viernes 19 julio 2024
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Fallece Agustín Puche Pérez, pilar de la historia de los Dolores en Antequera

El pasado 4 de junio fallecía a los 95 años, don Agustín Puche Pérez, viudo que fue de doña Pilar Muñoz Muñoz. Hermano mayor honorario de la Cofradía de los Dolores de Antequera, fue eje fundamental en la reorganización de los desfiles de los Dolores en el último cuarto del siglo XX, de la que fue hermano mayor entre 1973 y 1995.

Pasó sus últimos años de vida en la Residencia de San Juan de Dios de Antequera, donde compartió retiro con otro gran personaje cofrade como fue don Federico Esteban. Ambos, formaron parte de los años dorados de las cofradías en Antequera, que llevó a la reorganización de las cofradías y a la disposición actual de días procesionales.

Agustín Puche Pérez nació el 27 de noviembre de 1928 en Archidona, hijo de Baldomero Puche Aragüés y Dolores Pérez Ruiz. En 1947 aprobó oposiciones en el Banco Hispano Americano, donde estuvo 41 años, hasta 1988 en Antequera. Nada más llegar a Antequera conoció a Pilar Muñoz Muñoz, la que luego fue su esposa. Tuvieron dos hijos: Agustín y Baldomero.

Curiosidades de la vida cofrade, empezó como cofrade del Consuelo, pero su mujer le hizo cofrade de los Dolores desde 1950. En 1971 comenzó a ser directivo como tesorero y siendo hermano mayor la mayoría de los años. Ya sin cargo, a él no se le olvidó acudir diariamente a Belén, mientras que sus piernas se lo permitieron. Allí rezaba a la Virgen, pero no olvidaba al Santísimo, cómo no. Lo primero es lo primero.

Tras sus años al frente, fue primer teniente hermano mayor desde 1995 a 1999 con Leonardo Manzano Recio, quien en 1997 le nombró Hermano Mayor Honorario. Se le reconocía lo que fue en vida. Fue pregonero de la Semana Santa en 1997 y miembro de la Agrupación de Cofradías. La iglesia de la Residencia de San Juan de Dios fue el lugar de la despedida íntima de un caballero del mundo cofrade local. Un buen hombre que sintió lo que era desvivirse por su cofradía y por su Virgen.

Así habrá entrado al Cielo de Belén
Como cada mañana, Belén abría sus puertas para acoger a toda persona que entra en su templo. Allí lo hacía un hombre que de un día para otro, dejó de ver a su mujer y decidió ir al templo que les unía y preguntar a la Virgen de los Dolores si ella había pasado por allí.
No sabía qué día era, él imaginaba que era santo jueves un día sí y otro también. Pasaban los años y se iban quedando atrás sus recuerdos, sus compañeros, su vida, pero siempre tenía una mirada, un gesto hacia su Virgen y una pregunta.

Y llegó el día final cuando subió a San Pedro en su particular “encuentro” en Santiago y fue la propia Virgen de los Dolores la que le recibió en sus puertas. Allí aguardaban sus amigos, sus compañeros cofrades, su esposa. Y lo primero que fue es recordar lo que “el Jueves Santo, que es el día más grande en mi vida, aunque este año creo que ya no podré ir, ya no estoy para estar de pie… Nací para trabajar en mi cofradía y aquí sigo”. Allí le recibieron como si fuera Belén, con el guión de la cofradía de la historia de tantas generaciones a los pies de su Virgen de los Dolores. ¡Gracias por el ejemplo!

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