Estamos viviendo el final del Mundial donde la gran mayoría del país está con su Selección: España. Y lo hacen todos, sean de los equipos que sean en el día a día. Del Antequera, del Málaga, del Valencia, del Madrid, del Barcelona, del Bilbao… Habrá a quien le cueste, pero todos están con la Selección.
Nos preguntamos: ¿por qué no impera este espíritu en el resto de facetas de nuestra vida? ¿Se imaginan esa competitividad desde que nos despertamos? Búsqueda de la mejor educación para nuestros hijos. Desarrollo de nuestras mejores funciones trabajando, siendo todos un equipo. Fuera de lo laboral, encontrar en el comercio local la solución de nuestras necesidades. Pensar en la ayuda al vecino como el futuro de la zona. La amabilidad como forma de entender la vida. En el ocio, la cultura como eje, los espacios comunes como lugares de convivencia. Los distintos colores, como complementos, no como enfrentamientos.
En el plano político, ¿acaso unas siglas puedes buscar algo que no sea derechos sociales, fines sanitarios, educativos y culturales en una sociedad donde el trabajo y una vivienda sean las bases de nuestra vida? No entendemos esa crispación, polarización continua, cuando deben todos de buscar lo mismo: el bien común.
Es por lo que esta pasión por España, se debe de emplear cada día en conseguir lo que nos une: convivencia, respeto, educación, sanidad, cultura, colaboración ciudadana. No entendemos por qué no se encuentra en todos estos apartados.
Si en este Mundial, el Barcelona o el Atlético de Madrid son los que más jugadores aportan, ya hubo otras épocas y vendrán otros campeonatos, donde sean de otros equipos. Al final todos buscan lo mismo: el triunfo de la Selección. Y pase lo que pase, nos llevamos un Mundial donde el equipo ha priorizado a una estrella. Donde un día pudo ser un centrocampista, o en otro, un jugador que salió del banquillo.
Unos partidos donde las oportunidades surgen y hay que aprovecharlas. Como nuestro día a día. No entendemos por qué luego nos cuesta unirnos por otras pasiones. Ojalá este Mundial sirva para que entre todos reclamemos mejores espacios públicos, buenos servicios concertados, respuesta masiva a los clubes deportivos locales o las obras de teatro o música.
Debe ser maravilloso ganar un Mundial, pero más lo es poder vivirlo desde cero, aportar nuestro partido, nuestro pase, nuestra camiseta para que entre todos consigamos lo que buscamos. Entre tantos mensajes que recibimos en esta semana, nos quedamos con uno que decía: “La primera estrella es un sueño; la segunda… se borda”. Así que ojalá, estemos siempre con el vecino, el que piensa o ve las cosas de otra manera, porque entre todos, conseguimos una sociedad mejor.
Ojalá lleváramos el espíritu del Mundial al de nuestra vida, siendo todos un equipo, hayamos nacido donde fuera, perteneciendo al club que corresponda, pero siendo conscientes de representar a un país, a una sociedad, que quiere disfrutar de buenos resultados.
Que nuestros jóvenes, que quizá no recuerden lo que pasó en el año 2010, puedan vivir esa experiencia ahora o en el futuro. Que todos sean parte de este éxito que es el de ser ejemplo, te lleves o no al final el trofeo, lo importante es vivir y sentirte parte de una familia. ¡Ése es el mayor premio que puedes conseguir!




