InicioEditorialNo se puede consentir la bajada de servicio de la red

No se puede consentir la bajada de servicio de la red

Volvió a ocurrir, esta vez fue a media mañana del jueves 24 de septiembre. Antequera se quedó sin conexión a Internet y dejó incomunicada de nuevo a la ciudad y a sus vecinos. No sabemos lo que ocurre, pero llevamos un año nefasto en nuestra ciudad y suponemos que en más localidades próximas. Escribimos estas líneas a la hora de producirse este apagón.

El hecho es que estés en la compañía que estés, se ha bajado en la calidad de la señal y de la comunicación en los últimos meses. Hemos vuelto a esa etapa inicial en la que vivir o estar próximo a un gran edificio como es un templo, te reduce la señal y apenas escuchas a la otra persona. Y nadie nos explica ciertamente qué es lo que ocurre. Es como si hubiéramos bajado de progresión y nos afecta al día a día. Esta vez fue sólo el servicio de telefonía, por suerte no fue el de la luz.

Nos surgen muchas preguntas. ¿Cómo puede haber tantas marcas y caer todas? Porque lo del jueves fue para los de Telefónica, Orange, Yoigo, DIGI, Jazztel… para todos. Antequera se quedó incomunicada a las 10,46 horas. Volvemos a cuestionar el servicio porque luego la excusa es de colocar un cajetín, una línea, abrir el suelo para una compañía propia. ¿Pero si luego todas caen? ¿No son independientes? ¿No tienen antenas y cables propios? ¿Cómo es posible que nos quedáramos desconectados?

Y lo más importante, dependemos tanto de los datos, que paralizó centros sanitarios, bancos y lo que más nos preocupa: esas personas mayores que están solas y tienen un botón de emergencia o esa comunidad que tuvo una emergencia y no pudo comunicarse. Habrá personas mayores que no saben lo que pasa, porque no les llaman o no pueden llamar, aunque al menos tienen la radio y la televisión. ¿Ven la importancia de los medios locales y de lo analógico?

Alguien debe de dar un paso y solucionar esto de una vez, sobre todo para temas de emergencia. Algo así como la pregunta que nos hacemos cuando no tenemos cobertura con el móvil, pero sí tiene acceso el datáfono para cobrarnos. Insistimos, lamentablemente, siempre pagamos lo primeros y luego recibimos un servicio.

Así que desde nuestro desconocimiento, pedimos para los servicios urgentes un sistema como el que disponen los datáfonos, para que haya línea o no, puedan seguir funcionando. Aunque sabemos que no es en todos sitios, pero si unos lo tienen, ¿por qué no todos?

No podemos estar en el año 2026 y permitirnos el lujo que se desconecte nuestro día a día porque haya un fallo, una desconexión, de todo el sistema de comunicaciones. No estamos en una guerra ni ha surgido por suerte una desgracia, pero no pueden repetirse estas incidencias.

Ojalá alguna compañía salga a esclarecer las dudas y llamarte, como lo hacen para cambiarte de empresa, y explicarte el fallo y decirte, por ejemplo: el jueves 24 de septiembre no le vamos a cobrar nada por el mala servicio prestado.

Seguimos en nuestro caminar, buscando en qué dedicar el tiempo sin cobertura porque el trabajo y la vida continúan aunque nos quedemos sin señal. Despropósitos del siglo XXI donde crecemos a pasos agigantados, pero pensamos que no vamos al mismo ritmo. Y el problema es que no sabemos cuál será la próxima desconexión que parará nuestra vidas por unos instantes y nos produzca el caos total. Son cuestiones difíciles de responder.

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