¡Pocos lo hubieran imaginado! Diciembre de 2018 y enero de 2019 entrarán en la historia de la política por la puerta grande. La salida del PSOE de Andalucía y la llegada del binomio PP-Ciudadanos al Palacio de San Telmo marcan un antes y un después. Muchos serán los que aún no den crédito a la salida de Susana del sillón de la Junta, pero, ¡ya era hora! Y, como todo, no ha venido sola.
En poco más de un mes, la izquierda radical o flexible, unida o desunida, extrema o delgada… ¡llámenla como quieran!, ha mostrado su mejor cara (no tiene otra): la del bando político que no ha aceptado la derrota en Andalucía a pesar de haberse perpetuado en el poder más tiempo que la dictadura del generalísimo. La izquierda se está mostrando como es: realizando escraches, movilizando a las masas, enturbiando los medios, y no asumiendo que mucho ha sido el tiempo que han aguantado a pesar de tanta corruptela. Apoyada en lo que dicen que ha dicho VOX le están haciendo la campaña para que, de cara a las siguientes elecciones, el hundimiento sea mayor de lo esperado.
La izquierda está como buena parte de la sociedad: bajo mínimos, presumiendo de ello y con un séquito de palmeros que lo aplauden. No estamos equivocados. En poco más de un mes, Llamazares ha salido de IU por la presión de un Garzón sin altura política; Susana Díaz ha puesto la puntilla a un PSOE que –tiempo al tiempo- tiene como presidente al mayor ejemplo de ineptitud pero con más afán de protagonismo: Pedro Sánchez; y, en Podemos, la alianza de Errejón con la señora Carmena ha sido un puyazo que Pablo Iglesias nunca podría haber imaginado pero que le han estampado en sus narices.
Y, todo ello, sin nombrar a primeros espadas, al menos de la gestión política, como Rubalcaba o Múgica que deben haber sentido vergüenza y han rechazado los ofrecimientos recibidos. El seísmo político es pues, no una sospecha sino toda una realidad. Una realidad que pone fin al gobierno en Andalucía de un PSOE que ha creado un clientelismo y unos lazos de poder que ha echado raíces en el terreno andaluz, al que tanto han criticado en manos de señoritos, pero que les ha servido para, con las ayudas del PER, perpetuarse en el poder.
Dicen que van a ser el mayor dique de contención, pero acabarán siendo el mayor baño de lágrimas, abrazados unos a otros, sin creerse que el cuento de no dar un palo al agua y vivir de la política era algo vitalicio.




