La RAE, en su segundo enunciado, el más explícito, nos dice de comodidad: Cosa necesaria para vivir a gusto y con descanso. Personalmente lo de, cosa necesaria me ha dejado muy pensativo. Dado lo cual, yo les invito a que cuestionen, que es, vivir gustosamente y a ser posible relajados, porque, todo ello no lo veo posible sin que, gocemos de salud, en ausencia de dolor, con las mínimas molestias y además muy necesario para ello, durmiendo bien. Y claro, conseguir todo esto no es cómodo, menos aún, cuando las cifras del DNI se van por arriba sin remisión.
Somos lo que pensamos, nuestras decisiones vienen dadas por ello, luego… tenemos aquello que rumiamos y por ende, decidimos aquello que cavilamos, y sin lugar a dudas con nuestras decisiones encauzamos nuestra vida. Que el ser humano no tuvo siempre las capacidades cognitivas, ni el alcance de las mismas es algo, obvio. Hace muchos, muchos años, los clanes de humanos, los seres, las personas o simplemente mamíferos que configuraban estos grupos, vivían de una forma denominada, nómadas. Cazaban y recolectaban en todo el entorno donde residían por pocos días, con prontitud se desplazaban, emigraban, en busca de otras tierras con mas abundancia de caza y donde, poder recolectar mejor para proveerse y buscar alguna cueva como refugio durante el invierno.
Con la llegada de la primavera, la curiosidad por descubrir nuevas tierras con abundante caza, con nuevos campos para recolectar semillas, frutas, raíces… les llevaba de nuevo a desplazarse aunque ello, les resultase incómodo. En la búsqueda de una más y mejor forma de vida, algo mas, llevadera, estos seres fueron pensando e ideando sembrar cultivos, domesticar y encerrar cierto tipo de animales, para obtener sus alimentos sin la necesidad de continuos desplazamientos. Sin duda ello les habría de proporcionar una vida, “más cómoda”.
En el afán por disfrutar de ésta nueva forma de vida, mucho más tarde definida con el adjetivo, cómoda, resolvían los brutales trabajos de caza con, el tener y disponer de animales cautivos y en, sembrando sus propias semillas economizaban tiempo y trabajo en la recolección de las frutas y otros alimentos que les proporcionaba el cultivo de aquellos fértiles suelos, ganando con ello, más tiempo libre para el recreo.
Con todas estas nuevas formas de subsistencia, llegaron las posesiones y aunque la RAE, que aún no existía, claro, no pudo ponerles nombre aún, hasta muchos siglos después, nacieron a la par, aquellos denominados, dueños. Personas, individuos, grupos, que ponían límites a sus territorios, con ello es evidente llegaban también las fronteras que, si bien al principio eran limites naturales como montañas, ríos… siempre algo más difíciles para cruzar, marcando así los territorios de tribus y clanes de individuos, con el tiempo, al no tener que correr riesgos en las peligrosas cacerías y en habiéndose ganado con ello mucho en seguridad y vivir mucho mejor alimentados, con más descanso, todo ello, propiciaría el crecimiento del numero de individuos en cada grupo de asentamiento. Pronto vendrían las necesidades del aumento en la siembra y recolección de granos y alimentos, las carencias en las nuevas poblaciones crecieron rápidamente. Y en esa nueva comodidad, donde el número de núcleos de humanos y asentamientos que tanto habían visto crecer las cifras de sus integrantes, en la misma medida también habían crecido las necesidades de poseer más y mejores territorios. Todo ello les encauzó a nuevos desafíos al desear poseer los territorios de otras tribus de vecinos que sin duda disfrutaban de, más y mejores tierras de cultivo.

Nacieron los trabajos
La diversificación de las nuevas tareas, hasta entonces innecesarias y desconocidas, pues el humano hasta ese momento, se limitaba a la caza y la recolección, llegaron pronto. Labradores, ganaderos, individuos con capacidad para seleccionar las mejores semillas para sembrar, elegir las mejores tierras, las mejores piezas de ganado para encerrar y domesticar, dominar la forma de abastecer de agua a todo el asentamiento de personas, todo requería una diversificación de tareas en pos de conseguir recursos para el cada vez más numeroso grupo de integrantes, carne, leche, huevos, pieles para no pasar frío en los duros inviernos, ahora ya el refugiarse en cuevas para un grupo tan numeroso se hacía cada vez más difícil. Hubo que dar paso a los constructores de chozas y refugios externos donde pasar los duros inviernos. Todas éstas nuevas formas de trabajo, que duda, estaban poniendo en peligro la tan deseada y añorada, comodidad.
Curiosamente uno de los últimos reductos de humanos que siguen siendo, cazadores recolectores, es el llamado Pueblo San (Los bosquimanos del Kalahari) y aquí no les hablaré del nivel de comodidad, sino, del estado de felicidad de sus componentes, que siempre fue altísimo, al no tener nada que disputarse, pues no disponen de nada que no pudiera tener cualquiera de ellos, esta felicidad, hoy en día, se está viendo severamente amenazada por la perdida de sus tierras, de su mundo de caza y subsistencia, y por la sedentarización forzada a la que los están sometiendo.
Porque la verdadera libertad nace, de la no necesidad de poseer nada. De nuestra capacidad para mantenernos sin necesitar mas que aquello que nos sirva para sustentarnos, para la subsistencia, para vivir con salud, sin falsas e insidiosas comodidades. Tenemos que vivir con algunas incomodidades para poder apreciar y valorar la verdadera comodidad. Si solo buscamos vivir cómodamente, la comodidad se vuelve incómoda.





