lunes 24 junio 2024
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Munilla (II)

Llega a su diócesis de San Sebastián con el clero en contra, y con un líder del PNV que declara estar a la espera de conocer «cuál va a ser su política». Así, literalmente.

Cristo llega a su pueblo (Nazaret), y lo quieren tirar por un barranco cuando les expone su «política». Pero no es el declararse Mesías lo que les puso tan furiosos. Por otra parte, que fuera de allí (el hijo del carpintero) lo vieron como un chollo, pues cabía esperar que se volcara con sus paisanos; y es precisamente esta estrechez de miras lo que no pudo soportar Jesús. Así que responde a este chovinismo idiota con el ejemplo de profetas del pasado (Eliseo y Elías) que socorrieron a sirios y libaneses, antes que a los suyos. Si les dijo: «Ningún profeta es bien recibido en su tierra» no es sólo una queja, sino la manifestación de que el tirón egoísta de las raíces, y el deseo de instrumentalizar al profeta impiden aceptar su mensaje de liberación, que un minuto antes les había estado proclamando. En fin, que puestos a elegir entre el profeta y su tierra, se quedan con ésta y se disponen a despeñar a aquél; «pero él, pasando por medio de ellos, siguió su camino» (Lucas 4, 30)… dentro del avispero judío. Precioso eso de: «su camino».

Munilla tiene que lidiar en el avispero vasco, y aunque aquí no llegará la sangre al río (al menos, la suya), cuando piense por qué camino tirar no dejará de plantearse cómo hacer llegar a ovejas descarriadas el mensaje profético más incondicionado, universal y antiguo: «No matarás».

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