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Solemnidad y devoción en Belén en la misa por la festividad de la Virgen de los Dolores en Antequera

La iglesia conventual de Belén acogió el martes 15 de septiembre, la festividad de la Virgen de los Dolores, promovida por la Cofradía del Jueves Santo de Antequera.

Para empezar, en la tarde del sábado 12 de septiembre, se le rezó un rosario a la Virgen a las 18 horas en la antigua sacristía de la iglesia conventual de Belén. Impresionantes los momentos vividos con la guía del rezo por parte del párroco Francisco de Paula Aurioles.

Luego, el martes 15 de septiembre, la imagen estuvo en besamanos desde las 9 de la mañana hasta antes de la misa en el templo de las religiosas clarisas. Impresionante cómo Alfonso Muñoz, vestidor de la Virgen de Miguel Márquez, preparó a la Virgen ante el Altar Mayor. Con la saya de la Magna de 2022, con el antiguo manto de Rubio y la corona espectacular procesional. Se le admira el pelo y con unos tejidos dorados que envuelven el bello y singular rostro de la imagen mariana. Devotos se sorprendieron de verla a pie de templo, poder rezarle cara a cara, besar y acariciar sus manos. Es acercar las devociones al pueblo… una de las misiones de las hermandades.

Por último, la Eucaristía fue a las 20,30 horas donde se conmemoró la festividad de la Virgen de los Dolores. Presidió el sacerdote diocesano José Ignacio Postigo que tomó el sitio del párroco Francisco de Paula Aurioles que se indispuso ese día. En la misa se contó con los cánticos de las religiosas clarisas y tomaron posesión los nuevos directivos de la junta presidida por Francisco de Paula González Rodríguez. Al término de la misma, continuó el besamanos a la Virgen.

En la homilía, el nuevo sacerdote encargado de los pueblos de Antequera, enlazó la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz con la Virgen de los Dolores. Así, la cruz es el punto de origen de la esperanza y la salvación, un concepto que la Iglesia refuerza al presentar a la Virgen de los Dolores al día siguiente de la Exaltación de la Santa Cruz. Esta secuencia no es una coincidencia, «es una lección estratégica sobre cómo gestionar el sufrimiento». María no elimina la cruz de Cristo, sino que permanece a su lado, transformando su dolor en un acto de fe, fortaleza y compañía.

Este modelo de resiliencia es directamente aplicable a nuestras propias «cruces» como son las dificultades, pérdidas y dolores que enfrentamos. La devoción verdadera no termina en rituales como las procesiones; comienza cuando aplicamos esta lección y acompañamos activamente a quienes sufren, convirtiendo el dolor, a través de la fe, en un camino de santidad y esperanza, sabiendo que el sufrimiento no tiene la última palabra.

El modelo de María es una estrategia para el sufrimiento con la paradoja de la Cruz: de símbolo de dolor a fuente de esperanza. La cruz, humanamente asociada al dolor, la enfermedad, la soledad y la pérdida, es redefinida por la fe como el epicentro de la salvación. El sermón estableció una conexión directa entre los sufrimientos cotidianos y la cruz de Cristo, proponiendo que en lugar de ser un final, es el comienzo de la esperanza y la vida. La Iglesia invita a celebrar la cruz porque en ella Cristo no fue derrotado, sino que inició nuestra redención.

Ante ello, María está al pie de la cruz como arquetipo de la fidelidad. María no huye a pesar de no entender lo que ocurría y de las preguntas sin respuesta. Permanece junto a su hijo. «No puede quitarle la cruz, pero decide no dejarlo solo. Este acto se posiciona como el modelo de cómo María actúa por nosotros en nuestros momentos de dificultad». De ahí los Dolores Gloriosos: sus lágrimas y su sufrimiento no son de desesperación, sino que están atravesados por la fe, la confianza y la esperanza, convirtiéndose en «dolores gloriosos» que anticipan la Resurrección.

Así que el sacerdote animó a los cofrades presentes a superar una devoción superficial que se limita a actos externos y procesiones. «La verdadera devoción a María se manifiesta fuera del templo, en la vida cotidiana». «No basta con llevar a María sobre los hombros en una procesión», es necesario llevar su mensaje en la vida. Una cofradía o hermandad «no cumple su propósito cuando termina el acto litúrgico». Ser «hijo de María» significa aplicar su ejemplo: acompañar a quien sufre, estar al lado del solo, perdonar, cuidar de la familia y vivir la fe en comunidad. Es la capacidad de mirar al prójimo y decirle «no estás solo».

El joven sacerdote supo llamar la atención de los cofrades y pidió ver lo que hay tras la hermosa imagen de la Virgen de los Dolores. Antes de la Salve a la Virgen, hubo acción de gracias del hermano mayor, quien agradeció a las religiosas, a los devotos y cofrades su devoción a la Virgen, pidió por la pronta recuperación del consiliario y agradeció la presencia del sacerdote vicario parroquial de San Sebastián.

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