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Arde Europa

Contemplamos desde hace unas jornadas, cómo el viejo continente se rebela contra el poder establecido, como antaño, como tantas veces ha ocurrido a lo largo de los siglos, pero esta vez tiene unos tintes algo diferentes. La violencia que se está viendo en las calles de varias importantes ciudades europeas, no es más que la constatación de que una generación subsidiada confunde el saquear con reclamar, ¿desde cuando exigir algo consiste en robarlo?, y lo que más entristece los episodios, es que están protagonizados por jóvenes, jóvenes que apenas cuentan con la mayoría de edad, y a los que se les ha enseñado que el mundo les debe un piso, un sueldo y una causa, pero poco les han dicho que la libertad se gana con esfuerzo y responsablidad.

Hemos engordado tanto los derechos y hablado tan poco de los deberes, que han terminado, estos últimos, desapareciendo de los carteles a las puertas de los servicios públicos. Nuestros profesores se están tirando a la calle, sí, sí, a la calle también, pero de manera muy diferente, reclamando más apuesta por la educación, por una educación pública y de calidad, porque si lo que se conoce por vivir en sociedad, se quiere llevar a buen puerto, hay que comenzar por educar a sus miembros, si no, no es posible la paz en esa sociedad.

La fractura social que se palpa, no es más que la descomposición progresiva del Estado del bienestar combinada con una crisis sin precedentes en la formación cívica de las nuevas generaciones.

Se ha eclipsado la cultura del esfuerzo, se han erosionado los deberes públicos y se ha producido una desconexión comunitaria por falta de una educación estructurada para la vida en sociedad, y el resultado de todo esto se nos ofrece como un escenario en el que el deterioro de las estructuras de protección estatal no encuentra como réplica una exigencia ciudadana, madura y vertebrada, sino frustración mostrada de forma salvaje, por parte de generaciones a las que no se les dotó de herramientas éticas, disciplinarias y sociales, necesarias para construir, preservar y exigir dentro del marco del ciudadano responsable.

Ojalá queden mentes brillantes que acudan antes de vernos abocados al abismo. ¡Gracias siempre!

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