Hay momentos que no te dejan dormir y cuando despiertas del sueño, te planteas: ¡esto no lo voy a olvidar! Es lo que se sintió en la tarde del viernes 22 de mayo en el patio de la Real Academia de Nobles Artes de Antequera donde Antonio Reyes, con su hijo Nono, coronaron y compartieron un espectáculo del Flamenco a los más de 200 espectadores que dejaron sin sitio el aún desconocido espacio cultural en el centro de la ciudad.
A las 20,30 horas comenzaba la III Primavera Flamenca con el cantaor Antonio Reyes y su hijo Nono Reyes a la guitarra en el patio de la Real Academia de Antequera, entrada por cuesta Barbacanas. Desde minutos antes, se notaba un peregrinar hacia la zona de Las Descalzas. Se agotaron las más de cien sillas dispuestas y se creó una tribuna al fondo que llegaba hasta la calle. Algo grande iba a pasar. Como nos deleitó: «Que yo lo había puesto por tu querer, por tu querer, a un Santo Cristo…». «¡Qué desgracia! ¡Qué desgracia!».
Antonio Reyes Montoya, cantaor flamenco ganador del Giraldillo al cante de la XVIII Bienal de Flamenco, en 2014, venía con el cartel de figura, de las voces más destacadas del panorama actual y lo demostró. El vecino de Chiclana de la Frontera, nieto de Antonio Montoya, sobrino de Roque Montoya «Jarrito» y con parentezco con José Cortés Jiménez, «Pansequito». Arte en vena sin dudar.
Sabe lo que es llevar esta pasión por Estados Unidos y Europa, ha dado conciertos, espectáculos y grabado discos. Entre sus vitrinas: Premio Gitano Andaluz a la Promoción del Arte y Cultura Gitana, nominado a los Grammy Latinos 2020 por «Que suene el Cante»,
a los Grammy Latino 2016 por su disco “Directo en el Círculo Flamenco de Madrid”. Premio Flamenco de Hoy Mejor Disco de Cante 2015 por “Directo en el Círculo Flamenco de Madrid”. O el Premio RTVA Flamenco Radio. Creemos que no hace falta más que decir.

El espectáculo en Antequera
Actividad de postín, de lujo, de capital, la que el Ayuntamiento de Antequera brindó a la ciudad. El entorno como un corralón, paredes encaladas y claveles boca abajo dando esencia al lugar. Las figuras de académicos que les faltó moverse al deleitarse con el arte de los Reyes. Antonio con su hijo Nono a la guitarra derrochó una hora del Flamenco del bueno.
Antonio es sabiduría, tradición familiar, arte andaluz. Sus sentimientos se palpan en el ambiente que conmovió. Tras una sincera presentación, empezó con soleá, con el delirio del público que se animó a pedirle diferentes palos. El silencio se hizo con sus tientos tangos, las seguiriyas enmudecieron en la calurosa tarde.
Las sillas pusieron el compás al llegar las bulerías y para terminar, como si fuera un torero, se gustó y ofreció fandangos en varios estilos, terminando sin micrófono para hacer rugir las paredes andaluzas de la casa señorial. Fue un derroche de arte, de descubrir un lugar que está llamado a ser el eje de la cultura en la época estival.
Antonio Reyes no tuvo que forzar su talento porque mana de su interior. Lo tiene todo: gestos, sentimientos, humildad, conexión con la espléndida guitarra de su hijo, con arte puro que marca en rojo lo vivido en la tarde del viernes 22 de mayo. Sin duda, una actuación de nivel, de las que destacan y recuerdan. ¡Hasta la próxima!
Un festival que dio sentido a lo que los Vicente de Saura y Saravía, Agustín Guajardo Fajardo y Contreras, José Joaquín de Santamaría, Joaquín Bernad y Vargas, Manuel Doñamayor, conde de Albercón, Trinidad de Rojas y Rojas y más recientemente José Antonio Muñoz Rojas, Antonio Parejo Barranco, Bartolomé Ruiz González y José Escalante Jiménez concibieron que Antequera tenía que tener: un foro dedicado a la Cultura.





















