitarios están asentados. Entrevistamos al religioso Antonio Jiménez Fuentes, director de la Fundación Prolibertas y a María Soriano Pena, trabajadora social y delegada de la Fundación Prolibertas en Antequera.
Surgió como necesidad e acompañar a los reclusos, tras su salida de prisión para evitar la reincidencia, dando uso a un amplio convento trinitario sin uso. “Nosotros somos una organización que se complica la vida al implicarse. En lugar de gestionar el declive, se tomó la decisión estratégica de reconvertir el espacio para abordar un problema social tangible. Este modelo de intervención, centrado no solo en proveer necesidades básicas sino en el acompañamiento continuo para lograr una inserción sociolaboral sostenible”, nos explica el también vicario episcopal.
La distinción de Institución Predilecta de Antequera que ahora le concede la ciudad “no es un fin, sino un reconocimiento a la eficacia de este sistema y una validación de la labor social de toda la comunidad, reforzando la responsabilidad que tenemos con las personas que dependen de nosotros”.
Todo empezó cuando en los años 90, los capellanes de prisiones observaron un ciclo de reincidencia. “Los reclusos, al salir sin una red de apoyo familiar o social, volvían a delinquir y regresaban a la cárcel en pocos meses”. Es cuando surgió la necesidad de atenderles. De ahí que se diera uso a un gran convento en Antequera que sólo tenía tres religiosos mayores.
Su futuro era incierto y gracias al surgimiento de Prolibertas y su desarrolo se ha revitalizado el convento de Antequera. “En un capítulo provincial de la orden, se conectaron ambos puntos. Se propuso y aprobó destinar el convento a crear un recurso de acogida y acompañamiento, naciendo así Prolibertas. La lógica fue clara: poner a disposición lo que se tiene para resolver una necesidad evidente”.
Una vez establecida, Prolibertas siguió creciendo y el “enfoque de la Fundación trasciende la mera asistencia, estructurándose en un proceso de acompañamiento continuo”. Así en Antequera tienen dos proyectos: personas privadas de libertad en la fase final de su condena y personas inmigrantes en situación de vulnerabilidad. En Córdoba acogen además a personas sin hogar.
El objetivo “no es solo cubrir necesidades básicas como alojamiento y alimentación, sino ejecutar un plan de inserción. Esto incluye:
intervención social y formación, capacitación y desarrollo de habilidades. Inserción sociolaboral: el objetivo final es un empleo estable. Nosotros no consideramos la inserción completa el primer día de trabajo; el seguimiento continúa para asegurar la sostenibilidad del empleo y la vivienda”.

La labor callada
desde Prolibertas
El proyecto tiene capacidad para 24 plazas de acogida (12 para migrantes y 12 para exreclusos).
Se atiende a unas 320 personas al año de media, incluyendo a quienes no están alojados. La tasa de inserción laboral se sitúa entre el 65% y el 70%. El modelo de Prolibertas depende de una red de apoyo para su subsistencia y crecimiento.
Por un lado de subvenciones públicas (facilitadas por marcar la X de la Iglesia y la de fines sociales en la declaración de la Renta), donaciones de socios y actividades de recaudación.
La fundación está atendida por personal técnico profesionalizado, voluntariado comprometido y un apoyo social. “El éxito final del programa depende de una sociedad receptiva”. La colaboración de empresarios que ofrecen oportunidades de empleo es tan fundamental como las donaciones económicas, ya que abre la puerta a una inserción real y convierte a Antequera en una ciudad verdaderamente acogedora.
Sacamos el tema de Ceuta en el que hay miles de personas esperando una solución y serán organismos, del estilo de Prolibertas, los que tengan que atender cuando se decida qué hacer con ellas. La dirección distingue claramente entre el análisis político y la respuesta humanitaria.
Es un drama humano y Antonio Jiménez nos deja claro que hay que centrarse en la realidad de las personas en situación de extrema vulnerabilidad. “Independientemente de las causas políticas, son seres humanos que necesitan una respuesta digna”. Por contra, se está confundiendo el debate, favoreciendo posturas radicales y generalizaciones peligrosas. “No todos los inmigrantes son delincuentes; existen realidades muy diversas y complejas”.
Volvemos al tema central y terminamos preguntándoles qué supone este reconocimiento: “Indudablemente gusta, pero también es una gran responsabilidad porque al final el trabajo es con personas y eso pesa. Eso pesa porque son personas las que confían en ti, donde te ven como su refugio. Y eso es una gran responsabilidad”. Será dedicada a: “Todas las personas que durante estos 25 años se han acompañado desde Prolibertas, al personal técnico que ha estado trabajando y haciendo posibles acompañamiento y a los voluntarios que han estado ahí fielmente”.





