A veces, puedes leer o escuchar las diversas críticas de películas o series de ficción en los medios de información y dejarte llevar. Hace años estas críticas eran tenidas en cuenta por la amplia mayoría de los espectadores, ya fuese para animarse a ver alguna obra o para tener una opinión con la que poder contrastar la suya propia tras el visionado. Hoy en día, la amplia mayoría de las críticas responden a intereses empresariales o personales de los llamados críticos de cine.
La poca lectura de revistas especializadas y el auge de las opiniones vertidas en las redes sociales, han vuelto este asunto algo loco y fuera de control. La mejor crítica sigue siendo la del propio espectador, el conocido como “el boca a boca”. Es infalible. Ya que el sujeto a quien atiendes sueles conocerlo o el que te habla al contártelo, simplemente sabe de tus gustos y te anima a que no te pierdas la experiencia.
Luego te podrá gustar más o menos, pero la decepción si la hubiese es de menor calado. Hace poco tuve la suerte de vivir esa experiencia. Una experiencia regalada por mi amigo Juanma, hermano coralista de Antequera que en un momento de pausa en nuestro ensayo semanal, se acercó diciéndome… – ¿Has visto “Tenor”?
Apuntado quedó, y en una de esas tardes decidí ver aquel soplo de complicidad de amigo y zambullirme en una película de la que ni siquiera había visto un tráiler. A la antigua usanza. Y últimamente suelo hacerlo. Estoy bastante alejado de las redes sociales o al menos de la interacción en ellas, y disfruto de placeres a veces olvidados, como por ejemplo este. Ver una película que un amigo me aconseja. “Tenor” es una película francesa, lo cual da ya cierta garantía en el tratamiento argumental. Su director, Claude Zidi Jr. nos hace una puesta visual clásica. Sabe como contar una historia que en manos de otros, quizás se hubiese perdido su esencia. Une con bastante tino momentos muy emocionales con otros en los que descargas esa emotividad en algún giro cómico de las subtramas de la película. El tema principal sobre el que gira la película es el bel canto, pero enfocado desde el prisma del descubrimiento para remontar hacia la transcendencia de su protagonista, como el que hace su protagonista Antoine, interpretado por el cantante y actor MB14.
Un joven estudiante de París, cuya afición es el rap y que por accidente descubre otra forma de expresión musical, la ópera. El rap y la ópera son estilos musicales muy distantes, pero a la vez muy unidos en el arte musical de la expresión humana. El primero surge como deseo de denuncia social, el segundo como deseo de expresar las emociones humanas más diversas. Tanto un estilo como otro emplean como principal instrumento la voz, y como soporte cognitivo el deseo de expresar de forma desesperada motivos trascendentales o profundos de la alma humana. La música no debe de ser clasista, así nos lo enseña la película.
El amor a la ópera puede surgir en cualquier extracto social, de igual forma con el rap. Existe en la película un bonito paralelismo de secuencias, entre el joven estudiante escuchando en sus auriculares una obra de ópera, observando desde su terraza el perfil de la ciudad; y su maestra de canto, dejándose llevar por una audición de rap en un lujoso piso en el centro de la ciudad. Los diferentes géneros unen a dos personas muy distantes en problemáticas, en edades, pero unidos por mismo hilo emocional ofrecido por el arte musical. “Tenor” no se olvida del público en general y nos presenta la historia al estilo de clásicos ochenteros como por ejemplo “Karate Kid”.
El alumno, su mundo, su inconformismo, sus problemas… y el guía que le ayuda a navegar y encontrar un horizonte, en este caso la profesora de canto, la señora Loiseau (Michèle Laroque). “Tenor” no es una película vacía, es una historia de superación. Va “in crescendo” hasta un final donde la emoción hace humedecer los ojos del espectador de la mano de una obra musical eterna que nos recuerda que en esta vida “nadie debe dormir”, y que el amor, siempre vence al odio.




